Por otro lado, la norma establece que los "locales de baile, comercios donde se elaboren, fraccionen, sirvan y/o expendan alimentos y/o bebidas, shoppings, galerías, establecimientos de alojamiento y edificios de oficinas deberán implementar medidas destinadas a evitar que las colillas de cigarrillo se arrojen en el espacio público".
Lo mismo deberán hacer quienes organicen eventos o actividades recreativas y comerciales en el espacio público.
Las colillas de cigarrillos son el residuo que más se arroja en el espacio público. En la Ciudad, de acuerdo con un relevamiento hecho por la Asociación Civil y ambientalista Eco House, que participó en la escritura del proyecto, en cuatro manzanas del microcentro en sólo dos horas se levantaron más de 10.000 colillas.
La colilla está hecha de acetato de celulosa, que es plástico, y el plástico perdura en el ambiente durante décadas.
En Buenos Aires, muchos de estos descartes van a parar al Riachuelo y al Río de la Plata desembocando finalmente en el océano.
El filtro de un solo cigarrillo es suficiente para contaminar entre 50 y 1.000 litros de agua.
"Ocasiona un daño que va más allá de la salud individual de las personas, ya que afecta directamente a nuestro entorno, perjudicando el suelo, el aire, el agua potable, los océanos, la biodiversidad, el turismo y el ecosistema urbano", escribió Abrevaya en los fundamentos para el tratamiento de su proyecto.
El legislador Abrevaya también es el autor de la ley que contempla la prohibición de fumar, arrojar colillas o restos de cigarrillos en patios de juegos, parques y plazas, la cual fue sancionada por la Legislatura el año pasado y contempla las multas para quienes arrojan los filtros en la vía pública.
Las colillas arrojadas al suelo en áreas forestales, sin ser debidamente apagadas, son causantes de un gran número de incendios.