El gobierno de Jujuy avanza en la apertura de una ruta que tiene como objetivo unir dos regiones que distinguen a la provincia: los vistosos cerros de la Quebrada con la selva en altura que alberga al Parque Nacional Calilegua. Desde la ruta nacional 9 a la 34.
En su diseño, la Dirección Provincial de Vialidad trazó una huella que irrumpe en la pequeña finca de María Quispe, su hija Azucena Martínez y su familia. Si el proyecto avanza como está previsto, un campo verde donde hoy pastorean animales, crecen cultivos y emerge un ojo de agua que sostiene la vida en el lugar desde hace siglos, será arrasado por las máquinas.
El proyecto fue denominado “Corredor educativo, productivo y turístico” por la gestión provincial. La versión oficial informa que unirá las comunidades Yala de Monte Carmelo, Alonso, Loma Larga, El Durazno y Molulo, tres escuelas y dos puestos de salud que están en medio de los cerros, en la unión entre la Quebrada de Humahuaca y las Yungas.
La traza inicia en la ruta nacional N°9, a la altura del pueblo de Huacalera, departamento Tilcara. Recorre 45 kilómetros hasta un lugar llamado Chiquerito. Allí vive la comunidad de Querusiyal. A ella pertenecen María Quispe y su hija Azucena Martínez.
Madre e hija le imploran al gobierno que busque vías alternativas para continuar con la traza. Lejos de rechazar la obra, reconocen que traerá beneficios para el lugar, pero desbordan de impotencia cuando ven que el trazado pasará por los campos en donde viven desde hace más de 100 años.
“Acá nací y acá me voy a morir”, repite la abuela Quispe, de 80 años, que fue visitada por dos policías y funcionarios de Vialidad a fines de marzo. Tanto ella como Azucena repiten hasta el cansancio que el gobierno no les ha entregado documentación ni las ha informado respetando las formas que exige la Constitución Nacional.
Las topadoras del gobierno de Jujuy contra María Quispe y Azucena Martínez
Las leyes en la República Argentina protegen los derechos de los pueblos indígenas y reconocen su preexistencia en el territorio. La Constitución Nacional en su artículo 75 inciso 17, la ley 24.071 en su artículo 17, la Constitución de Jujuy en el artículo 50, y tratados internacional con rango constitucional como el convenio 169 de la OIT, reconocen la propiedad de las tierras a los pueblos que están en posesión en el interior profundo de Jujuy.
Al contar con el aval de la mayoría de las comunidades de la zona, el gobierno de la provincia avanzó con la obra. Sin embargo, el caso particular de la familia Quispe-Martínez no fue contemplado. Tanto María como Azucena afirman a todos los que se detienen a escucharlas que nunca se les brindó información relacionada con la obra, como estipulan las leyes vigentes.
Pero aun cuando la consulta previa, libre e informada se hubiera realizado – algo que las mujeres niegan enfáticamente – la familia tendría derecho a negarse a ceder sus terrenos.
“Estos territorios no son embargables, transmisibles ni enajenables”, insisten en los abogados cercanos a la comunidad consultados por JujuyAlmomento. Este medio se comunicó con la Secretaria de Asuntos Indígenas, Yolanda Cruz, y con el Director Provincial de Vialidad, Marcelo Jorge, pero al cierre de esta nota los tildes azules permanecían en los mensajes de Whats App enviados, sin respuesta alguna.
El objetivo es llegar hasta la escuela Juan Bautista Ambrosetti de la comunidad de Molulo, recordada por la visita a pie que realizó el gobernador Gerardo Morales en el inicio de su primer mandato. La presidenta de dicha comunidad, Quintina Quispe, pide con insistencia que el camino se realice. Este pedido no tiene en cuenta la queja de María Quispe y su hija Azucena, quienes insisten en que la traza que elaboró la Dirección Provincial de Vialidad invade sus tierras. Esto generó un conflicto y rivalidad entre ambas comunidades, Molulo y Querusiyal.
La comunidad de Querusiyal no logró su reconocimiento formal a través de la personería jurídica que otorga el Estado Nacional y es atacada por este motivo. No obstante, la recorrida por el lugar no deja dudas: hay familias que se encuentra en plena posesión de los terrenos. Carlos Colque, presidente de la comunidad de Querusiyal, subraya que ya durante la primera presidencia de Juan Domingo Perón, tras el recordado Malón de la Paz, el nombre aparece en los registros.
Azucena Martínez explica que en los jardines de sus tierras y las de sus vecinos crece una planta llamada Querusiya. De allí el nombre de los comuneros de la zona.
María Quispe recuerda con añoranza que en la década de los 80, antes de la migración que sufrió la zona, sus campos albergaban una cancha de fútbol en donde todas las comunidades llegaban a caballo para disputar un campeonato.
El lugar se sitúa en un punto de transición entre la quebrada de Humahuaca y selva en altura que desemboca en el Parque Nacional Calilegua. Su belleza natural es exuberante. La finca de María Quispe en particular, se erige sobre el pie de un cerro de color naranja. En el ingreso tiene corrales y huertas en donde siembra papa y yuyos medicinales.
Más adelante aparece una ciénega con agua subterránea que consumen las personas de la casa y que permite que crezca el pasto sobre una pradera verde en donde se alimentan los animales. Aunque cuentan con tres focos de luz eléctrica provista por un panel solar, en la mayoría de los casos la luz de la luna es suficiente por las noches.
Ese lugar de ensueño es en el que viven desde hace siglos. “Acá nací y acá me quiero morir”, repite la abuela María.

