No alcanza con interpelar a Teseira, hay que repensar la educación
El pedido de interpelación a la ministra de Educación llega a la Legislatura después de innumerables cuestionamientos a una gestión que, lejos de resolver los problemas estructurales del sistema educativo, parece profundizar una crisis que viene de mucho antes.
Y aquí hay que decirlo con claridad: el problema de la educación jujeña no es solamente una cuestión administrativa, ni se soluciona cambiando un ministro.
El problema es que tenemos un sistema que está perdiendo capacidad para responder a las necesidades del presente y, peor todavía, para preparar a nuestros jóvenes para el futuro. En el ámbito administrativo, la demora en la designación de docentes para cargos y espacios curriculares vacantes tiene consecuencias concretas. Una vacante no es un número en una planilla: es un aula sin profesor, son alumnos que pierden horas de clase y son familias que ven afectada la trayectoria educativa de sus hijos.
La burocracia educativa no puede convertirse en un obstáculo para enseñar, pero si esto preocupa, mucho más debería preocuparnos lo que sucede con los resultados del aprendizaje. Las evaluaciones nacionales e internacionales vienen mostrando dificultades que no pueden ser ignoradas.
Pruebas PISA no es la única vara para medir la educación, pero funciona como una señal de alarma: nuestros estudiantes tienen problemas para comprender, interpretar, resolver y aplicar conocimientos. Entonces aparece la pregunta inevitable: ¿qué estamos enseñando y para qué mundo estamos preparando a nuestros chicos? Porque mientras la inteligencia artificial transforma profesiones, mientras las empresas demandan nuevas competencias y mientras el mercado laboral exige capacidad para resolver problemas, manejar tecnología, comunicarse y aprender permanentemente, nuestras estructuras educativas muchas veces siguen funcionando con una lógica diseñada para otra época. Ese es el verdadero fracaso.
No alcanza con administrar escuelas; hay que transformar la educación y allí aparece otro problema enorme: la formación docente. ¿Cómo podemos pretender alumnos actualizados si seguimos formando docentes con planes, contenidos y metodologías que no acompañan los cambios de la sociedad?
Hay que revisar seriamente qué se enseña en los institutos de formación docente, qué materias siguen teniendo sentido, cuáles deben actualizarse y qué nuevas competencias necesita un maestro o un profesor para enseñar en el siglo XXI, porque un docente desactualizado inevitablemente termina reproduciendo esa desactualización en el aula. Y no se trata de responsabilizar individualmente al docente, al contrario: hay que darle mejores herramientas, capacitación permanente, reconocimiento profesional y una formación acorde con los desafíos actuales.
El sistema no puede exigirle al docente que prepare alumnos para el futuro mientras lo mantiene atrapado en estructuras del pasado. Entonces, la interpelación a la ministra puede ser necesaria para obtener respuestas. Hay que saber por qué se demoran las designaciones, cómo se administra el sistema y qué políticas concretas existen para mejorar los resultados. Pero cuidado: si la Legislatura solamente escucha explicaciones, intercambia acusaciones y después todo continúa igual, habremos perdido otra oportunidad.
La pregunta de fondo es mucho más incómoda: ¿qué educación quiere Jujuy? ¿Una educación que simplemente contenga alumnos dentro de las escuelas o una educación que realmente los prepare para competir, trabajar, estudiar, crear y desarrollarse en un mundo cada vez más exigente? Porque el fracaso educativo no se mide solamente por un cargo docente que queda vacante: se mide cuando un joven termina la secundaria y no comprende adecuadamente un texto, no puede resolver un problema, no domina herramientas tecnológicas, no sabe cómo seguir aprendiendo y encuentra enormes dificultades para insertarse en el mundo laboral.
Ese fracaso no pertenece exclusivamente a una ministra, a un gobierno o a una gestión. Es un fracaso político, institucional y social que atraviesa generaciones. Jujuy no necesita administrar mejor su sistema educativo: necesita repensarlo. Porque una provincia puede endeudarse, construir rutas, inaugurar edificios y anunciar grandes obras, pero si no logra formar jóvenes preparados para el mundo que viene, estará construyendo infraestructura sobre un futuro vacío.
La discusión educativa, entonces, no debería terminar con una interpelación: debería comenzar allí. Porque cada año que pasa sin transformar la educación es un año que le estamos quitando a una generación, y con las generaciones no se puede experimentar eternamente.