“…Yo te entregué mi sangre, mis sonidos,
mis manos, mi cabeza,
y lo que es más, mi soledad, la gran señora,…”

Y hablando de este mayo otoñal, queremos presentar a un poeta argentino, JUAN GELMAN, que nació un 3 de mayo de 1930 en Bs. As.
Poeta clave de la generación del 60 en la Argentina y uno de los más prestigiosos. Su poesía fue traducida a las principales lenguas europeas. En ella no olvida nunca la experiencia cotidiana y la preocupación política.
Fue periodista de varias publicaciones porteñas, Panorama, La Opinión y Noticias. Se exilió del país en 1975.
Recibió numerosos premios, entre ellos, el Premio Nacional de Poesía en 1997; en 2005 el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda. Premio Cervantes 2007, entre otros.
La poesía fue su amor que lo impulsó a escribir sus primeras estrofas; ese amor que fue siempre el motor de su trabajo, de esa lucha casi obsesiva por encontrar a "esa señora que se acuesta con tantos".
Poesía, instrumento de búsquedas y encuentros, poesía inevitable, pero de lenguaje extremadamente cuidado. Gelman supo salir de cánones convencionales jugando con la puntuación y estrofas quebradas, giros coloquiales y jerga porteña, todo para expresar un grito de pena o de odio, pero también el susurro de un soplo de esperanza, denuncia y redención.
Murió lejos de su patria, en México en 2014.
LA POESÍA FUE SU AMOR
ESCRIBO EN EL OLVIDO...
Escribo en el olvido
en cada fuego de la noche
cada rostro de ti.
Hay una piedra entonces
donde te acuesto mía,
ninguno la conoce,
he fundado pueblos en tu dulzura,
he sufrido esas cosas,
eres fuera de mí,
me perteneces extranjera.
LO QUE PASA
Yo te entregué mi sangre, mis sonidos,
mis manos, mi cabeza,
y lo que es más, mi soledad, la gran señora,
como un día de mayo dulcísimo de otoño,
y lo que es más aún, todo mi olvido
para que lo deshagas y dures en la noche,
en la tormenta, en la desgracia,
y más aún, te di mi muerte,
veré subir tu rostro entre el oleaje de las sombras,
y aún no puedo abarcarte, sigues creciendo como un fuego,
y me destruyes, me construyes, eres oscura como la luz.
* *
ARTE POÉTICA
Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío,
como un amo implacable
me obliga a trabajar de día, de noche,
con dolor, con amor,
bajo la lluvia, en la catástrofe,
cuando se abren los brazos de la ternura o del, alma,
cuando la enfermedad hunde las manos.
A este oficio me obligan los dolores ajenos,
las lágrimas, los pañuelos saludadores,
las promesas en medio del otoño o del fuego,
los besos del encuentro, los besos del adiós,
todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre.
Nunca fui el dueño de mis cenizas, mis versos,
rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte.
De Velorio del solo,1961


