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El poema largo en el siglo XXI

 

El escritor Fabián Soberón en la siguiente nota se pregunta por qué ya no se escriben poemas extensos, y nos ofrece interesantes argumentaciones.

 

La historia de la poesía es, de algún modo, la historia del poema largo. Podríamos decir que hasta fines del siglo XX diversos autores, con estéticas heteróclitas, han producido un poema largo, sin pudor. Homero y la “Odisea”, Virgilio y la “Eneida”, Milton y su “Paraíso perdido”, Mallarmé y “Un coupe de dés”, T. S. Eliot y su “The Waste Land”, son solo algunos ejemplos.  Octavio Paz sostiene en “La otra voz. Poesía y fin de siglo” que “no vivimos el fin de la poesía… sino de una tradición poética que se inició con los grandes románticos, alcanzó su apogeo con los simbolistas y su fascinante crepúsculo con las vanguardias de nuestro siglo. Otra poesía amanece”.

       En ese marco, el poema largo parece palidecer. Octavio Paz arriesga un pronóstico y dice que otra poesía “empieza”. ¿Podríamos interpretar esta postulación de Paz y decir que el poema largo es uno de los colores del crepúsculo? ¿Cuántos poetas escriben hoy un poema largo? Si acaso se ha reducido el número, ¿a qué se debe este declive? ¿Es solo a causa del cambio de ritmo de lectura?

        Es claro que el ajetreo urbano ha modificado no solo las velocidades de lectura. Para empezar, deberíamos admitir que el mundo rural ha desaparecido y que la ciudad con sus tentáculos abraza casi todo lo que existe. Subidos en el subte, en un colectivo o en la montaña rusa de la vida nuestros modos de leer han variado respecto de lo que sucedía en el siglo XIX, por ejemplo. El torpe movimiento de la cotidianeidad influye en las ocupaciones y esto, a su vez, en el tiempo dedicado a absorber un poema.

        Sin embargo, seguimos leyendo la “Odisea”, la “Eneida”, el “Paraíso perdido” o “Blanco”, de Octavio Paz. No veo óbice o contrariedad en el acto mismo de la lectura. Los poemas mencionados han encontrado una forma que los define –sé que esta afirmación trasunta un perfume platónico–, una figura que es cuerpo y sentido del poema. Pareciera que si encuentra sus decididos lectores esa poesía “extensa” es revivida cada vez que alguien se sienta bajo un paraíso, un lapacho o en la parada del subte.

        La cuestión se centra, principalmente, no en la lectura –que es de por sí un asunto para debatir—sino en la casi inexistente producción de poemas largos. ¿Por qué los jóvenes poetas parricidas –cada generación los tiene– ya no escriben poemas extensos? ¿Esto depende exclusivamente del soporte técnico? ¿Acaso el poema –como artefacto verbal– expresa o muestra la agitación del mundo contemporáneo? Si así fuera, ¿qué ocurre en nuestro tiempo que no le pedimos al poema que cuente una historia?

        Desde sus orígenes, el poema extenso combina el canto con el cuento, es una historia cifrada en el envase preciso de los versos. Si aceptamos esta hipótesis, podríamos sostener que el poema ya no es largo porque se ha vuelto cada vez más lirico y menos narrativo. A la par que la pintura ha tendido hacia la abstracción, el poema moderno ha optado menos por la claridad narrativa que por la opacidad semántica. Incluso la antipoesía –que rechaza el lirismo como condimento central del poema– no es compelida por el vértigo del relato sino por la menudencia sentenciosa de lo cotidiano. El deseo de contar historias, el ímpetu narrativo se ha focalizado en otros géneros o posibilidades: la novela, el cómic, el cine, la serie de TV, etc. No estoy diciendo que no haya poemas que cuenten microhistorias o que la narración solo exista únicamente en una novela. El modo de articular una historia con episodios, estructura y corolario existe hoy bajo otros formatos. De cualquier manera, mi pregunta no atiende únicamente a la posibilidad de articular una historia sino a la escritura en verso de una historia.

        El haiku es el elogio de la síntesis y la canción posee la dote del poema. ¿Cuál sería hoy el nuevo rostro del poema largo? Si admitimos que la poesía puede encontrarse bajo la forma de una serie de televisión, ¿diríamos que “Twin Peaks” (dir. David Lynch) es un poema largo?

 

Fabián Soberón, escritor, poeta y cronista, periodista cultural tucumano, profesor de Teoría y Estética del cine en la Escuela Universitaria de Cine. Documentalista. Publicó, La conferencia de Einstein, Vida Breves, Ciudades escritas, Mamá, Vida breve de Soledad H. Rodríguez, Vidas breves, entre otros. Nació en J. B. Alberdi, Tucumán, Argentina, en 1973.

 

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