Juventud y política: desafíos y diversidad en la era contemporánea
La imagen del joven pasivo y desinteresado en los asuntos políticos ha adquirido tal fuerza en el discurso social que se ha convertido en una característica distintiva de la juventud contemporánea. Esta percepción, que a veces parece casi unánime entre la opinión pública, también se refleja en la investigación académica, donde predominan los análisis sobre la desafección y el desinterés político de los jóvenes, así como su baja predisposición a participar en la vida política de las sociedades democráticas a través de los canales e instrumentos institucionales establecidos para ello.
Sin embargo, la sociología de la juventud, especialmente tras la popularización de las perspectivas postestructuralistas, ha destacado en los últimos años la diversidad de caminos que los jóvenes siguen hacia la vida adulta y la heterogeneidad interna que caracteriza la condición juvenil en la sociedad actual. No obstante, estas características rara vez se reflejan en las explicaciones que buscan comprender la vida política de los jóvenes, sus discursos, intereses y comportamientos.
Independientemente de dónde se coloque el énfasis, el argumento subyacente suele ser común. La gran mayoría de los jóvenes parecen relacionarse con el mundo de la política de manera uniforme, distante y desconfiada, atrapados en una maraña de factores estructurales e institucionales que escapan a su capacidad de decisión. Desde la metáfora tan utilizada hoy en día para referirse a la juventud de este siglo XXI, del joven navegando en un mar de incertidumbre, negociando su propio camino entre oportunidades y riesgos, pasamos al ámbito político con la imagen de un joven que asume pasivamente un universo político de significaciones negativas y pesimistas. Solo una pequeña minoría parece escapar de este escenario, expuesta a procesos de socialización muy específicos. En consecuencia, predominan las argumentaciones genéricas, donde el factor principal de diferenciación interna del colectivo juvenil es la edad, entendida tanto como etapa del ciclo vital como criterio generacional. En ambos casos, la heterogeneidad social, cultural e ideológica de los jóvenes y sus procesos de incorporación al espacio público desempeñan un papel secundario como factor explicativo de las posturas políticas de las nuevas generaciones, que tienden a ser valoradas desde una perspectiva más moral que sociopolítica. En la misma línea de análisis, también es importante destacar la habitual ausencia de una perspectiva intergeneracional que permita comprender los rasgos de la vida política juvenil en relación con las opiniones y acciones de los ciudadanos de las demás generaciones. Los jóvenes parecen estar aislados del contexto social y político en el que se construyen las relaciones entre las diferentes generaciones.
Al profundizar en la crítica de los supuestos que sustentan gran parte de las explicaciones académicas sobre las posturas políticas de los jóvenes, es importante prestar atención a dos aspectos fundamentales. En primer lugar, el enfoque predominante en la investigación en este campo se basa en una concepción individualista de la politización, que concibe la juventud como una etapa de inestabilidad e indefinición y la política como el ámbito de expresión y confrontación de los intereses individuales. Desde esta perspectiva, el desinterés de los jóvenes por los asuntos políticos encuentra cierta justificación, ya que sería el resultado lógico de su situación periférica en la estructura social. A medida que los jóvenes realizan su transición a la vida adulta e se integran socialmente, van definiendo intereses específicos que los llevan a involucrarse en los temas que se discuten en el ámbito político, ya que las decisiones que se toman allí comienzan a afectar sus intereses.
En última instancia, la politización se reduce a un fenómeno principalmente individual, influenciado por una serie de factores externos que se traduce en comportamientos explícitos. En consonancia con esta posición, la mayor preocupación de los especialistas se centra en cuantificar las actividades realizadas en lugar de enfocarse en los contenidos y significados de la implicación política de los jóvenes.
En segundo lugar, con demasiada frecuencia se olvida el contexto de transformación de las actitudes políticas en las sociedades desarrolladas, lo cual afecta lógicamente a todas las generaciones, tanto a los adultos como a los jóvenes. Los ciudadanos de nuestras sociedades democráticas se relacionan con el ámbito político desde premisas muy diferentes a las que predominaban décadas atrás. Si en los años 50 o 60 existía un clima de confianza generalizada en las instituciones representativas y en las autoridades correspondientes, décadas después una de las constantes en todas las democracias es el deterioro de la confianza en líderes y partidos, junto con el aumento del escepticismo en los resultados del sistema político, lo cual es la base de la desafección política que caracteriza la coyuntura actual.
Esta necesidad de tener en cuenta las nuevas condiciones sociales, institucionales y culturales en las que se desarrolla la vida política también se refleja en el tercer aspecto que quiero destacar. Los ciudadanos, en general, y las nuevas generaciones en particular, participan en experiencias políticas que cuestionan los significados y las expresiones tradicionales, mientras emergen nuevas formas de relación que, en ocasiones, son malinterpretadas como rechazo o abandono de los compromisos colectivos. La transformación del modelo predominante de implicación política juvenil puede ser un buen ejemplo de cómo cambian las formas de politización en consonancia con los cambios en la experiencia social y colectiva de los jóvenes. La crisis del modelo de activismo militante basado en los partidos políticos y su sustitución por formas muy diversas de implicación, más puntuales y episódicas, en múltiples campos (desde la política convencional hasta temas de solidaridad cívica o expresiones juveniles en nuevos espacios), refleja en gran medida los propios rasgos culturales de gran parte de la juventud actual, como el individualismo y la orientación al consumo. Estas nuevas formas de participación política también están estrechamente relacionadas con sus experiencias e intereses más cotidianos.
Antes de continuar, es necesario reflexionar brevemente sobre cómo es ser joven en la modernidad tardía y sobre los procesos dinámicos que moldean sus experiencias vitales y orientan su transición a la vida adulta. Solo al conocer más acerca de cómo los jóvenes viven su juventud podemos comenzar a entender mejor cómo plantean su relación con el mundo de los significados y las expresiones políticas.