La pandemia de coronavirus sorprendió por su velocidad y letalidad, con capacidad de hacer estragos incluso en lo que se conocía hasta este punto de quiebre histórico como “mundo desarrollado”.
Ahora, si algún predicador lograba anticipar semejante trance, en diciembre de 2019 también hubiese sido inverosímil imaginar la reacción del gobierno local.
En aquel momento el desgaste comenzaba a hacerse sentir en cuadros de gestión que en muchas áreas no habían logrado arrancar y ya se les había ido un mandato, escurrido como arena entre los dedos.
Era difícil esperar eficiencia en ministerios y secretarias a los que les había costado horrores llevar adelante las proyecciones que el discurso oficialista intentaba imponer con más relato que realidad para el famoso cambio de la matriz productiva, la modernización del estado, la transparencia en el uso de los recursos, entre otros grandes lineamientos.
Más bien, una crisis sanitaria auguraba cataclismos, tragedias. Una vez más, un escenario que hace tan sólo cuatro meses no aparecía en los planes de nadie.
Sin embargo en este aspecto también ocurrió lo impensado.
Sorprendiendo a propios y extraños, el gobierno de Jujuy se muestra a la vanguardia de las soluciones para enfrentar una crisis que ha dejado sin reacción al mundo.
Algunos ejemplos sirven para sostener tal afirmación.
En Jujuy se habló de cuarentena y confinamiento social cuando en el país y en el mundo se hablaba de sostener la economía.
Se suspendieron las clases a pesar de la ira del Poder Ejecutivo nacional, que luego debió adoptar la misma medida.
Cuando el gobierno que conduce el presidente Alberto Fernández se ocupó de saber qué es lo que pasaba con los respiradores artificiales, elementales para contener un virus que ataca las vías respiratorias, Jujuy ya había realizado una compra. El ministerio de salud intercedió para decirle que se trataba de un recurso crítico y que se centralizarían en las decisiones del poder central. Jujuy ya los había pagado, pero aceptó el criterio.
En Buenos Aires aún intentan resolver el enorme problema y a la vez la gran solución que representan los testeos: es necesario saber dónde está incubándose el virus para acorralarlo con aislamiento reforzado. El gobernador Morales acaba de anunciar que en días llegarán a la provincia testeos para hacer lo propio. Son los mismos que fallaron en España, pero llegarán con una validación del gobierno chino. Como sea, parece acertado indagar en esta fuente de solución.
Un hospital de campaña empezó a construirse antes de que haya circulación local del virus en el país e incluso antes de que se dictara el aislamiento social, preventivo y obligatorio en todo el territorio nacional.
Mientras en el país se discute cómo será la salida gradual de la cuarentena, en base al incremento de la capacidad de testear, la provincia parece haber descubierto la llave para esperanzarse con volver a recibir alguna vez turistas.
El presidente Alberto Fernández sostuvo que las clases no son prioridad en este momento y que su regreso puede esperar. Morales fue más allá: en los próximos tres meses las escuelas permanecerán cerradas.
Finalmente, el centro del país aparece sumergido en una discusión por los elevados niveles de ingresos de los que goza buena parte del estado que hoy luce improductiva en medio de semejante nivel de escasez de recursos. Aunque allí la dirigencia política de Jujuy sigue debiéndose un debate, el gobernador había anunciado hace una semana que él, el vicegobernador Carlos Haquim y su gabinete donarían su sueldo.
Durante su discurso corrigió el dato: él y su compañero de fórmula donarán su sueldo, su gabinete lo hará sólo en un porcentaje.
De todas maneras, en Jujuy se habló de esto antes de que el tema estallara en la Capital Federal.
Todo el repaso anterior ha logrado que la provincia pueda afirmar que no tiene circulación local del virus en su territorio.
Allí vuelve a anticiparse el mandatario provincial: se trata de un dato tranquilizador pero frágil, endeble, que será arrasado si la sociedad abandona los esfuerzos que viene realizando hasta el momento aislándose.
Hoy, las críticas que muchas veces llegaron justificadamente a una gestión que durante cuatro años se mostró mediocre, aparecen sólo como reacciones espasmódicas. La oposición permanece en silencio, con alguna intervención aislada.
El nivel de aprobación que la reacción del gobierno provincial ha generado en la gran mayoría de la población no ha sido medido oficialmente pero es fácil de percibir con unas cuantas consultas a quienes hablan desde el llano.
Es cierto que una gran cantidad de temas como la deuda, el parque solar, el proyecto GIRSU, la zona franca, el ingenio La Esperanza, el nepotismo, que aparecían entre las bombas de tiempo que le esperaban a Morales en su segunda gestión, sólo han quedado aplazadas para después de la crisis.
Tan cierto como que hoy buena parte de la ciudadanía se muestra agradecida por sus reflejos ante el avance de lo desconocido.