10 preguntas sin respuestas en el Ingenio
El predio azucarero ubicado en el departamento San Pedro, en la localidad que lleva su nombre, es uno de los grandes fracasos productivos de la era Fellner en el poder jujeño.
Su quiebra fue una de las tantas consecuencias de la desastrosa década del 90. Sin embargo, lo que pasó en los 14 años siguientes fue casi tan vergonzoso como el vaciamiento de una empresa que dio vida a un pueblo.
Administrado de múltiples formas, el Ingenio La Esperanza fue un agujero negro de recursos que el Estado giraba sin control bajo el paraguas del resguardo de la fuente laboral.
Sin embargo, este noble pretexto fue la cortina de humo para encubrir innumerables hechos de corrupción que cometía cada nuevo administrador del ingenio quebrado.
Tras presenciar durante años este descalabro, la gestión de Gerardo Morales intenta normalizar la situación en La Esperanza mediante un proyecto que tiene como principal objetivo devolverle la rentabilidad, razón de ser de cualquier empresa.
Una vez alcanzado lo que el gobierno denomina “reconversión productiva”, el Ingenio deberá pasar a manos privadas para dejar de representar un herida abierta que sangra al estado cada año.
La mirada hacia adelante que plantea el gobierno proyecta soluciones definitivas para los trabajadores, fijando este año como punto de partida.
Sin embargo, queda de lado la fiesta de corrupción que celebraron durante más de una década funcionarios, administradores ocasionales y hasta trabajadores que se sirvieron de los fondos públicos que llegaban cada año para realizar la zafra.
Hoy muchos se preguntan:
El gobierno busca sanear el histórico ingenio azucarero y abonar el terreno para que las inversiones privadas lo conviertan en un polo productivo para la región.
Probablemente la sociedad también quiera saber quién se llevó la plata que mantuvo viva pero quebrada a la empresa, convirtiendo la banca rota en un negocio perfecto para unos pocos.

