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Crisis política en Egipto por la matanza en el estadio

La muerte de 73 personas en un estadio egipcio derivó en una grave crisis política en ese país. La oposición marchó al centro de la capital.

(Telam)

El jefe del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas de Egipto, Mohamed Hussein Tantawi, decretó tres días de duelo y prometió que encontrará a los culpables de la masacre de Port Said, tras matizar que este tipo de sucesos "pueden pasar en cualquier parte del mundo", en declaraciones al canal TV del Al-Ahly, uno de los equipos involucrados.  Asimismo, apuntó que las víctimas recibirán una compensación después de que sus casos sean examinados.

Miles de personas se concentraron este jueves nuevamente en la plaza Tahrir de El Cairo y centenares de ellos marcharon hacia el Ministerio del Interior para protestar por la violencia desatada anoche, que además dejó cerca de 1000 heridos.

La situación, según el diario "Al-Ahram" es "muy tensa", con divisiones incluso entre los propios manifestantes. Algunos de ellos permanecen en la emblemática plaza, mientras otros avanzaron 500 metros hacia el Ministerio del Interior, foco de la furia ciudadana desde el inicio de las revueltas, en enero de 2011.

Antes de que se extinguieran las llamas en las gradas y mientras seguían ingresando cadáveres en las morgues de los hospitales cercanos al campo deportivo, ya afloraban variadas hipótesis -entre sectores políticos, medios y analistas- que apuntaban a una conspiración política como causante de la masacre.

La más extendida giraba en torno al deseo de sectores militares de mantener "la ley de emergencia" decretada en 1981 (tras la muerte del ex presidente y primer ministro Anwar el-Sadat), una normativa que sirvió durante estos últimos 30 años como cobertura legal para la represión desatada contra sectores opositores.

"Lo que ocurrió no puede ser una coincidencia. Esta masacre y tres ataques armados, apenas un día después de que el ministro del Interior vino al Parlamento para intentar convencernos de mantener el estado de emergencia", reclamó el diputado socialdemócrata Zia el Elaimi.

El primer ministro, Kamal el Ganzouri, en tanto, comunicó al Parlamento, en una sesión extraordinaria, que el Gobierno aceptó la dimisión del gobernador de Port Said, el general de División Mohamed Abdulah, y cesó a los dos mandos policiales responsables de los incidentes en el estadio de fútbol de esa localidad.

El Ejecutivo también destituyó a todos los miembros de la Junta Directiva de la Federación de Fútbol Egipcia que, tras la tragedia al término del partido de liga entre los equipos Al-Ahly y Al-Masry, decidió anular todos los encuentros de la jornada, según informó el diario Al Ahram.

El Partido Libertad y Justicia (PLJ), brazo político de los poderosos Hermanos Musulmanes, señaló hoy que hay una "mano invisible" en la masacre, que sólo puede pertenecer a partidarios de Hosni Mubarak deseosos de castigar a los seguidores del equipo cairota Al-Ahly tras su importante participación como fuerza de choque durante las manifestaciones contra el régimen.

Opositores a la Junta Militar -que gobierna interinamente el país desde la caída de Hosni Mubarak, en enero de 2011- son quienes protagonizan las marchas en la Plaza Tahrir, donde reclaman contra la policía y el Gobierno a quienes acusan de inactividad en los enfrentamientos.

Además del grupo de convocados en la emblemática Plaza avanzan columnas de manifestantes hacia el cuartel general de la Policía, el Ministerio del Interior y el Parlamento para denunciar el creciente vacío de seguridad en el país.

Grupos de hinchas considerados "barras bravas de Al-Ahly" dejaron a un lado las frecuentes rivalidades con los "Caballeros Blancos", del equipo Zamalek, y calificaron de "sospechosamente ineficiente" la actuación de las fuerzas de seguridad durante el partido que terminó 3-1 a favor del cuadro Al-Masry y tras el cual se desencadenó la masacre.

Los seguidores de ambos equipos se organizaron para marchar a la sede de la Asamblea del Pueblo y condenar el comportamiento de la policía, acción que se realizará en forma paralela a otras dos marchas hacia los ministerios del Interior y de Defensa con iguales propósitos.

Al-Ahly es el equipo más importante de Egipto y del continente africano y suscita gran antipatía entre sus rivales. En el sector del estadio ocupado por seguidores del Al-Ahly surgieron pancartas insultantes para el Masri, lo que inflamó aún más los ánimos.

Cuando el árbitro señaló el fin del encuentro con victoria local, un hombre supuestamente vinculado al Al-Ahly saltó al césped con una barra de hierro, mientras seguidores del Masri se lanzaron contra él y contra los jugadores visitantes.

La estrecha relación establecida en el último año entre los seguidores más violentos del Al-Ahly y las manifestaciones contra la dictadura se interpretó de inmediato como un factor esencial en los hechos.

Y los jóvenes que impulsaron la revolución desde la plaza de Tahrir, hace un año, acusan directamente a la Junta militar que gobierna Egipto desde la caída de Mubarak "La Junta militar desea crear el clima de que el país camina hacia el caos y la destrucción, son gente de Mubarak y aplican su misma estrategia, la que seguía él cuando se proponía como única alternativa al caos”, dijo a Europa Press Mahmud al-Naggar, miembro de la Coalición de la Juventud Revolucionaria en Port Said.

Seguidores del equipo local, en tanto, declararon que entre los suyos se detectó la presencia de “infiltrados” que tuvieron un papel fundamental en el inicio de los disturbios. 

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