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Evita, la abanderada de los humildes

Hoy, 26 de julio se cumple un nuevo aniversario de la desaparición física de la mujer que se transformó en un emblema por su amor por los desposeídos y su apasionada lucha por la justicia social.

El recuerdo más vivo que tienen los jujeños de María Eva Duarte de Perón, son de su paso por Jujuy es en dos ocasiones. La primera aquel 22 de octubre de 1947 que llegó acompañando al entonces presidente Juan Domingo Perón. Luego arribó el 5 de junio de 1950 para inaugurar el Hogar Escuela “Coronel Domingo Mercante”, actualmente denominada “Hogar Escuela José de la Iglesia” y la Clínica de Recuperación Infantil Presidente Perón de Termas de Reyes (hoy Hotel Termas de Reyes).

Ambas obras fueron ejecutadas por la Fundación de Ayuda Social que llevaba su nombre, institución que había iniciado la acción pública hacía dos años.

Una vida corta y refulgente la convirtieron en un mito; un mito que en ocasiones vela la real y concreta dimensión de su militancia, porque la “causa Perón” no tendría significado si no se reconoce la lucha de esta una humilde mujer.

Para el pueblo era simplemente “Evita”, nacida en Los Toldos, provincia de Buenos Aires, el 7 de mayo de 1919. Fue la esposa de Juan Domingo Perón y primera dama durante su primer gobierno.

En su paso por Jujuy dejó muchos recuerdos. En su última visita, el pueblo jujeño la recibió con todos los honores y  se vistió de fiesta. Miles de personas se agolparon desde temprana hora por donde ahora es el “Parque San Martín” y Avenida España, a la espera del tren que la trasportaba. Fue un día especial que quedó grabado en el recuerdo de los jujeños.

Este último viaje, formaba parte de una gira que realizaba por el norte argentino en un tren especial. En esa ocasión fue acompañada por el vicegobernador de Buenos Aires, José Luis Passerini y a lo largo de la misma, al igual que en Jujuy, inauguró diversos centros de asistencia social.

Evita dedicó sus escasos años de vida a la asistencia social a través de la fundación por ella creada en 1948. Su obra fue inmensa y se transmitió a cada rincón de la Argentina, y gracias a ese acompañamiento fiel que le brindó al General Perón, se ganó el mote de “Abanderada de los humildes”.

El rótulo, significa la inmensa lucha que encaró junto al General Perón, en beneficio de los desposeídos, humildes y sobre todo en reconocimiento de los derechos de la mujer. La participación de Evita en la cuestión del voto femenino fue determinante. Esta reivindicación comenzó a principios de siglo con el movimiento feminista y se mantuvo hasta la década del 40.

Evita no utilizó el sueldo de Perón para comenzar su obra,  usó $10,000 pesos de su propio dinero como el primer patrimonio de la Fundación, que tenía por metas:  Prestar dinero; facilitar elementos de trabajo; otorgar becas; construir viviendas para familias indigentes; construir establecimientos educacionales, hospitalarios, recreativos, y cualesquiera otros que la Fundación creyese necesarios; construir establecimientos benéficos de cualquier índole que podrían ser transferidos al Estado y contribuir o colaborar por todos los medios a su alcance a la realización de obras esenciales para una vida digna de las clases sociales menos favorecidas.

En la Fundación, Evita recibía personalmente a los necesitados y se ocupaba de sus urgencias. Con fondos provenientes de aportes voluntarios, aportes obligatorios –deducciones de los jornales de los trabajadores–, donaciones de empresas privadas y fondos del Estado, la Fundación adquiría alimentos, ropa, máquinas de coser, libros y juguetes que distribuía a familias carentes del país. Ahora, si su acción social se hubiese limitado a esta entrega de bienes, poco hubiese diferido de “la beneficencia”. Lo importante de la Fundación es que motorizó la obra pública de carácter social, a la vez que promovió los derechos de los trabajadores, de los ancianos y de los niños no a recibir una dádiva sino a participar de los beneficios del Estado.

Evita era todo pueblo y se ocupó  personalmente de “la beneficencia”. En aquellos años esta rama estaba a cargo de las familias pudientes de cada ciudad del país y la Iglesia, que se limitaba a subvencionar unas pocas instituciones de ayuda.

Con el advenimiento del peronismo, este modelo se hizo añicos. La Sociedad de Beneficencia de Buenos Aires, fundada por Bernardino Rivadavia, designaba presidenta honoraria a la primera dama. Cuando Eva Perón reclamó el cargo, le fue negado bajo varias excusas. Así, el gobierno dispuso el 6 de setiembre de 1946 la clausura y disolución de la Sociedad y su lugar es ocupado por la Fundación Eva Perón.

El 26 de julio de 1952 falleció, víctima de cáncer, en Buenos Aires. El cuerpo fue embalsamado y en 1955, cuando se produjo la caída de Perón, el nuevo gobierno dispuso enviarlo al exterior. En 1972 se entregaron los restos a Perón en Madrid y el 17 de noviembre de 1975, siendo presidenta de la nación María Estela Martínez de Perón, los mismos fueron repatriados y depositados en la cripta de la residencia presidencial de Olivos, junto con el féretro de Perón. En octubre de 1976.  Durante el gobierno militar encabezado por el general Jorge Rafael Videla, la familia trasladó el cuerpo al cementerio de La Recoleta.

Evita fue la abanderada de los humildes, la jefa espiritual de la Nación, la más amada y la más odiada. Despertó pasiones y críticas; se convirtió en leyenda. Su nombre escribió un capítulo único en la historia argentina de este siglo.

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