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¿Cambio de relato?

El nombramiento de Kicillof no entraña novedad alguna, ya que cambió su rango de vice a ministro, pero sigue cumpliendo las funciones que detenta desde que asumió en Economía.


La derrota electoral del gobierno de octubre pasado, ha provocado un escenario económico y político aparentemente diferente: las designaciones en el gabinete sugieren esos cambios. Sin embargo, el nombramiento de Kicillof no entraña novedad alguna, ya que cambió su rango de vice a ministro, pero sigue cumpliendo las funciones que detenta desde que asumió en Economía.

El presidente del BCRA no ha hecho manifestaciones ni tomado decisiones en materia monetaria ni cambiaria. Desde la asunción del nuevo equipo económico la caída de reservas alcanzó a 2.000 millones de dólares en dos semanas.

Los hechos de Córdoba y la reacción del recientemente designado Capitanich, que tantas expectativas despertó en la oposición y disgusto en sectores del oficialismo, han desnudado que las decisiones se siguen concentrando en Olivos, entre Cristina, Zanini y Máximo.

En la espera de que se anunciarían 200 medidas de política económica hacemos un repaso histórico necesario dado que en estos días se cumplen 30 años de democracia y es válido hacer algunas comparaciones.

Alfonsín recibió la economía desbastada por la dictadura y su gobierno se caracterizó por no tocar la esencia de la herencia dictatorial. Al poco tiempo, en junio de 1985, lanzó el llamado Plan Austral, que terminó en la hiperinflación de 1989. Menem recibió la economía en crisis, empezó con el Plan Bonex, siguió con el Plan Brady y luego vino la convertibilidad. Le pasó la bomba a De la Rúa y  la Alianza encaró el agotamiento del “modelo”  con ajustes, tarifazos y endeudamiento.

Entre Rodríguez Saa, con el default, y Duhalde, con la mega devaluación del 300 %,  prolijaron la economía de las clases dominantes y le crearon condiciones económicas  favorables a los Kirchner. Fue el único caso en 20 años de democracia que recibió en la fase ascendente del ciclo, luego de la profunda crisis del 2001/2002.

Hasta las elecciones PASO de agosto pasado fueron tiempos de “vacas gordas” para el gobierno de los Kirchner que se fue transformando en el sector hegemónico del bloque de las clases dominantes, para lo cual construyó su relato “nacional y popular”.  Quienes hacían oposición dentro de este bloque (radicales, socialistas, los disidentes del PJ, Macri,  Carrió) recibían como respuesta el contundente argumento del 54 %  logrado por Cristina Fernández de Kirchner de las elecciones del año 2011, hecho que refregaban en las narices a cualquier opositor. En tanto, la verdadera oposición de izquierda luchó sin descanso, como en Kraft, Arcor, desocupados de la CCC y otras organizaciones, Marcha del Impenetrable, el Triangulo de Libertador General San Martín, etcétera, para desenmascarar  su falacia “progresista”, en ese camino se inscribió la confluencia opositora con la CTA, FAA, FUA, FNCRA y la CGT de Moyano para el paro del 20 de noviembre de 2012

La política entreguista de Menem rifó gran parte del patrimonio nacional, garantizando “seguridad jurídica” a los inversores, a través de leyes como la de inversiones extranjeras, mineras, de flexibilización laboral, etcétera y la convertibilidad que permitía que las ganancias extraordinarias de los monopolios extranjeros se remitieran y fugaran, a una paridad de un peso un dólar. Los monopolios extranjeros tuvieron privilegios para obtener inmensas ganancias y la convertibilidad les aseguró condiciones óptimas para que se las pudieran llevar. Esa fue la razón para que no se modificara “el  modelo”, cuando se empezaron a manifestar señales de agotamiento para el pueblo, pero no para los que la estaban levantando y llevando ganancias en pala.

