Jujuy | #Historias |

"Ambulantes", esos que se ganan la vida en la calle

Mezcla de esfuerzo y voluntad para salir adelante, mezcla de decisión y audacia para hacerlo, mezcla de sueños y metas para seguir. Son ellos, los vendedores ambulantes de Jujuy.

Como cada semana salimos a recorrer las calles para encontrarnos con la otra cara de la realidad, la que es difícil y que más nos cuesta mirar. En esta ocasión vamos a meternos en la jornada laboral del ambulante, ese que trabaja sol a sol, noche a noche, no mide peligros, y sabe que si no sale a trabajar no tiene para comer en el día.

En los alrededores de calle Urquiza nos encontramos con Ariel, un limpiavidrios que comenzó su oficio hace 20 años. Todos lo saludan porque ya lo conocen, el saluda y espera que el semáforo se ponga en rojo para poder ofrecer su servicio.

Nos contó, “Estoy haciendo ocho, nueve horas entre mañana y tarde. Ahora capaz me voy porque el sol no se aguanta.  A veces lavo vidrieras, lavo autos, lo mío es la limpieza”.

Vive con su esposa y tienen dos hijos que van a la primaria, su oficio es el sustento del hogar que formó, por eso lo cuida e insiste en que para trabajar en la calle hay que ser respetuoso.

“La gente tiene sus días, hay gente que tranquilamente se hace lavar. Gracias a Dios los jujeños somos buenos, hay muchísima gente buena. Mi meta es ponerme un lavadero, llegar por mis propios medios a tener mis cosas y dedicarme a lavar autos; mi sueño es que mis hijos terminen de estudiar porque sin estudios en este país no sos nada”.

Si nos detenemos a pensar un momento, la mayor parte de la sociedad jujeña vive de la actividad comercial, algunos en el plano formal y otros, en la informalidad. Los ambulantes están en este segundo grupo, que a la vez podríamos dividirlos entre aquellos que lo hacen por necesidad -y lo dejarían si apareciera una oportunidad mejor- y aquellos que tienen otras oportunidades pero aman lo que hacen.

En el caso de Rocko, por ejemplo, es el amor a la música lo que hace que algunas tardes se pare a ofrecer su arte a quienes pasan por calle Belgrano. Rocko es estudiante del profesorado de música y tiene dos hijos pequeños que a veces lo acompañan a tocar, Dylan y Bautista.

“Bautista sale del conservatorio a las 18 y desde las 18 hasta las 20 máximo, estamos aquí, después vienen los inspectores. En casa practicamos a full, tengo otro nene de 6 años -Dylan- que también que es batero y violero como Bautista”.

Para mantener a su familia hace changas, pero la música también lo ayuda a ganarse unos pesos.

Enseño guitarra, soy instructor, también hago artesanías, hago electricidad, hago ‘changas’, pero lo mío es la música. A veces vengo con los dos chicos y están los dos, se hacen turno en la batería”, contó.

Un día se le acercó una persona que era de otro país y le preguntó si no tenía miedo que lo metieran preso por trabajar con su hijo. Le contestó que a su hijo no le exije que toque con él, y claro está que cuando Rocko para de tocar, Bautista sigue tocando solo.

Muchos la pelean en familia, entre ellos se dan fuerzas para levantarse todos los días a enfrentar lo que les tocó.

En el camino conocimos a Asunción, madre y abuela, ella junto a su esposo tienen un puesto de venta de comida con aires de hogar y una atención cálida que dan ganas de volver.

“Trabajaba en una empresa privada con mi esposo y en el 2012 me descubren una enfermedad crónica y me dejan sin trabajo de la noche a la mañana. Mi esposo me dice ‘qué vamos hacer ahora’ y le dije vamos a vender, algo tenemos que hacer, porque los chicos estaban estudiando”.

Estaba decidida, un día empezó a vender api con buñuelos, después empandas, después otras comidas, algunos jugos, y así desde hace cinco años que se instalaron en un lugar que antes era un basural. Lo limpiaron, lo arreglaron y ahí es donde ahora pasan la mayor parte del día.

“Nuestra vida es así, somos cinco familias que dependemos de esto. Tenemos cinco hijos de los cuales ninguno tiene trabajo. Vivimos más acá que en la casa, y lo que espero es que nunca nos falte para reponer la mercadería”.

Como padres y madres que son, los ambulantes esperan brindar a sus hijos un futuro mejor, sueñan con que ellos tengan un buen trabajo, una profesión y ese pensamiento que merodea en su cabeza es el motor que no les deja bajar los brazos.

Dante vende diarios y algunas que otras cosas en los semáforos. Trabaja en las calles desde muchos años y la conoce en todas sus formas. La calle como oportunidad, como incertidumbre, como injusta o como escuela, la calle a Dante le dio todo.

“Trabajo de esto porque amo este trabajo, para mi trabajar en la calle es como si estuviera jugando al fútbol con la selección argentina. Me ofrecieron otros trabajos pero los rechacé”.

Tiene tres hijas, una recibida y otras dos estudiando en Córdoba. Junto a su esposa se esfuerzan para pagar los gastos y que ellas puedan aspirar a una vida mejor. Como Ariel, Dante nos recalcó que la clave de trabajar como ambulante es respetar al otro.

“El respeto con la gente es la clave de todo, ahí está la diferencia, el 95% de los buscas faltan el respeto porque la calle te enseña eso, pocos  agarran lo bueno de la calle. Yo agarro lo bueno, pero conozco lo malo”.

La ciudad también tiene su lado salvaje y eso lo saben sobre todo los que trabajan de noche, como en el caso de Moisés que hace 22 años que trabaja de lunes a lunes en un carro vendiendo ‘sanguches’.

“Si o si tengo que vender para solventar los gastos. Me quedo hasta las 1.30 a veces más tarde y de viernes a domingo hasta las 3. A la mañana voy a comprar todo para cocinar a la noche”.

Todos ellos son sólo algunos de los muchos que hay. Detrás de cada ambulante hay una historia, un motivo u objetivo. Ellos, los de mirada siempre alerta y de una predisposición enorme, esperan que los que tienen un mejor pasar les puedan dar una mano, pero no a cambio de nada, siempre tienen algo para ofrecer. Por eso cada vez que puedas, comprales algo, poco o mucho, puede ser lo que les está faltando para ese día...

 

Si querés ver el capítulo completo de "Vagabundo", click en este link.

Temas

Dejá tu comentario