No es Rosario, es Jujuy: El narcotráfico y el consumo calan hondo en los barrios
- Durante su visita a Sobremesa, el psicólogo analizó la actualidad de Rosario, sumida en violencia a causa del crimen organizado.
- Jujuy no se encuentra exenta del problema, aunque el gobernador Morales da consejos, en Yuto los vecinos denuncian "se vende droga como pan caliente".
Las figuras políticas, entre ellas el gobernador de Jujuy, han usado a Rosario para hacer leña electoral del árbol caído. Una vez que el derrotado ministro Aníbal Fernández declaró su incompetencia, al intendente Javkin le presentaron con dudoso altruismo decenas de planes para recuperar la ciudad santafesina del narco dominio.
Pero si Jujuy fue un terreno de prueba, Gerardo Morales se llevó la materia a marzo, no tendría autoridad moral para viajar al centro del país con sus consejos. La droga está en los barrios, cerca de los colegios, instalándose en el interior, desatando violencia a su paso.
Entendiendo que el consumo es una afección de salud mental, el psicólogo Néstor Martearena fue invitado a Sobremesa (Canal 2) para analizar desde su conocimiento porqué Jujuy está más cerca de emular a Rosario que a una ciudad top mundial en la lucha contra las adicciones.
“Tenemos que observar la situación histórica de cómo ha llegado Rosario a esta instancia, es mucho más complejo que los barrios donde se da el micronarcotráfico. Puertos privados de las cerealeras, no tienen un control de aduana como antes, hay todo un sistema de lavado de dinero que genera este problema. No es casualidad que Rosario haya vuelto a ser la Chicago argentina, acá al haber más de 10 puertos privados y una hidrovía no controlada por el Estado Nacional en la medida necesaria”.
El mercado de droga desencadena actos de corrupción, para el entrevistado “hay sectores de la política que siguen el juego”. A modo de recomendación no considera viable una estrategia de golpe por golpe al estilo Nayib Bukele (Pte. El Salvador) ya que la represión excesiva terminaría por desatar más episodios violentos.
En caso de llevar al extremo las incursiones policiales o militares la violencia terminaría siendo naturalizada: las bandas tienen organización, jerarquías, acciones planificadas, líderes barriales y benefactores. Un ejemplo viable podría ser la imitación de políticas de reducción de daños cuya vigencia en países primermundistas es constatable, sin dejar las acciones tradicionales: Portugal despenalizó el consumo de sustancias ilícitas o Canadá instaló dispensers de jeringas seguras.