Jujuy | Opinión

Distinto lugar, mismo descontrol

El episodio ocurrido ayer fuera de la Legislatura fue un reflejo de lo ocurrido en distintos puntos del país cada vez que un reclamo se hace oír.

Vallas, empellones, piedras y balas de goma. Afuera el caos, a dentro la armonía. La ecuación para el desastre se manifestó durante la tarde jujeña simultáneamente con el discurso del gobernador Morales. Salvando las distancias y los números de la gente, una vez más quedó demostrado que la grieta está más latente que nunca sobre el territorio argentino y lejos estamos de alcanzar la paz social que tanto pregona el oficialismo.

Numerosos manifestantes y tres efectivos policiales fueron las víctimas registradas durante los incidentes, la atención médica terminará por curarlos pero el daño ineludible de reflexión y que no cicatrizará, al menos en el corto plazo, es mucho más profundo y merecedor de una intensa autocrítica.

Probablemente por las insalvables diferencias con los gremios o la incapacidad a la hora de comunicar-dialogar-conciliar, es evidente que Cambiemos ha fallado cada vez que una situación de tensión social se presenta.

El dato que evidencia este problema viene desde la Organización Internacional del Trabajo que posicionó a nuestro país en el segundo puesto de los países con más protestas del mundo, superado únicamente por Alemania. Vale destacar que en comparación con otros países de la región, Argentina posee una exagerada cantidad de gremios (más de 3000) y una sindicalización entorno al 37%

La doctora en ciencias políticas Catalina Smulovitz en conversación con el portal digital Infobae afirmó hace un mes "El estado argentino no ha sabido regular ni crear los instrumentos adecuados para el ejercicio del control de la protesta propio de su condición de democrático. Fluctúa entre posiciones muy tenues, para evitar males mayores y por el contrario, otras en las que interviene con una represión extrema, sin ningún tipo de control sobre las fuerzas policiales violando todo tipo de procedimientos y protocolos".

Si bien el libertinaje y la falta de criterio a la hora de contener una protesta ha sido una deuda pendiente desde la vuelta a la democracia. Los ejemplos recientes no hacen más que reforzar la teoría de que tanto gobiernos provinciales como nación no tienen la capacidad resolutiva para devolver la calma al ciudadano.

Hoy nos enteramos de la muerte por infarto de un agente de 47 años que trataba de evitar el ingreso de manifestantes a la Casa de Gobierno de Chubut. Santa Cruz se convirtió en una constante del descontrol desde la asunción de Alicia Kirchner como gobernadora, con incendios en edificios públicos y altos niveles de violencia policial ante cada conflicto.

En el NOA fue Tucumán la provincia que protagonizó grandes desmanes al termino de 2015 cuando las acusaciones cruzadas de fraude electoral, terminaron por estallar en un cacerolazo y posterior represión entre gases y balazos de goma.

2017 cerró con las vergonzosas imágenes de un Congreso Nacional rodeado y dominado por la violencia, con verdaderos diluvios de piedras, numerosos heridos y abusos de la fuerza sin tapujos que fueron vistos por el mundo entero.

La situación vivida ayer merece autocrítica y reflexión, "la paz" constantemente utilizada como slogan se vio violentada por propios y ajenos. La justicia será la encargada de determinar culpas particulares, pero son los funcionarios los que deberán ratificar todo lo bello del discurso a través de políticas que definitivamente acerquen posiciones entre las partes.