Aquella inauguración representaba la primera reacción significativa del Gobierno provincial ante los aberrantes crímenes de Facundo Bonilla en Palpalá y Daniel Díaz en Libertado General San Martín, ocurridos semanas antes.
La nueva Central de Policía paralizada a 27 días de su inauguración
El pasado 6 de mayo, en un pomposo acto, el gobernador de la provincia, Eduardo Fellner, junto con la primera línea de funcionarios de su gobierno, se complacían en cortar la cinta del nuevo edificio de calle Santibáñez, en donde funcionaría la flamante Central de Policía. Se trataba de un "moderno" edificio, afirmaba la publicidad oficial.
Horas después, el diputado Javier Hinojo, presidente del bloque justicialista en la Legislatura, se apresuraba a decir que la difundida inauguración demostraba que el Gobierno sí tenía una política de seguridad.
Dime de que te alabas y te diré de qué careces, señalaban algunos conocedores de la real situación. En efecto, hoy aquel gran evento parece desvanecerse.
El edificio de calle Santibáñez permanece desolado, con la presencia de dos guardias y un patrullero.
¿Por qué no se pone en funcionamiento la nueva Central de Policía?
La respuesta parece encontrarse en los rumores cada vez más insistentes sobre las graves falencias en la estructura del edificio.
Cuentan en los pasillos del Ministerio de Gobierno, que semana atrás, el jefe de Policía Roberto Paniagua, junto con los ingenieros responsables de la obra, concurrieron al lugar con el objetivo de realizar una prueba de las instalaciones eléctricas, pero al encender la primera llave, un estruendoso estallido habría dejado inservibles las conexiones.
Los daños habrían sido tan importantes, que la flamante central permanecería inutilizada, al menos, por los próximos cuatro meses.
De la misma forma que ocurrió con el penoso caso de la nueva Maternidad, la pregunta recurrente es ¿para qué inauguraron la Central de Policía en esas condiciones?
La respuesta aparenta ser siempre la misma: un Gobierno apurado por mostrar gestión ante el avance de la delincuencia, comete otro acto de torpeza que lo deja expuesto ante la sociedad.
Dime de que te alabas y te diré de qué careces, señalaban algunos conocedores de la real situación. En efecto, hoy aquel gran evento parece desvanecerse.
El edificio de calle Santibáñez permanece desolado, con la presencia de dos guardias y un patrullero.
¿Por qué no se pone en funcionamiento la nueva Central de Policía?
La respuesta parece encontrarse en los rumores cada vez más insistentes sobre las graves falencias en la estructura del edificio.
Cuentan en los pasillos del Ministerio de Gobierno, que semana atrás, el jefe de Policía Roberto Paniagua, junto con los ingenieros responsables de la obra, concurrieron al lugar con el objetivo de realizar una prueba de las instalaciones eléctricas, pero al encender la primera llave, un estruendoso estallido habría dejado inservibles las conexiones.
Los daños habrían sido tan importantes, que la flamante central permanecería inutilizada, al menos, por los próximos cuatro meses.
De la misma forma que ocurrió con el penoso caso de la nueva Maternidad, la pregunta recurrente es ¿para qué inauguraron la Central de Policía en esas condiciones?
La respuesta aparenta ser siempre la misma: un Gobierno apurado por mostrar gestión ante el avance de la delincuencia, comete otro acto de torpeza que lo deja expuesto ante la sociedad.

