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México 86 también fue nuestro

Fue una historia fantástica. Porque veníamos del fracaso del Mundial 82 con Maradona incluido, quien había sufrido su primera frustración quedando desafectado del plantel campeón del 78.

Esas lágrimas que derramó el Diego, las  mezcló con furia cuando se fue en España, luego de aquella "plancha" a un brasileño, con los dientes apretados y con aires de revancha contenido.

Se había terminado el ciclo de Menotti, y se iniciaba el proceso de Carlos Salvador Bilardo, exitoso técnico de los 80 con ese Estudiantes que le ganaba las pulseadas a Independiente, dos escuelas asimétricas y diametralmente opuestas, en esas épocas.

Lo cierto es que el “tacticismo”, el pragmatismo, lo utilitario, se volvía a poner de moda, como en esa disidencia que se generó entre "menottistas" y "bilardistas", como si no nos faltaran divisiones a los argentinos, acostumbrados a las divisiones insensatas. Algo así como nos ocurrió, después de Suecia 58, cuando se abrió la discusión entre un fútbol físico o un fútbol clásico.

Igual el regreso a las fuentes fue en el 78, cuando el equipo argentino, jugó el fútbol que le gustaba a la gente.
Para el colmo, el proceso de Bilardo comenzó mal y prácticamente terminó casi de la misma forma, con las eliminatorias, en dónde Argentina clasificó angustiosamente ante Perú, gracias a Pasarella y Gareca.
De allí que la delegación Argentina marchara hacia el mundial de México, con todo el descrédito y la apatía de los hinchas argentinos.

Sin embargo, esa etapa llevaría consigo una suerte de revolución táctica, por el modo de Carlos Bilardo, discípulo del inolvidable Osvaldo Zubeldía, ddistribuir y de parar a sus equipos.

No faltaron las rencillas internas, por la discutida capitanía entre Maradona y Pasarella, que terminó con una hepatitis del zaguero de River, desafectando las cosas.
La cabeza de Bilardo, que estaba en juego, y las presiones que había alrededor del seleccionado, eran asfixiantes, pero el equipo ya estaba dispuesto para la gran hazaña del mundial en tierras aztecas.

Fue un mes siete partidos inolvidables que lo llevaron de la guillotina al cuadro, con un equipo comandado claramente por Diego Armando Maradona. Claro está, con sus lugartenientes mundialistas, como Pumpido en el arco, los hermanos Enrique, Olarticochea, Giusti, Batista, Burruchaga, Valdano...

El dos de Junio todo comenzó con un tres a uno ante Corea, con goles de Valdano en dos oportunidades y Ruggeri para los argentinos, descontando Park para los asiáticos. Pero había que seguir demostrando que el equipo estaba bien; que el partido ante los coreanos sólo era el comienzo de una gran campaña.

Fue así que llegó el turno de Italia, campeón cuatro años atrás en España, abriendo el marcador Altobelli para los "azurros", empatando en una de sus primeras jugadas geniales, Diego Maradona para establecer un merecido empate.

El cierre del grupo "A", quedó establecido con Argentina invicto, ganándole a Bulgaria dos cero, con Valdano y Burruchaga como autores de las conquistas "albicelestes".

El país comenzaba a ilusionarse con la producción de un conjunto que había partido con todo el descrédito, desde el Río de la Plata.

Por fin llegaba el clásico ante Uruguay, que no se reeditaba desde el mundial de 1930. La victoria fue para nuestro seleccionado 1 a 0 , con gol de Pedro Pablo Pasculli, resultado que levantaba la euforia de un país, que empezaba a creer en una nueva epopeya.

El domingo 22 fue una jornada gloriosa para el equipo nacional, ya que Inglaterra era el rival esperado. Fue el día del gol "con la manos de Dios" de Diego, para el inicio de un increíble triunfo argentino, que tuvo su corolario con un extraordinario golazo de Maradona, en ese grito inmortal del relator uruguayo Victo Hugo, quién describió perfectamente, un gol de todos los tiempos.

Argentina estaba casi en la "cresta de la ola"; sólo faltaba un pasito mas, su último escollo era Bélgica, pero a esa altura, el equipo de Bilardo tenía a un genio inspirado en Maradona; su actuación ante los belgas, fue definitivamente brillante. Dos goles de Diego, convertido ya en Dios para los argentinos, le dieron el pasaporte a la final tan ansiada, y también impensada para todo un país.
Hasta que llegaría aquel 29 de Junio imborrable, el día que los simpatizantes alemanes y mexicanos, tuvieron que ponerse de rodillas ante un incontenible equipo argentino.

Pero no fue gratuito; tuvimos que sufrir un rato. Primero el "tata" Brown de cabeza, luego Valdano en una vertiginosa corrida ponían un dos a cero, casi determinante. Pero los alemanes reaccionaron, logrando empatar en dos tantos para enmudecer al público argentino.

Sin embargo la memorable corrida de Jorge Burruchaga, escapándose para el tercer gol de la victoria, sellaría la épica tarde en la que Argentina alcanzó por segunda vez, la copa mundialista en su historia.

Así, otra fantástica historia del fútbol argentino se concretaba, por obra y gracia de un inspirado Diego Armando Maradona, con un técnico que con su táctica y aquellos jugadores inolvidables -Pumpido, Cuciuffo, Brown, Ruggeri, Olarticoechea, Giusti, Batista, Enrique, Burruchaga, Maradona y Valdano- quedaron inmortalizados en esa tarde mexicana, cuando nuevamente, el mundo se rindió a los pies de Argentina campeón 1986.

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