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La sensación de una Jujuy "zona liberada"

Cada vez que las consultoras realizan muestras sobre el interés de los ciudadanos, los problemas que salen a la luz denotan que la agenda de la sociedad va por carriles absolutamente distintos a la de los gobiernos y los políticos.

En los últimos días, una consultora con domicilio en la provincia de Córdoba, realizó una muestra telefónica en nuestra provincia donde intentaba medir por dónde pasaban los intereses de los jujeños.

Por supuesto que la pobreza y la falta de trabajo encabezan la nomina de prioridades, pero el dato más importante es que ahora la seguridad aparece entre las principales preocupaciones, tema que siempre estuvo presente, pero ahora se acomoda entre los asuntos que más inquietan.

En realidad, lo que cada vez intranquiliza más a los jujeños es la falta de seguridad.

En Jujuy, la inseguridad se ha convertido en uno de los problemas más importantes para la población incluso ahora aparece por sobre la educación y la salud aunque por debajo de la pobreza y el desempleo.

Hoy, según las encuestas y los focus group, el 67% de los ciudadanos se sienten inseguros en el lugar donde residen.

La percepción de inseguridad se ha explicado desde la ciencia como “la perturbación angustiosa del ánimo que se deriva de la diferencia entre el riesgo percibido de ser víctima de un crimen y la victimización de hecho”, es decir, la sensación que tiene una persona de ser afectada por algún hecho delictivo o evento que pueda atentar contra su seguridad o integridad física y que derive en la vulneración de sus derechos como ciudadano.

Un término asociado al anterior es que la sensación de inseguridad es “la impresión que tiene la población sobre la situación de inseguridad construida con base en su experiencia personal y la vulnerabilidad que percibe de ser víctima del delito”. A su vez, este temor puede estar influenciado por una amplia diversidad de factores como la desventaja que algunos de los sectores de la población comparten debido a su menor capacidad de prevención y recuperación”.

La sensación de inseguridad es la percepción de amenaza que puede generarse de forma aleatoria en cualquier persona y que cuenta con una dimensión comparativa, es decir, que se conforma en gran medida por una evaluación de peligro frente a las condiciones de un entorno que provoca a su vez procesos emocionales de intranquilidad e insatisfacción que erosionan la confianza ciudadana en instituciones, además del deterioro progresivo de redes vecinales.

Estudios realizados en nuestro país y en el mundo, muestran que los ciudadanos optan por no denunciar los delitos de los que han sido víctimas, por dos tipos de razones: las primeras tienen que ver temores asociados a nueva victimización, o sea el temor a las represalias, venganza personal o contra sus seres queridos, evitar ser sujetos de chantaje o corrupción o por considerar que el daño fue irrelevante.

También existe una desconfianza en las autoridades policiales, ya que algunos consideran que es una pérdida de tiempo, que no consideran que la policía pueda encontrar a los responsables o también para evitar recibir un mal trato de su parte.

Hay un avance por lo menos en lo formal, Jujuy dejo de tener dos jefes de policía y ahora tiene un ministro.

Luis Martin es un hombre avezado en estas lides de la seguridad, es un hombre formado y tiene una vasta experiencia, sabe lo que está pasando, pero evidentemente no lo puede controlar.

La inseguridad en Jujuy subió, los hechos delictivos también aumentaron, el mentado mapa de la inseguridad, lejos de convertirse en una eficiente herramienta de gestión, fue convertido en un engranaje más de relato gubernamental.

Las fantasías del gobierno son diariamente contrarrestada con las vivencias de los vecinos, que vasa día cuentan como los delitos crecieron de manera exponencial, hay zonas que están absolutamente fuera de control.

La desazón ha llegado al extremo que los vecinos ya optaron por no hacer las denuncias del caso, simplemente intentan cuidarse entre ellos, por ejemplo organizándose para ir en grupo a esperar el colectivo, a la noche darse las alertas mediante grupos de mensajería, evitando que los niños vayan solos a la plaza de barrio, poniendo rejas en los domicilios y también iluminando exageradamente los frentes de las viviendas.

Lo que está claro es que a la policía de la provincia le faltan efectivos y recursos, no hay los suficientes para hacer frente a la demanda que crece exponencialmente.

Por momentos da la sensación que Martin es víctima de una corporación, de la mala corporación policial, entonces hay una pregunta absolutamente valida que la podemos hacer en este momento, ¿quién controla la calle?

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