Poemas sobre la Patria, quinta parte
Compartimos poemas sobre la Patria en las voces de Jorge Luis Borges y Mónica Undiano.
JORGE LUIS BORGES

“… La patria, amigos, es un acto perpetuo
como el perpetuo mundo…”
Como Borges reflexionamos acerca de la patria. Miramos a nuestro alrededor y gozamos de ella, y nos dolemos de actos que la desprestigian. Deseamos su renovación y progreso como la vida de nuestros hijos. Queremos ver sus frutos, como en el pasado las luchas por su independencia, en el presente, la generosidad fraterna de los hombres que piensan en lo humano, en el bienestar del hombre que marcha hacia el futuro. Nada hay más importante que el hombre, pensador inclaudicable, crítico libre.
Pasado y presente. Memoria y proyecto: “Nadie es la patria, pero todos lo somos…”
ODA A LA PATRIA
Nadie es la patria. Ni siquiera el jinete
que, alto en el alba de una plaza desierta,
rige un corcel de bronce por el tiempo,
ni los otros que miran desde el mármol,
ni los que prodigaron su bélica ceniza
por los campos de América
o dejaron un verso o una hazaña
o la memoria de una vida cabal
en el justo ejercicio de los días.
Nadie es la patria. Ni siquiera los símbolos.
Nadie es la patria. Ni siquiera el tiempo
cargado de batallas, de espadas y de éxodos
y de la lenta población de regiones
que lindan con la aurora y el ocaso,
y de rostros que van envejeciendo
en los espejos que se empañan
y de sufridas agonías anónimas
que duran hasta el alba
y de la telaraña de la lluvia
sobre negros jardines.
La patria, amigos, es un acto perpetuo
como el perpetuo mundo. (Si el Eterno
Espectador dejara de soñarnos
un solo instante, nos fulminaría,
blanco y brusco relámpago, Su olvido.)
Nadie es la patria, pero todos debemos
ser dignos del antiguo juramento
que prestaron aquellos caballeros
de ser lo que ignoraban, argentinos,
de ser lo que serían por el hecho
de haber jurado en esa vieja casa.
Somos el porvenir de esos varones,
la justificación de aquellos muertos;
nuestro deber es la gloriosa carga
que a nuestra sombra legan esas sombras
que debemos salvar.
Nadie es la patria, pero todos lo somos.
Arda en mi pecho y en el vuestro, incesante,
ese límpido fuego misterioso.
(1966)
Jorge Luis Borges, escritor argentino(1899- 1986).
* *
MÓNICA UNDIANO

“…Yo, que soy la Patria ¡hoy demando!...”
Mónica Undiano, escritora, poeta, editora, traductora jujeña, nos convoca y emociona con el siguiente texto siempre vigenteque habla de la patria. Qué mejor que recordarlo para dar término a esta serie de textos dedicados a la patria. Undiano sabe ponerse del lado de los imaginados héroes que lucharon por ella, del lado de la patria pesronficada y viviente, del lado de todos los que la amamos.
Una situación que se repite en el tiempo le sirve a la narradora como disparadora para ahondar líricamente en la propia historia e intentar descifrar la de la humanidad.
Nueva y distinta mirada de la memoria colectiva que nos nutre y nos subyuga con su arenga plena de fuerza dramática y estética. Y lo autora la logra con un lenguaje fuerte, creativo y rico, cuestionador constante de los olvidos y sueños de un pueblo que no termina de crecer solidariamente.
Gracias, Mónica Undiano.
LA PATRIA DEMANDA
…qué les pasó qué les pasó, no puede ser que los hijos de los hijos de los hijos míos hayan cambiado tanto, qué los cambió, cuál fue, quién fue la primera fruta podrida, quién me traicionó primero, asesinos, yo soy la madre de todos, y me matan, me matan con cada anciano maltratado, con cada joven mal instruido, con cada niño desnutrido, con cada paciente perdido; me envenenan con cada juicio arreglado, con cada trato malversado, con cada promesa no cumplida; qué se hizo de los hombres que podían creer en sí mismos y en sus vecinos, en sus amigos, qué pasó con la palabra de bien y el sueño de integración americana, qué qué de todo eso, qué de nuestro sur regalado, nuestro norte ignorado, nuestros soldados vendidos y nuestros nativos olvidados, qué por Dios, qué de las calles poceadas y las estatuas agrietadas y los edificios ruinosos y las obras públicas negociadas, qué, vos el que me lee, vos el que me vive, vos el que me escribe, qué, qué fue de todo esto, qué fue de los Belgrano, de los Sarmiento, de los Güemes, hombres con errores pero generosos con el ideal, y San Martín…, ahhh, que lo vituperen, que lo blasfemen, que lo calumnien… pero que lo copien si pueden, nadie, ninguno, ninguno después de él como él, quién quién volvería a arriesgar la vida por un sueño continental, quién miraría a los ojos de su mujer para decirle me voy y no sé si volveré, quién, como él, ahora, rechazaría fama y fortuna por un principio, nadie toca sus talones, suerte que está muerto porque tampoco sobreviviría en un pueblo de corruptos donde el que no lo es se hace porque o lo hacen o lo matan, cómo cómo haber llegado a esto, cómo haberlo permitido y yo sin poder hacer nada más que gritarles gritarles a la cara que ¡Yo!, ¡yo que soy todos!, todos ellos, todos ustedes y todos nosotros, Yo, que soy la Patria ¡hoy demando!, ¡demando que sus yos más queridos, más ocultos e internos, esos yos que conocen lo que es justo y lo que es bueno, enarbolen el nombre de nuestros héroes, se desprendan de sí y me eleven de una vez por todas hacia el firmamento!…
De “Imaginados”, Apóstrofe ediciones, Jujuy, 2006.
Susana Quiroga


