Política

No se puede liderar la region con regalias del 0.3%

Hoy vamos a poner el foco en una de esas realidades que duelen, que queman y que nos obligan a preguntarnos si quienes nos gobiernan están cuidando el patrimonio de todos o simplemente gestionando una oficina de remates al mejor postor.

Mientras aquí, en la provincia de Jujuy, nos llenamos la boca hablando del “oro blanco” y de la revolución del litio, la realidad contable nos devuelve un cachetazo de humillación cuando miramos lo que pasa apenas cruzando la cordillera.

Resulta indignante analizar cómo Chile ha diseñado un sistema de regalías que es un verdadero ejemplo de soberanía económica, donde el Estado no se arrodilla ante las multinacionales, sino que les impone condiciones que protegen el futuro de su gente. Hablamos de un esquema de contratos con tasas progresivas que, cuando el precio del litio vuela en los mercados internacionales, le permite al fisco chileno capturar hasta un cuarenta por ciento del valor de lo producido.

Ese dinero no desaparece en el aire: se inyecta en ciencia, en tecnología y en un fondo de equidad territorial que busca que las zonas mineras no sean solo un desierto de hoyos y promesas rotas, sino polos de desarrollo real.

Pero, claro, cuando volvemos la vista a nuestra realidad en Jujuy, el panorama es directamente deprimente y nos hace sentir que estamos viviendo en la época de la colonia. Aquí nos conformamos con una cifra que parece una burla malintencionada: ese tres por ciento teórico sobre el valor en boca de mina que, tras el desfile de deducciones por transporte, molienda, insumos y cuanta triquiñuela contable se les permita a las empresas, termina reduciéndose a un miserable cero coma tres por ciento de regalías efectivas.

Es una entrega obscena. Es regalar el recurso más estratégico del siglo veintiuno por monedas que no alcanzan ni para sostener la infraestructura básica de las comunidades que ven pasar los camiones cargados de riqueza ajena.

La comparación no solo es necesaria, es urgente. Mientras Chile utiliza ese cuarenta por ciento para financiar universidades y plantas de valor agregado que aseguren que el país siga en pie cuando el litio ya no esté, en Jujuy estamos hipotecando el agua y el territorio a cambio de una renta que es una migaja, un vuelto que apenas sirve para pagar el gasto corriente de una administración que parece no tener el coraje de sentarse a renegociar lo que por derecho nos corresponde.

Es hora de dejar de aplaudir las inversiones que nos dejan las sobras y empezar a exigir un modelo que no nos deje con los bolsillos vacíos y los salares secos. Porque, al ritmo del cero coma tres por ciento, lo único que estamos exportando es nuestra propia pobreza futura, mientras otros, con visión y pantalones, construyen su desarrollo sobre la base del respeto a su propio suelo.

Hay un secreto a voces que se esconde detrás de la propaganda oficial sobre el litio en nuestra provincia. Cuando rascamos un poquito la superficie de las cifras, lo que aparece no es el bienestar del pueblo jujeño, sino un esquema diseñado para el beneficio de unos pocos.

Es indignante ver cómo, mientras el mundo se pelea por nuestro recurso estratégico, aquí parece que el verdadero negocio no es la regalía que queda para las escuelas o los hospitales, sino el “retorno” que fluye hacia bolsillos particulares y estructuras de poder que se han vuelto expertas en aceitar las manos adecuadas.

En este modelo comercial de Jujuy, la prioridad no es recaudar un cuarenta por ciento como hace Chile para financiar su futuro, sino garantizar que la rueda de los negocios privados no se detenga. Se permite que las mineras descuenten hasta el aire que respiran para que ese tres por ciento nominal se convierta en un cero coma tres por ciento real, una limosna que da vergüenza ajena.

Esa falta de ingresos fiscales parece no molestarle a nadie en el gobierno, porque el sistema está montado para que los beneficios se derramen hacia empresas proveedoras vinculadas a los mismos de siempre, consultoras de amigos y contratos de servicios que se firman entre gallos y medianoche en las oficinas de San Salvador.

Es un modelo de saqueo consentido, donde se prefiere la opacidad de los acuerdos particulares antes que la transparencia de una renta pública que nos permita dejar de ser una provincia que mendiga coparticipación.

Mientras nos venden el espejito de colores de la transición energética, en la Puna nos quedan los salares secos y en las cuentas públicas un vacío que solo se explica por la codicia de quienes han puesto sus intereses personales por encima del destino de todos los jujeños.

No es incapacidad de gestión, señores: es una decisión política deliberada. Mantener regalías miserables para que el verdadero excedente se reparta en el oscuro entramado de los retornos particulares, dejando a la provincia con las migajas de un banquete donde nosotros ponemos la mesa, la comida y hasta el postre, pero nos prohíben sentarnos a comer.