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Camioneros: con el reto no alcanza

El gobierno exige responsabilidad individual y eso es correcto, aunque le falta trabajo fino y coordinación con las empresas. Hay un ministerio en la mira.

  • El gobernador Gerardo Morales les pidió a los camioneros “que no lloren” y sean responsables.
  • No se observa trabajo coordinado entre el gobierno y las empresas.
  • El gobierno exhibe problemas para manejar este conflicto.

El tono de padre protector que reta a sus protegidos se reedita en cada edición del COE, el programa que produce el gobierno de la provincia y tiene como conductor al gobernador Gerardo Morales.

Tras la reciente detección de un caso positivo de coronavirus en un camionero de Fraile Pintado, el mandatario provincial hizo foco en la irresponsabilidad del trabajador, a quien en su retorno a Jujuy se le entregó un folleto “que entregamos como tontos todos los días” – textual - en el que se le indicaba que a la vuelta de su viaje debía permanecer en su casa durante 14 días.

El chofer desoyó esa indicación y mantuvo contacto, al menos, con 15 personas.

El martes 26 de mayo, una semana después de haber viajado por Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos, manifestó fiebre y tras ser sometido a un test PCR se confirmó que tenía COVID 19 en su organismo.

Morales dispuso que toda la localidad de Fraile Pintado y también Calilegua, donde el camionero estuvo “compartiendo un locro” por el 25 de mayo, quede aislada, con una estricta cuarentena para todos.

El gobernador se mostró una vez más enojado, reprendiendo al trabajador por irresponsable y dijo que luego de curarlo – se encuentra internado en el Hospital San Roque de San Salvador de Jujuy – evaluarán su accionar dejando entrever posibles sanciones o denuncias judiciales.

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La reprimenda de Morales es legítima. La responsabilidad individual es exigible a toda la ciudadanía porque no hay posibilidad alguna de que el estado se multiplique para evitar las irresponsabilidades de 750 mil habitantes. Eso está fuera de discusión.

Pero el gobernador omitió mirar hacia adentro de su gobierno.

El gobierno no previó – o al menos no lo hizo público, pese a que cuenta con un programa de televisión propio – que Jujuy importa casi todos los productos que consume. Desde alimentos, productos de limpieza, insumos para la producción y combustible.

La provincia produce apenas frutas, hortalizas y legumbres, y por si fuera poco la producción está en caída, según el último dato oficial, correspondiente al año 2018.

El resto llega a Jujuy en camiones.

Cuando el gobernador anunció y puso en marcha el plan “fronteras seguras” para testear al 100% de los camioneros que llegaban a Jujuy creó también un lógico cuello de botella que nadie en el gobierno supo cómo manejar.

Hubo filas de 15 kilómetros y 17 horas de demora para pasar el control en el límite entre Salta y Jujuy por la ruta 34.

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Nunca se conoció que el ministerio de producción o algún área calificada haya entablado un diálogo con las empresas transportistas para prever la llegada de los 400 camiones que son demorados por los testeos diariamente en Pampa Blanca.

En otras zonas del país, aparecieron voces más sensatas relacionadas con este tema.

La vicepresidenta del centro de transferencias de carga de Buenos Aires, María Eugenia Poccia, expresó en una radio su preocupación por la falta de coordinación entre los gobernadores y las empresas. Y advirtió con lucidez una realidad: las provincias necesitan productos que en su gran mayoría se distribuyen desde el centro del país, donde se encuentra el epicentro de la pandemia.

Sin embargo, no se ha visto al gobierno de Jujuy junto a las empresas diseñando e implementando protocolos para que estas cuiden a sus trabajadores, realicen tests, brinden recomendaciones de comportamiento, o lo que sea necesario para que puedan trabajar y abastecer a la población sin ponerla en riesgo.

El gobierno de Jujuy se apresuró a mostrarse como el primer distrito del país en avanzar hacia la “nueva normalidad”, flexibilizando actividades paulatinamente, promoviendo el turismo interno y los comercios, propiciando la reactivación del consumo. ¿Nadie se dio cuenta de que los productos para que la gente consuma debían llegar en camiones desde otros sitios donde sí hay circulación del virus?

Es exigible que las áreas del gobierno encargadas de la producción tengan esa previsión.

El reto de Morales es comprensible para generar consciencia en la ciudadanía, pero suena más inteligente encomendarle a su ministro de producción o a algún integrante de su gobierno que se siente a trabajar con las empresas de transporte que despachan mercaderías hacia Jujuy.

Además el tema adquiere en este punto una dimensión política. Dos de sus aliados, el diputado Rubén Rivarola y el supermercadista Pedro Segura, recientemente nombrado como director en una empresa estatal, son los hombres fuertes del transporte y la comercialización de productos cotidianos en Jujuy.

¿No se le ocurrió a Morales retar también a Rivarola y a Segura? ¿O pedirles su colaboración en una mesa de una mesa de trabajo conjunto?

Hasta el momento eso no pasó. Lo que sí se vio es al gobernador descargando su furia contra un camionero irresponsable.

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