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La marcha que terminó en violencia

El legítimo reclamo de los docentes y de muchos trabajadores estatales quedó salpicado por los graves hechos de violencia y el intento de aprovechamiento político de sectores que, con mezquindad, buscaron subirse a una multitudinaria expresión de la gente con el sólo fin de encontrar algún beneficio político en el año electoral.

La presencia de los diputados jujeños del Frente Para la Victoria, los mismos que hace 15 meses fueron echados del gobierno en elecciones, tras permanecer casi dos décadas en el poder aumentando la pobreza y la corrupción hacia niveles nunca vistos, no hicieron más que contaminar los guardapolvos blancos que, con argumentos discutibles, sostenían una demanda real: la necesidad de un mejor salario.

La escena fue paradójica: los mismos que hundieron al 50 por ciento de la población jujeña en la pobreza y a un 15 por ciento de ella en la indigencia desde finales de los noventa, le reclamaban a un gobierno que tiene poco más de un año, que resuelva todos los problemas sociales que ellos mismos crearon.

Pero la presencia de Guillermo Snopek o los parientes de Fellner  ayer en la movilización no obedece sólo al cinismo: a pocos meses de las elecciones necesitan que el electorado al menos identifique sus rostros, algo que hoy no sucede pese a que sobreviven en los cargos públicos desde décadas.

Lo que vino después fue bochornoso.

Casi confirmando que la violencia y la intolerancia para participar en política se encuentra en el ADN de quienes profesan el kirchnerismo, todo terminó mal.

En Jujuy, los manifestantes arrojaron una bomba de estruendo a centímetros de donde se encontraba toda la prensa cubriendo la marcha, que había sido multitudinaria.

Un equipo periodístico de Canal 2 sufrió las consecuencias: la bomba de estruendo impactó en el cuerpo del camarógrafo Alejandro Muñoz hiriéndolo gravemente.

Por si la muestra de barbarie no alcanzara, mientras el trabajador de prensa todavía se encuentra en el hospital, muchos de los mismos que participaron de la marcha continuaron con su actitud salvaje en las redes sociales, calificando al irracional acto de encender pirotecnia en medio la multitud como un “accidente”. Muchos de los que defendieron esta salvaje postura son docentes.

En Buenos Aires, la escena no distó mucho del patetismo que se vio en Jujuy. Apurados por determinar la fecha de una nueva protesta contra el gobierno nacional, el sector kirchnerista que copó la marcha en Capital Federal provocó destrozos ante la indefinición de la dirigencia gremial.

La imagen del final fue todo un símbolo: el más sacado de los manifestantes, vociferaba desde un atril con una remera que tenía el rostro de Milagro Sala.

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Así estamos.  
 

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