Hay un solo grito federal: El de intendentes que reclaman coparticipación provincial
El gobernador compartió el “grito federal” junto a los gobernadores de Chubut, Santa Fe, Córdoba y Santa Cruz. Esto, refleja una situación que merece ser analizada con claridad y sin matices. Es cierto que la unión de los gobernadores en defensa de una misma causa puede ser un acto de respaldo y de búsqueda de autonomía, pero también hay que preguntarse: ¿están siendo coherentes con sus propias palabras y acciones?
El gobernador Sadir, en particular, ha tenido en su discurso y en sus gestiones una oportunidad concreta para demostrar ese federalismo del que tanto hablan. Hace casi dos años, se comprometió públicamente ante los legisladores a sancionar una ley de coparticipación provincial que fortalecería a los municipios del interior y terminaría con políticas anacrónicas que mantienen a todos los municipios en situación de atraso. Pero, ¿qué pasó? esa promesa quedó en el olvido, como muchas otras.
Mientras hoy se suma a una iniciativa de otros gobernadores para presionar al gobierno nacional, Jujuy es la única provincia en argentina que todavía tiene un sistema de coparticipación que, lejos de modernizarse, parece servir más para disciplinar a los intendentes y menos para resolver las realidades económicas y sociales de sus propios municipios.
Entonces, la pregunta sería: ¿a quién quiere engañar Sadir con estas alianzas y discursos en sincronía con otros gobernadores? ¿Realmente está defendiendo el federalismo o solo buscando ganar tiempo y votos? la coherencia exige que, si hablamos de federalismo, primero seamos consecuentes en nuestra propia provincia, cumpliendo las promesas y fortaleciendo nuestra autonomía y capacidad de gestión local. Porque de nada sirven los gestos simbólicos si después no se traducen en acciones concretas que beneficien a los vecinos y a los municipios del interior.
Si tomamos como verdad el lema de los gobernadores, que es construir todos los días “la argentina del sueño de todos”, entonces el gobernador Sadir está en un problema ya que sinceramente, en Jujuy, su dependencia del poder de Gerardo Morales está tapando cualquier posibilidad de que ese sueño colectivo sea realidad.
La verdad es que, sin una ley de coparticipación justa, sin una redistribución adecuada de recursos, en Jujuy no habrá crecimiento, no habrá empleo, no habrá obras de infraestructura, ni rutas, ni servicios públicos de calidad. Solo habrá más atraso, menos oportunidades para los vecinos y una provincia que seguirá quedándose en el pasado.
Es frustrante ver cómo, en lugar de avanzar en medidas concretas que beneficien a todos, Sadir se enreda en una dependencia que limita y obstaculiza el desarrollo real. Si en verdad queremos construir esa argentina del sueño de todos, hay que terminar con esas ataduras, con las sombras del clientelismo y los pactos de poder que solo sirven a intereses particulares. Es hora de que en Jujuy también haya un cambio de paradigma, un compromiso con el progreso y con la igualdad de oportunidades para todos sus habitantes.
En el documento conjunto que firmaron los gobernadores, uno de los puntos clave fue dejar atrás definitivamente el pasado. Pero la gran pregunta es: ¿qué va a hacer Sadir con esto? porque si hablamos de dejar atrás el pasado, eso también implica decirle adiós a esa sociedad contranatural que se creó entre morales y Rivarola, que solo ha contribuido a empobrecer a la provincia y a mantenernos atados a un liderazgo que no trajo soluciones, sino más problemas.
Sadir, más allá de las palabras, debería tomar coraje y, con autoridad, marcarle la cancha a Gerardo Morales. Tiene que entender claramente que el pasado quedó atrás y que no puede seguir siendo rehén de esas viejas prácticas y pactos que solo sirven para enriquecer a unos pocos en detrimento del pueblo. No le hizo bien al intendente Jorge en su momento, y no le hará bien a Sadir si continúa con esa actitud de gerente sin carácter, sin disposición de ejercer su verdadero poder.
Para encarar los cambios que necesitan en Jujuy y en su relación con el resto del país, los gobernadores no solo deben gestionar, también deben ejercer el poder con firmeza. No alcanza con administrar las cosas ajenas o esperar que otros resuelvan el problema. La clave está en tener la valentía de asumir su rol, poner los límites, exigir lo que corresponde y tomar decisiones que realmente beneficien a su gente.
Este momento requiere liderazgo y coraje, no solo palabras. Es hora de dejar atrás el pasado y empezar a construir un futuro donde los políticos tengan la autoridad y la decisión de mover a sus provincias hacia adelante, sin aceptar más ataduras ni pactos que solo beneficia a unos pocos. Ese es el verdadero sentido de dejar atrás el pasado: tener la voluntad y la fuerza de avanzar, sin temores ni cadenas que nos atornillen en el atraso.