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Gimnasia de Jujuy: Sandro López, un hombre de la casa

Parece mentira verlo con el buzo de entrenador, porque todavía lo imaginamos pibe, el jugador “pachorriento”, un tipo de palabras justas y sobre todo como lo que es: un hombre de la casa.

Seguramente muchos tomaron nota que el plantel de quinta división del Club Gimnasia y Esgrima de Jujuy reiniciaba sus actividades con un relevamiento, para luego encarar la dura etapa de pretemporada, tras el cambio de cuerpo cuya responsabilidad recayó en la persona del ex futbolista de Gimnasia y Esgrima Sandro López, puesto que dejó Cristian Anaya, que hizo un buen trabajo durante su gestión y que ahora estará abocado a un rol poco habitual en nuestro fútbol, como es ser “captador de talentos”.

Una quinta división muy especial, ya que fue campeón en el 2017, aunque en las divisiones formativas, salir campeones es satisfactorio pero lo más importante es la formación integral del futuro futbolista, si es que está en suerte que su futuro sea llegar a ser profesional.

Pero en la tarde de asumir como entrenador de la quinta categoría amateur de la institución “Albiceleste”, nos detuvimos a ver la presencia de un hombre que es del riñón del club, de una honestidad y una humildad indiscutible, que un día como otros probó suerte para integrarse a las divisiones menores como cualquier pibe, que logró llegar al plantel profesional en tiempos de sueños y luchas.

El que fue uno de los futbolistas que con un estilo cansino pero criterioso jugando al fútbol, se ganó un lugar decentemente y se dio el gusto de estar en aquellas batallas por poner a Gimnasia en lo más alto.

Los que lo conocimos de la primera hora, no olvidaremos algunos de sus goles en los clásicos de las inferiores de la Liga Jujeña, como así también en primera división. Pero quizás el gol que más recordaremos fue en aquel encuentro por el Nacional B, cuando Gimnasia empataba con Instituto de Córdoba en un tanto por bando, Todo parecía indicar en esa temporada 93/94 que el final sería un empate, que no estaba mal pero que dejaría un “Gustito” amargo.

Sin embargo, con el “Cabezón” López ingresado ya en partido que ya se terminaba, sucedió lo de aquel apoteótico momento. Entonces llegó un centro de derecha al medio, a la cabeza del gigante Bullentini, quién le bajó el balón a la medialuna, en donde estaba parado Sandro López, listo para meter el disparo “bombeado” que sacudió la red de “La Gloria Cordobesa”.

Fue el 2 a 1, que Sandro López y todo el estadio grito como un campeonato del mundo. Es que el “Cabezón” no era titular y por eso que la boca se le llenó de gol, casi se le llenaba de espuma la boca, porque había alegría y rabia en ese aullido de lobo.

Porque Sandro siempre quiso la camiseta, porque llegó a primera con algunos compañeros de las inferiores y no merecía irse, luego de la gran campaña en la que Gimnasia llegó a primera división. Pero así es el fútbol y se marchó al Real Potosí de Bolivia que jugaría la Copa libertadores de América. Allá dejó su impronta como jugador, para terminar volviendo a estos pagos.

Parece mentira verlo con el buzo de entrenador, porque todavía lo imaginamos pibe, el jugador “pachorriento”, un tipo de palabras justas y sobre todo como lo que es: un hombre de la casa. Ahora tiene arcilla en sus manos para moldear a los nuevos chicos de la historia, un grupo renovado, una generación para armar y enseñarles lo que él aprendió en su paso por el fútbol.

No nos queda otra cosa que desearle éxitos, porque  -como decía el “Loco” Bielsa, suerte se les desea a los mediocres- señores, un hijo pródigo está de regreso. “El Cabezón” Sandro López, merecía volver a casa.

 

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