Fe y devoción para honrar a la Virgen de Punta Corral
“No hay devoción más grande que el sacrificio”, sabía decir un viejo sacerdote. Ese sacrificio se traduce en la fe y en la misión de peregrino que necesitamoslos hombres para peregrinar a Punta Corral.
Todos los años, miles de peregrinos renuevan su fe y devoción a la Virgen de Copacabana de Punta Corral, con un largo peregrinar que parte desde la localidad de Tumbaya.
Esa fe se mantiene intacta desde hace más de medio siglo, tiempo que empezó a tejerse la historia de la “virgencita” que se le apareció en julio de 1835, a don Pablo Méndez, que se encontraba pastando sus ovejas.
La “señora blanca de cabellera reluciente” que describió en aquel momento don Méndez, era nada más y nada menos que la Virgen de Copacabana, que luego adopta el nombre de Punta Corral en referencia al lugar donde vivía don Méndez y su familia.
Hablar de la historia de las peregrinaciones, nos remonta a muchos años después de aquella aparición, cuando se empieza a cumplir uno de los primeros designios de la Virgen, la construcción de la capilla. Fue un 21 de marzo de 1889, cuando se rinde honor a Dios y a la “Santísima Virgen de Copacabana”, y desde entonces empiezan las peregrinaciones y bajan la imagen a Tumbaya hasta 1917.
Luego la imagen de la Virgen sería bajada por Tilcara, pero se peregrinaba por Tumbaya, desde donde se subía a Punta Corral a su santuario, gracias a un acuerdo que habían arribado los devotos de ambos pueblos. Esta peregrinación, se mantuvo hasta 1967, aproximadamente. En esos tres años, hubo severas disputas que se acentúan en 1970 entre las comunidades de Tumbaya y Tilcara. Desde ahí el esclavo D. Méndez, descendiente directo de don Pablo Méndez, dispone que la imagen de la Virgen baje solamente a Tumbaya llegando a esta localidad el Domingo de Ramos.
Todos los años miles de peregrinos que suben por Tilcara (18 km), Tunalito (11 km), Tumbaya (22 km) van al encuentro de la Virgen en el santuario de Punta Corral, y luego bajan todos juntos a las seis de la mañana acompañando a la imagen.
A lo largo del agreste camino, ya desde las cinco de la mañana en distintos lugares los peregrinos hacen filas para cargar la imagen que pesa poco más de 20 kilos y que es bajada en su altar de madera.
Actualmente son dos las imágenes de la Virgen de Copacabana que se veneran en la Quebrada, una de ellas desciende durante el Domingo de Ramos a Tumbaya y la otra el Miércoles Santo a Tilcara.
Para la fe las dos imágenes tienen el mismo significado y el mismo valor religioso, porque la Virgen es una sola, que transmite su mensaje divino a todos por igual.
La peregrinación más importante es la que se realiza por Tumbaya y la gente comienza a ascender hacia Punta Corral dos o tres días antes del Domingo de Ramos. La principal protagonistas de este ascenso son los jóvenes y las tradicionales bandas de sikuris, que al ritmo de villancicos y tonadas norteñas, acompañan el paso de los peregrinos, como un son mágico que anima hasta el más débil a seguir trepando los cerros.
El ascenso por Tumbaya se hace por detrás de un cerro o loma larga que se observa a la derecha de la ruta entre Tumbaya y Tilcara. Esta senda está muy bien marcada, se dice que fue construida por los Incas, al igual que otras que describiremos. La longitud es de más o menos 22 Kilómetros, siendo la más larga pero con menor pendiente.
A medida que se va avanzando, si lo hace en horas de la noche, el peregrino se encuentra con un lugar ventoso, donde poco a poco va ganando el paisaje las nubes y la neblina. Allí el clima es sumamente frío, sobre todo en el mes de abril, con temperaturas que muchas veces superan la mínima de bajo cero.
La intemperie, el frío viento y, muchas veces la lluvia, se confabulan para hacer mucho más denso el ascenso, pero aún así muy pocos peregrinos son los que prefieren desistir de su ascensión volviéndose al lugar de origen o pernoctando en algún calvario.
A lo largo del camino, son los calvarios los que marcan el ritmo de la marcha. A unos 10 kilómetros de la ruta se encuentra el primero de ellos y hasta allí el camino es toda playa de río y se hace necesario prestar mucha atención cuando se camina para evitar accidentes.
Del primero al segundo calvario, el caminar casi ni se lo siente porque la primera trepada y la más dura han sido superadas.
Del segundo calvario al tercero se hace el camino muy pesado, sobre todo porque en este lugar muchos peregrinos suelen descansar largo tiempo y por allí pierden el ritmo del ascenso. Pero una vez que se superan los primeros mil metros, comienza un tramo de subidas y bajadas que hace más entretenido el caminar.
Arribado al tercer Calvario ya se puede aventurar uno a pensar que en poco tiempo más se arribará a Punta Corral y un breve descanso invita a cumplir ese objetivo. El cuarto calvario está a poco kilómetros de Punta Corral.
En el pequeño pueblo, que consta de una plaza central, la iglesia de Punta Corral, y unos caseríos de baja estatura alrededor, esa jornada se pinta de miles de colores de carpas que van armando los peregrinos para el descanso y el pernocte.
Generalmente el ascenso comienza el día viernes y el sábado ya están la mayoría de los peregrinos sobre todos aquellos que luego van a ascender al Abra de Punta Corral ubicado a 12 kilómetros, trepando un cerro que a simple vista desanima a cualquiera, pero siempre la fe puede mucho más. En el Abra, el paisaje agreste, frío y seco se distingue con una gigantesca apacheta a la Pachamama en un cruce de caminos.
El ascenso a estos lugares también se suele realizar partiendo desde Tunalito, pero es de mucha mayor pendiente hasta llegar a la cima del cerro, donde desciende directamente sobre Punta Corral.
La otra subida se realiza desde Tilcara, por el costado de la Garganta del Diablo, Chilcaguada, y nuevamente Punta Corral. Este sendero también está generalmente muy bien construido, es ancho, y se lo repara todos los años después de que pasan las lluvias.
El descenso de la Virgen se produce el domingo de Ramos. A las seis de la mañana, parte la peregrinación con la Virgen a cuestas. Desde el primer Calvario los peregrinos son quienes llevan al hombro la Imagen hasta el pueblo de Tumbaya.
En horas de la tarde, aproximadamente a las 17, Cruzando el Río grande y la ruta 9, se abre un inmenso arco adornado por flores de varios colores, por donde se ingresa al pueblo y luego a la iglesia del lugar. La Virgen baja acompañada de por numerosas bandas de Sikuris entonados por niños y jóvenes que llegan de distintos puntos de la provincia para honrar a la Virgen.
Para los jujeños esta devoción es primordial en las celebraciones de la Semana Santa. Cuando la “Virgencita” llega al pueblo se siente retumbar la música de los sukuris, se levanta los pañuelos al aire y se arrojan flores de virreina, estatices y claveles saludando a la una Imagen sagrada.

