Miles de jujeños despidieron al gran escritor y periodista Héctor Tizón
El paso de las personalidades y del pueblo en general por la Legislatura fue constante durante toda la noche, atendiendo la obra que proyectó a nivel mundial a través de las letras.
La familia de Tizón recibió innumerables mensajes de congoja y dolor por la irreparable pérdida, provenientes de escritores y políticos de todo el mundo. Está prevista la llegada a nuestra ciudad del ex candidato presidencial, el socialista Hermer Binner quien tuvo una estrecha relación con el hijo del escritor, Ramiro Tizón.
El escritor fue seupultado en horas de la tarde en el Cementerio de la localidad de Yala, distante a 13 kilómetros de la ciudad capital.
De Héctor Tizón quedará para el recuerdo su destacada labor como abogado, diplomático y político, aunque su pasión fue siempre la escritura, enrolándose en géneros como la novela y el periodismo, a pesar que siempre prefirió la intensidad y los límites propios del cuento.
María Esther Vázquez, periodista del Diario La Nación, en una oportunidad le preguntó a Tizón: ¿Deseas algo que te falte? Y él le respondió: “No. Sólo deseo conservar la paz que tengo y, si es posible, acrecentarla”.
Esa paz que hacía alusión la consiguió en su pueblo natal Yala, donde transcurrió sus últimos años. Por mucho tiempo le sirvió de inspiración el aire fresco de los jardines de la inmensa casa apostada en un verde llano, donde sólo se oían los trinos de los pájaros y el bullicio de los nietos que lo visitaban constantemente, sobre todo en los últimos años.
En esa paz de Yala estaba cuando comenzó con las dolencias cardíacas que finalmente lo llevaron a internarse en una clínica local donde finalmente dejó de existir.
Una vida descubriendo el mundo
Héctor Tizón fue un “trotamundos”. No sólo vivió muchos años en el extranjero, sino que también conoció muchos lugares viajando largamente por el mundo. Primero como diplomático entre 1958 y 1962; luego como exiliado desde 1976 a 1982. Vivió en México, París, Milán y Madrid, pero "su lugar en el mundo", al que volvía una y otra vez, fue Yala.
En el 43, con tan sólo 15 años debió radicarse en la vecina provincia de Salta, donde cursó el colegio secundario y empezó a bosquejar sus primeros cuentos en el diario “El Intransigente”, donde también se destacó como periodista. Paralelamente integró el grupo “La Carpa”, que nació en esa misma década por escritores de las provincias del noroeste argentino.
Posteriormente emigra a La Plata, para continuar sus estudios universitarios, graduándose en Derecho en 1953. Cinco años atrás, y siendo aún joven comienza su carrera diplomática, para luego se nombrado agregado cultural en México.
En el ´62 regresa a la Argentina, para desempeñarse como ministro de Gobierno, Justicia y Educación. También dirigió el diario “Proclama” y con el advenimiento de la dictadura militar, en 1976, se exilia en España donde continúa su labor como periodista en diferentes diarios y revistas.
Una vez retomada la democracia, regresa a Jujuy y empieza a transitar una nueva etapa en su carrera, la política. Se afilia a la Unión Cívica Radical y es electo como Convencional Constituyente Nacional, para representar a la provincia integrando el bloque radical que en ese entonces fue presidido por Raúl Alfonsín. Un año más tarde, es designado como Juez de Superior Tribunal de Justicia, como Juez Decano, y vicepresidente del cuerpo.
Residiendo en México escribe uno de los libros que lo impuso y lo destacó como escritor “A un costado de los rieles”. Desde este título parte su obra encaminada a descubrir los vaivenes de su lugar de origen contado mitos e historias, que logran una trascendencia “universal”, tal cual lo describiera el escritor Pablo Baca, porque son traducidas a diversos idiomas del mundo, francés, inglés, ruso, polaco y alemán, entre otros.
A partir de entonces, adopta las experiencias y vivencias en su tierra natal, para describirlas y la contarle al mundo, utilizando “La Puna” como lenguaje, centrándose en los problemas universales del hombre: la vida, la muerte, el amor, el sentido de la amistad, el odio, etcétera.
"El paisaje no es el marco que encuadra la historia o los personajes; el paisaje es la historia misma, porque así como el personaje engendra el paisaje, en un movimiento de endogénesis, también los personajes y sus historias sólo pueden ser concebidos en ese paisaje", describió en uno de sus relatos.
Si bien para Tizón no había estilos ni límites en su escritura, desde sus comienzos se destaca como cuentista, prefiriendo la intensidad y el límite propios del cuento.
Una de sus últimas novelas fue “La mujer de Strasser” una novela con lenguaje de los sueños, donde explica en el prólogo que "La narrativa no puede desobedecer a leyes casi tan inexorables como las de la física".