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Democracia o privilegios de castas

Que la política ha fracasado conduciendo los destinos este país, en una verdad de Perogrullo, y con estos fracasos se agiganta cada vez más la grieta entre los representantes y los representados.

Lamentablemente, la política se encarga sistemáticamente de entrampar a los ciudadanos, obligándolos a elegir entre los mismos de siempre, independientemente del partido o concertación que integren, la política se encarga únicamente de solucionar los problemas de los políticos.

Lo cierto es que la misma ha sometido a la sociedad a vivir una realidad paralela, dos realidades, la de la sociedad y la de clase política.

Esta realidad se vive en todos y cada uno de los rincones del país, agudizándose en provincias donde los esquemas medievales son más exacerbados, como por ejemplo en esta Jujuy.

En estas haciendas el poder es omnipresente, ningún ciudadanos está exento de sentir el rigor del mandamás de turno, aunque es bueno destacar que en estos últimos seis años, el rigor del poder se hace sentir con mayor elocuencia.

La política jujeña parece no entender que el poder no es sinónimo de sometimiento, no es sinónimo de impunidad ni de privilegios. Las ciencias políticas modernas entienden al poder con funciones sustanciales en una democracia moderna, como por ejemplo el de dar coherencia al grupo social, de mantenerlo unido, de hacer de él una comunidad.

Aristóteles diferenciaba muy bien entre el buen y el mal gobierno, y lo sintetizaba muy bien entre el bien común y el bien individual.

El filósofo griego decía que: el buen gobierno es el que se preocupa del bien común; el malo se inclina al bien propio, y se vale del poder para satisfacer intereses personales.

A las luces de los resultados, en Jujuy estamos claramente en manos de un mal gobierno, el crecimiento de la pobreza alcanza hoy 60%, número más que elocuente.

Si a esto le sumamos la decadente calidad democrática y una institucionalidad de baja intensidad, el futuro de la provincia es absolutamente incierto.

La historia reciente de Jujuy nos ha demostrado que el mal gobierno y el uso degenerado del poder se han convertido en la regla en vez de ser la excepción. El poder político es utilizado en beneficio de los pocos individuos y no así para el bien de la colectividad. Y lo peor de esto, es que además de sólo beneficiar a los pocos, se ha llegado a afectar a los muchos mediante la vulneración de sus derechos.

Sin duda una de las características del poder político es el uso de la fuerza, es decir que quien posee el dominio del poder político posee también el dominio sobre la fuerza pública, la coacción legítima del Estado.

Entonces, cuando decimos que el poder político es usado en contra de las personas, no solamente es porque se afecta a éstas con las decisiones que toma el Gobierno, sino que con frecuencia se sustentan dichas decisiones con el uso de la fuerza, reprimiendo a quienes se opongan a ellas.

Esta degradación del sistema ha llegado al vocabulario cotidiano de los ciudadanos, es casa vez más frecuente escuchar freses como “casta política” o los “privilegios de casta”.

O sea que los ciudadanos comunes, a sus representantes los consideran una verdadera casta, sin importa el pelaje o el palenque donde se rasquen.

En esta Jujuy los ejemplos son abrumadores, aunque algunos son literalmente brutales, como por ejemplo en la San Pedro de Julio Bravo.

El jefe comunal, con algunas frivolidades gubernamentales, ha resuelto convertir a la Perla del Ramal en una singular bacanal.

Cada fin de semana se registra fiestas y espectáculos de toda laya, inclusive algunos terminando en verdaderos escándalos como el ya tristemente célebre festival del asado.

Los privilegios de casta se notan demasiado en San Pedro, mientras los privados de toda la provincia intentan sobrevivir a la pandemia, a los controles y a las multas, un intendente es capaz de organizar acontecimientos multitudinarios sin ningún tipo de control ni restricción.

Todo esto ante la mirada impávida del Gobierno Provincial, que al parecer resolvió que San pedro sea literalmente una zona liberada.

Por supuesto que no cualquiera está habilitado para hacer uso de instalaciones municipales, solo unos pocos elegidos de significativos vínculos con Bravo y su gobierno.

Estos son los que las personas denominan privilegios de castas, un cáncer que ya está haciendo metástasis en nuestra vapuleada y bastardeada democracia.

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