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La sociedad Morales – Rivarola se desmorona en el gobierno central

El tándem Gerardo Morales – Rubén Rivarola intenta cimentar su sociedad en dos pilares fundamentales, uno con un fuerte anclaje provincia, cuyas bases están muy lejos de principio políticos o doctrinarios, están básicamente centrados en haber constituido a Rubén Rivarola como el principal proveedor del Estado, haciendo que empresas vinculadas a su persona, directa o indirectamente, tengan la posibilidad de hacer pingües negocios con los flácidos bolsillos de los jujeños.

El otro sustento de este contubernio estaba centrado en las relaciones que se podían tejer en Balcarce 50 de la Capital Federal.

Durante la administración Macri, el camino estaba relativamente allanado, ya que los dineros que remitía a Jujuy el ex presidente eran absolutamente extraordinarios y permitió a la oligarquía extractiva de la provincia incrementar exponencialmente sus fortunas, mientras avanzábamos a paso firme a los peores índices de pobreza e indigencia.

Con el gobierno de Fernández la ecuación tuvo algunos giros, aunque en esencia era exactamente lo mismo, alguna garantía nacional del flujo de dineros y acá fortalecer los vínculos comerciales.

En los papeles el plan cerraba perfectamente, el problema estuvo cuando de los papeles había que bajarlo a la realidad.

El primer escollo se dio cuando desde los salones de la Casa Rosada comenzaron a mirar a Morales con cierto recelo, inclusive la artera y abierta traición a Macri inundó los medios nacionales.

“Quien traiciona una vez… traiciona dos…” decían los escuderos políticos de Fernández y De Pedro.

Con las acciones de Morales en baja, inclusive “prestando” el voto de los diputados nacionales, se puso en marcha el Plan B, acercar a Rivarola a salones y despachos de la sede del poder central.

Presidente del PJ, legislador provincial y supuesto mandamás del peronismo local, cartas de presentación consideradas suficiente para mantener perfectamente aceitada la maquinaria que garantice la llega de formidables flujos dinerarios.

Lo que no estaba en los planes, es que la imagen de Rivarola ante el máximo poder político nacional, es más que paupérrima, está muy lejos de ser considerado como un referente político.

Para agravar la situación, cuando Rivarola desembarcó en el Partido Justicialista, el Peronismo comenzó a huir de la sede de la 19 de Abril.

El peronismo comenzó a trazar su propio camino, cada vez más lejos de Rivarola y sus esbirros, camino que se legitimaba con los distintos sectores que conforman el Frente de Todos.

Hasta La Cámpora en Jujuy se fracturó, solo una muy pequeña fracción, la liderada por Leila Chaer, quedo en el PJ, el grueso de los camporistas buscaron otros horizontes políticos más identificados con los lineamientos doctrinarios del binomio Fernández – Kirchner.

La sangría en el PJ fue tremenda, solo quedaron algunos acólitos prebendarías.

Los distintos sectores que emigraron tenían indefectiblemente referentes nacionales, quienes eran puesto en razón a medida que se sucedían los desatinos y la alianza de Rivarola con Gerardo Morales se hacían cada vez más elocuentes.

Con este sombrío panorama, Rivarola comenzó a buscar una foto con el presidente, fuentes estrechamente ligadas al presidente del PJ, aseguraban hace varios meses atrás que la instantánea era un hecho, ya que el gestor de la misma era el ex gobernador Eduardo Fellner.

Estas gestiones fracasaron estrepitosamente, hasta que Rivarola resuelve cambiar la estrategia en encargar el cometido a Juan Manzur, dicen en la mesa chica rivarolista que las gestiones venían viento en popa, hasta el en algún momento sonó el teléfono del tucumano y el propio Wado De Pedro le habría sugerido que se apartara de esa gestión. Segundo fracaso.

Con este sombrío panorama, la gestión de la ansiada foto se la cargó en su mochila el propio Gerardo Morales. Dicen que las llamadas fueron intensas a distintos referentes políticos, argumentando entre otras cosas que esa foto de Rivarola con Fernández era fundamental para la gobernabilidad en la provincia y que Rivarola era el único que ejercía una oposición razonable y constructiva.

La respuesta a las gestiones de Gerardo Morales llegó desde el propio despacho presidencia, cuando Fernández recibe por segunda vez a Palmieri y Cejas, aunque en esta oportunidad en el despacho presidencia, los dos más acérrimos críticos tanto a Morales como a Rivarola.

Desde la política gestual, era una señal inequívoca que las puertas presidenciales están absolutamente cerrada para el tándem.

Solo faltaba un portazo formal, y finalmente llegó, los apoderados del Frente de Todos comunicaron de manera formal a la justicia jujeña que Rubén Rivarola no está autorizado a utilizar el nombre y los símbolos de la coalición gobernante.

El Frente de Todos entiende que Rivarola y sus listas para nada representan los preceptos políticos de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner.

Ahora comenzó una batalla legal, donde para los distintos frentes que competirán el 27 de junio, lo están dadas las garantías necesarias para una justa sentencia.

Más allá de lo que dispongan los jueces electorales provinciales, a escasamente un mes de las elecciones ha quedado claramente demostrado que la estrategia de anclaje nacional se ha desmoronado estrepitosamente.

El pie nacional era de barro, ahora solo falta esperar la primera traición para que el pie provincial corra la misma suerte.

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