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Límites al desguace en el sector tabacalero

El gobierno impulsa medidas para el salvataje de un sector castigado por las deudas y las sospechas de corrupción. 

En el último lustro la producción fue cayendo en forma sostenida. Según estimaciones, se dejaron de plantar 8 mil hectáreas de tabaco, lo que se tradujo en más de 4 mil puestos de trabajo perdidos. 

Como contrapartida, las deudas que los productores fueron contrayendo con sectores usureros del mercado financiero crecieron exponencialmente. Alrededor de 1000 millones de pesos se estima que deben los ruralistas y las entidades que los representan. 

Mientras este vaciamiento de la producción se llevaba a cabo, un grupo minúsculo de productores grandes desembarcaba en la Cámara de Tabaco y se hacía cargo de la administración del Fondo Especial, la millonaria ayuda que entrega cada año el estado nacional para sostener la actividad en la región. 

El ex vicegobernador Guillermo Jenefes es la cara visible de esta situación. Se trata en definitiva de un productor que buscó ocupar lugares de importancia en la política para influir en las decisiones importantes para el sector, a través de emisarios como el actual presidente de la Cámara, Pedro Pascutini, un delfín de Jenefes en la dirigencia tabacalera. 

El resultado de sostener este esquema durante años es la tremenda crisis que atraviesa hoy la producción de tabaco. 

El nuevo gobierno tomó una decisión tan drástica como anunciada. Mediante un proyecto de ley que será tratado en la Legislatura, el ejecutivo apunta a quitarle la exclusividad en el manejo del Fondo Especial del Tabaco a la cuestionada Cámara y poner orden mediante la administración conjunta con el estado provincial. 

La reacción fue instantánea. El jenefismo comenzó con el lobby para frenar la iniciativa del gobierno, promoviendo la resistencia en productores que fueron beneficiados todos estos años por el reparto discrecional de los recursos, que en definitiva, son públicos. 

Sin embargo, el gobierno parece decidido a avanzar con los límites al desmanejo que vivió el sector tabacalero durante los últimos años.

La crisis y el fracaso de la actual dirigencia parecen darle motivos de sobra para intervenir.