Del exitismo al temor: por qué Jujuy quedó en 40 días al borde del colapso
- 42 días fatídicos de pandemia en Jujuy.
- La provincia pasó de 6 a 1.117 casos de COVID 19, y ya son 39 los muertos.
- Vuelta a fase 1 y pedido dramático: volver al encierro estricto.
“Nunca pensé que íbamos a tener casos con la potencia con la que ha llegado el coronavirus a Jujuy”.
La sorpresa/confesión del gobernador Gerardo Morales durante la teleconferencia del 17 de julio con el presidente Alberto Fernández, revela en cierta forma el estupor que ha causado en el equipo de gobierno el frenético aumento de casos de COVID 19 en Jujuy, que pasó de sólo 6 enfermos el 11 de junio a 1.117 el 22 de julio, con el lamentable saldo de 39 fallecidos.
En sólo 42 días, Jujuy pasó de ocupar espacio en la agenda informativa de los principales medios de comunicación del país por el “éxito” del control sanitario y el avance hacia “la nueva normalidad”, a encontrarse en una situación límite: en la primera semana de agosto podrían acabarse las camas de terapia intensiva disponibles de mantenerse este ritmo de contagios.
El pronóstico de la provincia es reservado. Lo muestran los indicadores pero además se notó con elocuencia en el tono de voz del secretario de salud, Pablo Jure, responsable de administrar las camas en los hospitales jujeños, durante el último informe del Comité Operativo de Emergencia (COE). “La situación es preocupante, hoy estamos en condiciones de atender, todavía”, dijo el funcionario. Hoy tenemos espacio, dentro de una semana no sabemos, es lo que transmitía su expresión.
En efecto, las camas para pacientes críticos son 172, pero sólo 100 están equipadas con respiradores artificiales, según la información proporcionada por el propio gobierno a través del COE. De ese total, 110 camas ya se encuentran ocupadas.
El reporte de casos viene en ascenso y en la última jornada hubo 111 contagios nuevos. Se estima que el 5% de los enfermos ingresa a terapia intensiva. De mantenerse ese ritmo, en la primera semana de agosto podría haber 1.200 nuevos contagios y 60 personas que ocupen las camas críticas que quedan disponibles.
A su vez, la cantidad de especialistas preparados para manejar el equipamiento de las Unidades de Terapia Intensiva (UTI) se sabe escaso, aunque el gobierno local evita precisar la cantidad de intensivistas disponibles. En las últimas horas, Morales celebró el arribo de 3 médicos y 4 enfermeros procedentes de Córdoba.
Hay otros dos indicadores considerados clave que en la provincia se muestran altos y reflejan un mal panorama: la tasa de letalidad y la cantidad de contagios en el sistema de salud.
El primero, está por encima del promedio general. La tasa de letalidad en el país es 1,8%, y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, epicentro de la pandemia en Argentina, es de 1,9%. En Jujuy sin embargo, este índice oscila entre el 3,3 y 4%. Se trata del promedio de personas fallecidas en relación a la cantidad de enfermos.
Al respecto, el médico infectólogo Carlos Remondegui, quien no forma parte del COE pero por su experiencia emerge como una voz de consulta en las últimas jornadas en las que se agravó la situación, consideró que una posible explicación es la baja cantidad de testeos que realiza la provincia.
“En Jujuy se realizan un promedio de 20 testeos cada 100 mil personas, mientras que Chaco, por citar un ejemplo, testea a 80 personas cada 100 mil habitantes, lo que permite detectar una mayor cantidad de casos positivos y eso, en consecuencia, bajaría la tasa de letalidad”, explicó.
En otras palabras y según este razonamiento, la letalidad del virus sería la misma, pero habría muchos más contagios de los que se conocen.
“No hay impericia médica ni condición física diferente en los jujeños, lo que ocurre es que casi con seguridad hay más enfermos de los que conocemos”, remarcó el especialista.
En cuanto a los contagios en el sistema sanitario, el escenario tampoco es alentador. En el ámbito nacional, la cantidad de personal de salud contagiado, en relación al total, es del 7,8%, según el reporte diario que brinda la Secretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizzotti. En Jujuy, mientras el COE daba a conocer esa cifra, el porcentaje de médicos y enfermeros con coronavirus trepaba al 30% en relación al total de enfermos, y en algunas jornadas la cifra podía ser más alta. En las últimas dos semanas, se dejó de comunicar los datos discriminados por lo que ya no se puede distinguir cuántos de los positivos corresponden al sistema sanitario.
¿Qué fue lo que ocurrió?
La versión oficial apunta a dos policías que formaron parte de un viaje del gobernador al paso fronterizo La Quiaca – Villazón y supuestamente contrajeron el virus al cruzarse a Bolivia para comprar hojas de coca.
El hecho ocurrió los primeros días de junio, cuando el gobierno de Jujuy probaba aperturas progresivas de actividades comerciales y turismo interno, mientras mantenía una suerte de “guerra fría” con funcionarios del gabinete nacional que le reclamaban coordinación y decisiones conjuntas. El mayor exponente de esta conflictiva convivencia fue el Ministro de Educación, Nicolás Trotta, quien hizo público su malestar con las decisiones unilaterales de la provincia en aquel momento.
Más allá del episodio, que aún está siendo investigado por la justicia, la llegada del brote puso a prueba la preparación del sistema de salud, que tuvo tres meses para fortalecerse. Los resultados, hasta el momento, son inciertos.
El gobierno asegura haber invertido 493 millones de pesos en un sistema independiente para atender la pandemia. Montó 10 hospitales de campaña, con 569 camas para pacientes no críticos y atención a distancia para internaciones domiciliarias con seguimiento.
Las críticas, no obstante, arrecian para este armado: la atención telefónica tiene demora de más de una hora y la precariedad de las instalaciones montadas ha sido cuestionada en más de una ocasión.
El manejo de la comunicación ha sido, como mínimo, polémico. El gobierno hizo de los reportes sanitarios una producción televisiva, en la que el gobernador Gerardo Morales deviene en conductor, que realiza anuncios y dirige contenidos. Tuvo una frecuencia diaria cuando no se registraba circulación comunitaria y se discontinuó a tres veces por semana en el peor momento de la pandemia. Suelen durar más de una hora, desfilan ministros y funcionarios exponiendo tareas realizadas, pero el resultado es una comunicación poco efectiva: en ocasiones abundan datos seleccionados a conveniencia. Se dice mucho y se informa poco.
Hoy el discurso se ha convertido en un llamado casi desesperado a la población a retomar el encierro. La vuelta a fase 1 estricta encuentra a la población con enormes dificultades económicas, como lo expresa el sector gastronómico, que ha perdido cerca de un tercio de sus emprendedores.
Sin embargo, el temor por el impacto de la enfermedad predomina, y la ciudadanía está obedeciendo el mandato de permanecer en sus casas, a pesar de todo.