La única utilidad del superávit en Jujuy es la timba financiera
Una consultora cuyo nombre es “Politikon Chaco”, hace referencia a la administración responsable de las cuentas públicas en Jujuy, generalmente argumenta la importancia de gestionar de manera transparente, eficiente y responsable los recursos del Estado.
La administración responsable de las cuentas públicas implica mantener un control fiscal adecuado, garantizar la rendición de cuentas, evitar el gasto innecesario y cumplir con las normativas constitucionales y legales.
En el caso específico de Jujuy, esto puede traducirse en prácticas de gestión fiscal que aseguren la sostenibilidad económica, la transparencia en el uso de fondos públicos y el compromiso con el bienestar de la ciudadanía.
Estamos hablando de la administración pública en Jujuy, y hay algo que no termina de cerrar. Desde hace un tiempo, muchos venimos advirtiendo que la transparencia y la rendición de cuentas, que deberían ser pilares fundamentales de una gestión responsable, parecen estar en jaque. La información detallada y rigurosa sobre los gastos, las inversiones y el manejo de los recursos públicos, simplemente no está a la vista. Los informes que se presentan muchas veces son incompletos o insuficientes, dejando a la población a oscuras sobre en qué y cómo se están gastando sus impuestos.
Así, el informe de “Politikon Chaco”, que en teoría busca reflejar un panorama de gestión responsable, termina quedándose corto y falta a la verdad ya que no hay una base sólida de transparencia y control en Jujuy. La gestión responsable no puede limitarse solo a buenos discursos o a declaraciones formales; debe estar respaldada por datos concretos, por una rendición de cuentas efectiva, y por un acceso real a la información. Mientras eso no ocurra, es difícil que podamos hablar de una administración verdaderamente responsable y efectiva para los ciudadanos de Jujuy.
En Jujuy, la discusión sobre el manejo de las finanzas públicas está en su punto más álgido. Por un lado, las autoridades aseguran que la provincia presenta superávit en sus cuentas, una buena noticia en términos macroeconómicos. Pero, ¿qué significa realmente ese superávit? algunos funcionarios de hacienda dicen que esa diferencia entre ingresos y gastos se está invirtiendo en los mercados financieros, buscando que esos fondos generen más recursos para la provincia.
Ahora bien, yo pregunto: ¿es esa la mejor estrategia frente a una provincia con una realidad de problemas estructurales gravísimos, que llevan décadas sin resolverse? la verdad es que los problemas en salud, educación, infraestructura y empleo en Jujuy son de una gravedad que no puede esperar. Se ha hablado mucho de inversiones, de austeridad, y ahora también de inversión en los mercados, pero la pregunta clave es: ¿está eso realmente sirviendo para resolver las demandas urgentes de la gente?
Porque si la prioridad es atender las necesidades más apremiantes, como hospitales colapsados, escuelas en condiciones precarias o la falta de empleo, ¿no debería entonces el superávit, que en teoría es un ahorro, invertirse directamente en esas demandas críticas? o, peor aún, ¿estamos dejando pasar la oportunidad de usar esos recursos con un criterio más estratégico? la realidad nos dice que, mientras los problemas en la calle se agudizan, las soluciones parecen estar en inversiones que, en el mejor de los casos, toman tiempo en dar frutos. ¿es esa la gestión que necesita Jujuy? la ciudadanía exige respuestas inmediatas, no solo números en libros contables
Lo que está pasando en Jujuy ya roza lo inadmisible. Es increíble que, en pleno siglo XXI, los números oficiales de la provincia se conozcan principalmente a través de consultoras de opinión, cuando en realidad todo el sistema de fiscalización y control, que debería ser garante de transparencia, está claramente cooptado por el poder político.
¿En qué estamos? la ciudadanía y los medios de comunicación señalan que los organismos que deberían vigilar y controlar los recursos públicos, como la auditoría general o la oficina de control, han quedado en la sombra, en manos de quienes trabajan para el mismo poder que administra. Y esto hace que la información oficial sea casi un misterio—una especie de secreto a voces. Mientras tanto, los datos que llegan vienen de consultoras externas, muchas veces con intereses o circunstancias que no permiten una visión clara y transparente de la gestión.
Es una situación que denota una falta de institucionalidad y de mecanismos reales de control, que debería ser la garantía de que el dinero público se usa en beneficio de todos, y no para intereses particulares o para esconder irregularidades. La pregunta que todos debemos hacernos es: ¿hasta cuándo vamos a seguir en esta desigualdad de información? La transparencia no puede ser un concepto vacío cuando la propia estructura de control está cooptada. La ciudadanía merece saber cuáles son los verdaderos números asociados a la gestión de su provincia, y eso solo se logra con organismos independientes, fuertes y realmente autónomos.
En el escenario internacional, podemos ver claros ejemplos de cómo algunos países gestionan sus superávits fiscales. Tomemos a los países nórdicos, por ejemplo, Noruega. Gracias a su gestión prudente y responsable, ha logrado acumular un gran fondo soberano con superávit fiscal. ¿Y qué hacen con ese dinero? lo invierten en proyectos de salud, educación, infraestructura, y en resolver problemas estructurales que afectan a su sociedad. Es una política que prioriza el bienestar a largo plazo, apostando a invertir en la calidad de vida de sus ciudadanos.
Ciertos países en Asia o en Europa han preferido durante años destinar esos fondos a inversiones en bonos u otros instrumentos financieros, en vez de afrontar directamente los problemas de fondo como la desigualdad, el deterioro de servicios públicos o la infraestructura. Este es el camino elegido por el gobierno de Jujuy.
Al igual que en esos países, Jujuy tienen dificultades profundas en salud, empleo, o infraestructura, esa estrategia puede ser un parche que pospone soluciones reales. La diferencia está en si el superávit se usa para resolver esas demandas estructurales o para simplemente buscar rentabilidad en el presente. En Jujuy, la duda que surge es qué camino se está tomando: ¿se está invirtiendo en resolver las raíces de los problemas? o se está prefiriendo una estrategia que beneficia a los mismos de siempre. Esa es la discusión que todos debemos tener.