Política

Otra falacia del gobierno: la actividad minera puede crecer, pero no genera empleo

El gobierno, en un intento de tapar sus gravísimas falencias para generar empleo en el sector privado, producto de su incapacidad de gestión combinada con factores igualmente graves como la falta de seguridad jurídica en la provincia, resultado de su locura hegemónica, utiliza a la industria minera como el sector que en 2026 aumentará la demanda de empleo. Sin dudas, otra nueva falacia transformada en política de Estado.

Estas verdades quedan sepultadas bajo grandes titulares económicos que exaltan la cuestión del empleo en la minería. Muchas veces escuchamos que este sector es el motor de nuestras economías y, aunque es cierto que genera una montaña de dinero en exportaciones y aporta significativamente al producto interno bruto, la realidad en las calles es muy distinta cuando hablamos de trabajo.

Si analizamos los datos fríos, la minería se destaca precisamente por no ser una gran generadora de puestos laborales en comparación con otros sectores industriales. Esto sucede porque estamos ante una industria intensiva en capital; es decir, las empresas prefieren invertir miles de millones de dólares en tecnología y maquinaria pesada antes que en contratar a miles de personas. En términos de productividad, un solo operador de una excavadora gigante genera un valor económico enorme, pero sigue siendo un solo trabajador.

Para tener una idea clara de la magnitud de esta brecha, basta con observar estos números: en países con una tradición minera profunda como Chile o Perú, el sector puede representar tranquilamente entre el 10 % y el 15 % del PBI, pero cuando se analiza cuánta gente trabaja allí, la cifra cae drásticamente y se ubica apenas entre el 1 % y el 3 % del empleo total.

El contraste es impactante frente a sectores como el comercio o los servicios, que, aunque no mueven esos volúmenes de capital, terminan empleando a casi el 70 % de la población.

Incluso si tomamos el caso de Argentina, la minería es fundamental para el ingreso de divisas, pero su impacto en el empleo asalariado privado es inferior al 1 %. Es cierto que las empresas suelen hablar del empleo indirecto, proveedores y servicios que giran alrededor de la actividad, y, aunque efectivamente se crean puestos adicionales, aun sumándolos la minería sigue estando muy por detrás de la construcción o la industria manufacturera como respuesta al desempleo masivo. Estamos ante un gigante con pies de barro en lo social: una industria muy eficiente para las finanzas, pero con una capacidad de absorción laboral llamativamente baja.

Si bien la minería emplea a muy poca gente, a esos pocos les paga excepcionalmente bien. Mientras un obrero de la industria manufacturera o un empleado de comercio pelea por alcanzar la canasta básica, el salario promedio en la minería puede llegar a triplicar o incluso cuadruplicar el sueldo medio de la economía nacional, debido a la alta especialización y a los riesgos que implica el trabajo en los yacimientos. Esto genera una “burbuja salarial” en las zonas mineras que, aunque suena positiva, a menudo termina encareciendo el costo de vida local para quienes no pertenecen a esa élite laboral.

En definitiva, estamos ante un sector que no apuesta a la cantidad, sino a una calidad salarial muy selectiva, lo que refuerza su perfil de industria cerrada que, a pesar de sus ceros en las cuentas bancarias, sigue sin ser la respuesta para el grueso de la clase trabajadora que busca insertarse en el mercado laboral.

Los jujeños deben entender que la minería funciona como una isla de alta productividad que no logra conectar del todo con las necesidades de empleo de la mayoría. Mientras otros sectores industriales integran a miles de familias, aquí la apuesta es por la automatización y la tecnología de punta. Esta desconexión explica por qué, a pesar de los anuncios de inversiones multimillonarias, el impacto en la fila de quienes buscan trabajo es casi imperceptible, dejando en claro que el desarrollo de una provincia no puede depender de una sola actividad que genera mucha riqueza, pero muy pocos puestos de trabajo.

Si queremos una economía que incluya a todos, se necesita un gobierno capaz de ampliar la oferta de empleo atrayendo al sector privado. Para ello, es indispensable generar dos condiciones básicas: funcionarios capaces de gestionar oportunidades no para ellos, sino para Jujuy, y el restablecimiento pleno de la seguridad jurídica en la provincia.