El Kirchnerismo  no creó el escenario favorable sino que se lo encontró y lo supo utilizar, en condiciones externas favorables como fue un importante  aumento del precio de la soja en el mercado mundial, y con expansión sin antecedentes de las áreas sembradas y cosechadas, sobre la base de un fuerte proceso de concentración de la tierra y de la producción.

Con los K se profundizó el grado de concentración y extranjerización de la economía que, también como en la época de oro de la convertibilidad “levantaron ganancias en pala”, como dijo la Presidenta, a niveles sin precedentes, al tiempo que se consolidó el grupo de capitalistas amigos. A su vez, el Estado también se benefició con mayores ingresos fiscales y dólares provenientes de las exportaciones, lo cual le permitió financiar al grupo de amigos y hacer política “social y redistributiva”.

En lo económico, el gobierno a través de su nuevo gabinete, no ha reconocido ninguno de los principales problemas que nos aquejan, empezando por la inflación. El remedio, un nuevo acuerdo de precios, es el mismo que aplicaba Moreno, pero esta vez, de la mano de un joven y educado subsecretario de Comercio.

Respecto al drenaje de las reservas, muy lejos de identificar las causas y ante el silencio del nuevo presidente del BCRA, Fábregas, el ministro Kicillof va a mendigar a los chinos que nos otorguen un préstamo en yuanes, para no tener que largar los dólares, pero que nos ata aún más a los chinos en lo comercial. Además, se incrementa el impuesto a los turistas que, en rigor, no es más que un anticipo de ganancias, que pagan los que más tienen y encarece los viajes de la clase media, y se negocia con los organismos internacionales para volver al crédito.

Hay sólo dos medidas económicas relevantes: el pago a Repsol y la devaluación del peso. Esta última además de alentar el proceso inflacionario, profundiza la caída de reservas, ya que los exportadores retienen los dólares a la espera de un tipo de cambio más conveniente, y los importadores adelantan los pagos anticipando para aprovechar el dólar barato de hoy.

Se habla de modelo agotado, pero el gobierno se empeña en defenderlo. A quién beneficia?  En primer lugar, a los que se llevan los dólares. Hasta la imposición del cepo cambiario, la fuga y remisión se acercó a los niveles del 2001; a los acreedores a los que les pagamos como pagadores seriales; a los turistas y compradores de autos importados, etcétera. En segundo lugar, a los beneficiarios del gasto corrupto del Estado que va a los empresarios amigos, a nivel nacional y provincial. Sin embargo, se prepara un tarifazo en los servicios públicos que va a afectar nuestro poder adquisitivo y alentar el proceso inflacionario, sin reducir el gasto público corrupto e ineficiente, que se cubre con emisión.

Estos “modelos”, tanto el de la convertibilidad como el de los K, se sostienen para beneficio de los grandes capitales monopólicos y ahora también a los amigos y testaferros del gobierno, hasta que la realidad los hace saltar por el aire. Así  terminó  “la fase” de  la convertibilidad.

Las medidas son ajuste directo y brutal ante la crisis, devaluación y endeudamiento. ¿Cómo ajustarán el relato? Por lo pronto algunos kirchneristas de paladar negro, tipo los columnistas de economía de Página 12,  ya están haciendo piruetas para defender lo indefendible.  A esto Carlos Marx  llamaba ideología como reflejo falso de la realidad. En 1878 Federico Engels había escrito que la burguesía participa de la ilusión de que “las condiciones políticas son la causa determinante de la situación económica”  y que “pueden transformar la situación económica y su evolución ineludible con el auxilio de la fuerza política inmediata”    

En síntesis, lo nuevo de este “modelo” fue la extraordinaria disponibilidad de recursos públicos, vía incremento de las exportaciones de soja y el inédito crecimiento de la presión tributaria, y que el grupo económico beneficiario principal es un sector emergente del bloque de las clases dominantes, cuyas ganancias se van en bolsos y están calzadas con una enorme deuda interna.

Licenciado Benito Carlos Aramayo

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