No paga sueldos pero reparte coca: el populismo de Morales
- El gobernador de Jujuy multiplica su exposición mediática con temas frívolos.
- En paralelo, la provincia no terminó de pagar los sueldos y tiene una deuda récord.
- Ni Morales ni sus funcionarios explican el porqué del descalabro financiero.
Cualquier persona informada hoy en Jujuy sabe que la provincia tiene dos problemas excluyentes: el desequilibrio financiero y la deuda récord.
Por primera vez en 18 años, un gobierno vuelve a tener problemas para pagar los sueldos de los trabajadores estatales.
A eso se agrega un endeudamiento histórico con organismos financieros internacionales que supera los 1.000 millones de dólares, cuyos intereses se están pagando con los recursos del tesoro provincial. Supuestamente, semejante toma de deuda debía destinarse a inversiones estatales “para cambiar la matriz productiva”, pero ningún proyecto hoy está siquiera concluido.
He aquí un recorrido por los dos temas del momento, que el gobierno esquiva.
Por la demora en el pago a los estatales, el gobernador Gerardo Morales acusó a la caída de la recaudación en el mes de abril, consecuencia del confinamiento obligado derivado de la pandemia. Sin embargo, en diciembre de 2019 los diputados que le responden habían aprobado un presupuesto con déficit por 5.500 millones de pesos.
Es decir, antes de que nadie sospeche la llegada del COVID-19, la gestión provincial ya tenía cuentas desequilibradas.
Es cierto que se trata de una herencia de los gobiernos peronistas, deficitarios desde el regreso de la democracia, pero también lo es que durante la presidencia de Mauricio Macri Jujuy fue una provincia privilegiada por el envío de recursos, muchas veces discrecionales en desmedro de otros distritos, y esto no sirvió para equilibrar las cuentas.
Sobre un presupuesto 2020 de 80 mil millones de pesos, la necesidad de financiamiento era de 5.500 millones de pesos a principio de año, y es ahora de 11.500 millones de pesos, siempre según la información comunicada por funcionarios de gobierno.
Por qué la gestión local arrastra este desbalance es algo que nadie en Casa de Gobierno puede / quiere explicar.
En abril los gastos inflexibles exhibidos reflejan:
- 3.864 millones de pesos para pagar sueldos,
- 531 millones para “gastos”,
- 53 millones para el cuestionado Plan de Contingencia que habilitó por ley al gobernador a hacer contrataciones directas sin rendir cuentas utilizando de excusa la emergencia (no la de ahora si no la de 2018),
- 286 millones en intereses de deuda,
- 270 millones de asistencia al ISJ, la obra social de la provincia que en teoría cuenta con el aporte de sus afiliados,
- 17 millones para subsidiar a la empresa EJESA
- 50 millones para subsidiar al transporte.
En semejante derrotero, sin siquiera requerir – como correspondería – un detalle acabado de cada rubro, puede notarse que la gestión informa lo que gasta, pero no explica cómo lo hace. Más bien, parecen administrar como si los recursos sobraran.
Se supone que la vara para medir una administración es la eficiencia con la que utiliza e invierte los recursos disponibles, eliminando gastos innecesarios y buscando el desarrollo en sentido amplio.
Pero el gobierno no explica cuál es su criterio, sólo cuenta cuánto dinero necesita para funcionar y se limita a pedirlo en Buenos Aires, o lo que es más grave, ante organismos financieros que imponen tasas altísimas que hipotecan el futuro.
A esto hay que sumar la incomprensible toma de deuda.
La gestión Morales rechaza las críticas de sus antecesores peronistas espetando que antes no se tomaba deuda “porque no tenían proyectos para crecer ni generar riquezas” (textual del gobernador).
Su audacia para avanzar en el desarrollo de proyectos y la toma de créditos para llevarlos a cabo no se condice con su capacidad de realización.
El parque solar Cauchari es la mejor síntesis: el gobierno se comprometió a inaugurarlo en mayo de 2018 y juró que el proyecto no sólo se pagaba sólo si no que generaba una renta de 20/30 millones de dólares al año.
La única verdad es la realidad: los intereses por esa deuda, 27 millones de dólares al año, se pagan con los recursos del tesoro provincial, los mismos que debieran invertirse en educación, salud o seguridad para los jujeños.
Los dos escenarios descriptos demandarían en cualquier estado razonable horas de debate público.
Sin embargo, en Jujuy el gobernador es noticia por su aparición con anuncios triviales.
En las últimas horas esa postura fue llevada al paroxismo: Morales anunció que realiza gestiones para repartir hoja de coca, procedente de los secuestros que realiza la policía federal.
El cultivo ancestral es caro al sentimiento de los jujeños, y con la interrupción del paso entre Argentina y Bolivia, su precio trepó a valores insólitos.
Antes, el gobernador había recorrido medios de alcance nacional luciendo su manejo de la pandemia, que permitió abrir el shopping, galerías y hasta templos para rezar.
Sin desmerecer la crisis mundial que impuso el coronavirus, parecen temas de menor complejidad frente a lo que hoy asedia su gestión.
No son pocos los que en la provincia se muestran preocupados por la zozobra de los sueldos y el nivel de endeudamiento.
Con una mirada lúcida, el histórico sindicalista Carlos “el perro” Santillán lanzó un pedido certero: “queremos saber qué pasó con toda la plata que ha venido a Jujuy”.
La postura de Morales frente a eso parece clara: congraciarse con la gente a partir de anuncios populistas, para eludir situaciones más difíciles de explicar.