Jujuy | GERARDO MORALES | ALBERTO FERNÁNDEZ | Macri

Gerardo y Alberto: intentos fallidos de seducción

En su re – asunción, el gobernador volvió a enviar señales públicas al presidente al decir que se siente identificado con la agenda planteada en el Congreso; sin embargo, desde el Frente de Todos, por ahora, no hay reciprocidad. La peligrosa cornisa por la que camina la gestión provincial.

  • Morales no cesa en sus intentos de acercamiento al nuevo presidente de la nación.
  • Alberto Fernández demuestra estar enfocado en las urgencias que le impone el país y la relación con el gobernador de Jujuy queda relegada.
  • El discurso de Morales varió el tono: busca conciliar desde los gestos hasta las acciones.

El presidente de la nación, Alberto Fernández, y el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, iniciaron sus gestiones en los cargos más influyentes para la vida de los ciudadanos, en el país y en la provincia, el martes 10 de diciembre.

Mientras el presidente se muestra ocupado en la enorme complejidad de las urgencias que lo esperan desde el primer minuto de su gestión, el gobernador intenta tejer un vínculo que le permita seguir alineado con la Casa Rosada.

Por el momento, no lo logra. Las preocupaciones de Morales por su deficitaria gestión no entran en el orden de prioridades de Fernández por estas horas.

El presidente comenzó con un llamado a la conciliación, una invitación a cerrar la grieta, en la antesala de negociaciones difíciles que definirán el futuro del país en los próximos años. Allí habló de la relación con los gobernadores, aunque en principio, el de Jujuy no aparece en la lista de afines.

Morales por su parte, busca una conexión que le permita acercarse al Frente de Todos. Por falta de resultados, las aproximaciones via Sergio Massa empiezan a descartarse y ahora, según trascendidos, la estrategia es entrar por viejos conocidos del radicalismo que tienen estrecha relación con el kirchnerismo desde las épocas de la concertación plural.

Su postura es pragmatismo puro: el gobierno de Jujuy gasta dinero que no tiene, y necesita el financiamiento de Buenos Aires. Con Macri lo tuvo y no lo aprovechó, al menos no lo suficiente como para avanzar en algo básico: el equilibrio fiscal. Con Fernández, todo es incertidumbre.

En ese marco, el gobierno de Morales comienza una nueva etapa en la provincia, en la que intenta tender los puentes que antes rompía. El gobernador se esfuerza por contener su estilo confrontativo, ese que le sale natural.

Es lo que pudo observarse en el discurso pronunciado por el mandatario provincial ante los diputados provinciales, que dio un giro de 180 grados: pasó de una fuerte reprimenda a la oposición en marzo durante la apertura de sesiones ordinarias, a un tono cauto, casi temeroso y en clave de agradecimiento en su nueva visita a la Casa de Piedra.

“Llegó la hora del baño de humildad, obligado”, coincidían los opositores, con cierto malestar y gusto a poco. ¿Será genuino? ¿Es sólo una postura que grafica el período esquivo que se avecina para el gobierno radical? El tiempo lo dirá.

Dejá tu comentario