Jujuy | Monumento |

Quien es el prócer que aparece en la polémica foto

Muchas versiones y una replica sobre la muerte de uno de los personajes más controversiales de la historia. Cuando se presentó el monumento se dejó claro que esté "no era un homenaje"; si no una representación realista de esté momento que marcó para siempre la historia de Jujuy. Conocé su historia.

Juan Galo de Lavalle es uno de los hombres más controvertidos de la historia nacional. Notable y temerario héroe en las campañas de San Martín y Bolívar, militó en las filas del unitarismo, idea que defendió hasta el fin de sus días.

El injusto e ilegal fusilamiento de Manuel Dorrego, ordenado por él, tuvo como efecto no deseado el encumbramiento de Juan Manuel de Rosas como gobernador de la provincia de Buenos Aires, contra quien se levantó sin éxito en repetidas oportunidades.

De derrota en derrota después de la sufrida en Famaillá, Tucumán, el 19 de septiembre de 1841 junto a su compañero de ideas Juan Esteban Pedernera, cuando enfrentó con sus 1.500 hombres a los 2.500 del Manuel Oribe, ex presidente del Uruguay y aliado de Rosas, debió admitir que no había más remedio que emprender la retirada hacia Bolivia. En ese triste deambular de vencido, hizo un alto en Salta y quedó encandilado por Damasita Boedo, hija del coronel José Boedo, sobrina del congresal de Tucumán que da nombre a una calle de Buenos Aires y hermana del coronel Mariano Boedo, fusilado por Lavalle, quien se la llevó con él en aquel viaje.

Cuando llegó a Jujuy se encontró con una mala noticia: las autoridades habían huido a Bolivia dejando la provincia acéfala. Acampó en La Tablada, en las afueras de la ciudad, atento a la llegada de sus perseguidores federales hasta que pudo trasladarse a la casa que había ocupado su enviado, don Elías Bedoya. Allí se alojó con su secretario Félix Frías, el teniente Celedonio Alvarez y ocho hombres de su escolta y su ayudante y edecán Lacasa y Damasita, con quien compartía el lecho aquella madrugada del 9 de octubre de 1841. Cuando los ruidos dejaron de ser sordos y se convirtieron en presencia de una partida numerosa, salió Damasita al patio para dar razón al jefe de la partida federal, Celedonio Blanco. Preguntada por el paradero de Lavalle, la muchacha ensayó un “está en La Tablada”. Sabiendo que el jefe federal no creería esa versión, Lacasa despertó a los pocos hombres y les ordenó que tomaran sus armas. Lavalle preguntó “¿cuántos son?” Cuando le dijeron no más de 30, intentó calmar a su tropa diciendo que se abrirían paso a caballo. Mientras disponía esos preparativos, una bala atravesó la puerta y se alojó en su garganta.

Con todas las imprecisiones del caso, algunas crónicas señalan al mulato José Bracho como el autor del tiro. Corrieron ríos de tinta sobre cómo murió realmente Lavalle. Se habló de que fue la propia Damasita la que en aquel acto vengaba la muerte de su hermano y de su primo a manos de su amante. Se dijo que fueron sus hombres por diferentes motivos. Se habló también de un suicidio para evitar ser un prisionero de guerra. Hipótesis difíciles de confirmar, pero que ponen en duda la versión oficial.

Los restos de Lavalle fueron cargados en un tordillo y la comitiva se propuso acompañarlos hasta Potosí.

Había que apurarse porque las fuerzas de Oribe, aliado a Rosas, soñaban con ver aquella cabeza clavada en una pica de las ciudades ocupadas para mandársela después al “restaurador”. Cuando llegaron a Huacalera decidieron descarnar el cuerpo, sepultar allí las partes blandas, colocar la cabeza en un recipiente con miel y su corazón en un balde lleno de aguardiente. La tarea le cupo al médico francés Alexander Danel. Aquella pequeña compañía llegó a Potosí a las 9 de la noche del 22 de octubre. Fueron recibidos con todos los honores por el presidente boliviano y los restos sepultados en la catedral. En 1842 los restos de Lavalle fueron trasladados a Valparaíso, donde fueron exhumados y traídos a Buenos Aires para ser sepultados en La Recoleta en enero de 1861.

Fuente: Clarín 

Temas

Dejá tu comentario