Paciencia, sudor y una semana más de perseverancia

Al “lobo” jujeño  se le escapó la presa más codiciada y no pudo obtener lo merecido por un grupo humano que gestó una campaña que lo llevó del abismo, a casi tocar el cielo con las manos.

Gimnasia no puede confundir jugar un partido como este que era una gran final, al ritmo que le impuso su gente. No hubo miedo escénico - aclaramos - sólo que el marco espectacular del público fue tan imponente que tardó en situarlo y lo obligó a recalcular en su GPS.

Las imprecisiones de aquel inicio lo llevaron a errar los caminos rumbo al arco de Chicago, equipo que también tenía obligaciones ofensivas, pero que sin embargo dejó que Gimnasia hiciera el gasto, mientras pergeñaba acertar en alguna réplica una estocada.

Fue así que el conjunto de Mataderos hasta tuvo el acierto de un remate fortuito a cargo de Barbona , envío que pegó en el aclamado "Pipo" Desvaux , haciendo estéril el vuelo del arquero Ojeda que, para el colmo, luego saldría lesionado.

Con el marcador desfavorable Gimnasia fue  en busca de Chicago tratando de hacer más prolija su ímproba tarea. Es que el “lobo” debía cohesionarse mejor y tranquilizar su funcionamiento colectivo.

Así se fueron los primeros cuarenta y cinco minutos con mucha voluntad por parte del local, pero sin lograr su obligatorio empate para tranquilizar a un estadio que estaba a rabiar.

En el complemento iba a cambiar la suerte de Gimnasia  llegó la gran jugada de Ereros, quien tocó con Diego López y éste metió un centro que empalmó de volea el delantero Haberkorn, para establecer la igualdad.

Con el gol, Gimnasia pareció calmarse generando situaciones, apurando a Chicago que estaba en aprietos. La jugada más clara fue una media vuelta nuevamente de Haberkorn, que el guardameta Sánchez manoteó magistralmente.

Gimnasia y Esgrima terminó atacando como quería su gente que, pese a algunas cabezas gachas de los futbolistas al finalizar el partido, no privó del estentóreo aplauso al "Coliseo 23 de Agosto".

Los hinchas reconocieron la entrega y no pierden la esperanza de que en Mar del  Plata, "la ciudad feliz", pueda el “lobo” pueda conseguir la "Perla del Atlántico" que le falta para lograr la felicidad completa.

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