Política | Jujuy |

El camino desvirtuado de la tecnología

La familia, la escuela y la propia política deben hacer frente a una carencia fundamental de herramientas para encausar el mal uso de las tecnologías.

Esta sociedad moderna tiene un déficit muy importante, los valores. Vivimos en una sociedad convulsionada, la tecnología ha secuestrado a las personas. Los celulares son un arma útil pero peligrosa. No hay controles sobre el acceso de los jóvenes a cierta información.

El 80 por ciento de la información que circula en los teléfonos o en los videojuegos y otras formas van en contra de los valores. Aquí es fundamental el rol de los padres para inculcar valores a sus hijos.

Pregunto ¿la escuela está discutiendo a esta hora como se les enseña a los alumnos que son los antivalores? ¿Está este debate instalado en el despacho de la ministra o de sus directivos de escuela?

La semiótica está complicando la cabeza de millones de jóvenes ya que no te enseña sobre moral, urbanismo y educación cívica. Por el contrario, los mensajes tienen que ver con sexo, drogas y otras cuestiones.

La política debería irradiar valores, sin embargo está poseída por las vanidades, lo cual es imperdonable.

Niños y jóvenes son receptores de mensajes que le desvían la atención este no debería ser el objetivo de las redes sociales definidas por el gran Humberto Eco como legiones de idiotas.

Lo virtual y lo terrenal no tienen consenso, no hay un equilibrio entre la tecnología y el diálogo entre las personas.

Hay que volver a la comunicación, hay que reparar este divorcio entre padres e hijos. Hoy predominan los caminos torcidos por sobre los caminos rectos.

Hay que enderezar esa tendencia volviendo a las fuentes. Volver a las fuentes es tener una vida normal, para transformarse cada uno en ciudadanos de bien.

En ese sentido, la familia debe ser el centro de operaciones y la escuela una base externa fundamental.

Ambas deben complementarse pero para ello la política debe producir ese acercamiento y promover la firma de ese pacto.

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