La fiesta de disfraces que terminó en desgracia
Alrededor de 80 adolescentes llegaron hasta una casa quinta en la localidad de Reyes para celebrar Halloween, pero, en medio de excesos, la tragedia se hizo presente: una menor de 17 años perdió la vida producto de una bronco aspiración.
La justicia investiga un episodio trágico ocurrido la madrugada del sábado 29 de octubre.
Emilce Pérez, de 17 años, alumna de 5to año en el Colegio Nuestra Señora del Huerto, perdió la vida en un hecho desgraciado, mientras participaba de una fiesta privada que se realizaba en una casa de fin de semana, situada en Villa Jardín de Reyes.
A pesar de las múltiples versiones, todavía no hay datos ciertos respecto de su organización.
Los primeros trascendidos hablan de una fiesta de disfraces organizada con la celebración de Halloween como pretexto, coordinada por los propios chicos.
Los medios para abonar el alquiler de la vivienda los habrian facilitado los padres de uno de los menores, que festejaba sus 18 años.
Las circunstancias en las que muere Emilce son aún materia de investigación por parte de la Fiscalía N° 2, a cargo de Gustavo Araya.
Las versiones son escabrosas. Todas coinciden en la excesiva ingesta de alcohol por parte de los menores, incluida la víctima.
Al reconstruir los hechos, los investigadores habrían concluido que la adolescente fue hallada por sus compañeros fuera de la vivienda, en una rotonda situada a metros del lugar de la fiesta.
Allí permanecía inconsciente. Los jóvenes que se encontraban con ella habrían decidido trasladarla nuevamente hacia la casa.
Se desconoce cuanto tiempo permaneció allí en ese estado. Sólo cuando alguien advirtió que su situación era grave por su palidez atinó a llamar al servicio de emergencia.
Cuando estos llegaron ya era tarde, nunca pudieron reanimarla.
El primer diagnóstico habla de una muerte por bronco aspiración, lo que hace suponer que pudo haberse ahogado con su propio vómito.
Un vecino había denunciado horas antes el elevado nivel de descontrol y excesos que se observaba en el lugar de la fiesta.
Un patrullero había concurrido al lugar pasada la medianoche, pero el jolgorio continuó tras su retirada.
Con los hechos consumados, la Policía regresó al lugar. Los 25 menores que permanecían allí fueron demorados.
Durante la mañana, cada uno le contó su versión de los hechos a las autoridades de la Brigada de Investigaciones.
El llanto y la angustia de los progenitores y sus hijos se notaba en cada rostro y se podía percibir en el ambiente.
Los interrogantes que deja este trágico suceso son varios.
Un sector de los adolescentes de clase media parece haber reemplazado hace tiempo la concurrencia los boliches por la organización de fiestas privadas en las afueras de la ciudad.
Sin embargo, esto conlleva una serie de irregularidades que pasaron desapercibidas durante este tiempo porque las desgracias no habían aparecido.
Hoy quedan expuestas. Los vecinos de la zona dicen que las fiestas son una constante.
Inicialmente, el propietario de la vivienda y quienes realizaron su arrendamiento quizás tengan que explicar porqué facilitaron el ámbito para que la fiesta se desarrolle, sin observar que las actitudes irresponsables de los menores necesitaban la supervisión de una persona adulta.
El Estado por su parte suma un nuevo fenómeno al que deberá ponerle atención: las fiestas privadas engendran un riesgo que hasta hoy nadie había medido.

