Límites, caprichos y berrinches
Si bien cada familia y cada hijo es único e irrepetible, detrás de un límite está siempre la necesidad de nuestros hijos de ser contenidos y la nuestra de contenerlos.
Son muchas de las frases que escuchamos a
diario cuando los papás y mamás sienten que algo tiene que cambiar:
"Ya no sé qué más hacer con él!"
"Me siento agotada, hace lo que quiere y cuando quiere!"
"Ni las penitencias ni las promesas de regalos evitan el escándalo"
Por eso es bueno, preguntarse: ¿Cómo actuar frente a los berrinches/ rabietas
de mi hijo? ¿Cuál es el límite justo? ¿Cómo hacer para que algo cambie y
estemos todos más tranquilos?
Primero, debemos entender que es absolutamente normal que nuestros hijos
demanden, pidan y tengan deseo de todo y en todo momento. Pero esto es
imposible de ser satisfecho, y tampoco es sano para él.
Marcando pautas claras desde el nacimiento, mostrándole lo que puede y no puede
hacer, vamos construyendo el antídoto para el berrinche: Poniendo límites y los
"NO" bien claros.
Dar y poner límites, es enseñarle a nuestro hijo a, que aprenda a esperar y a
saber que todo no es aquí y ahora. Que hay cosas que puede y hay otras que no
puede hacer o tener.
¿Hay que retarlos o ponerlos en penitencia?
Es un tema de autoridad, no de autoritarismo.
Un niño de alrededor de dos años, responde bien si siente confianza en el
adulto que pone ese límite, aunque lo desafíe.
El reto o la penitencia es una forma de castigarlos por lo que hicieron que no
siempre los ayuda a entender porque se portaron mal o desobedecieron. Solo los
para por un rato. Obedecen sin comprender.
No tenemos dudas de poner un NO rotundo, cuando está en riesgo la vida o la
integridad física de nuestros hijos. Con aparatos eléctricos, lugares abiertos
agresiones físicas. Lo tenemos muy claro y ellos nos creen.
Pero frente a otras situaciones nos ponemos dudosos, y ahí se producen los
caprichos y los berrinches. Cuando el adulto duda ante el NO que pone, los
chicos responden de esta manera, portándose mal, angustiándose.
Limitarlos estando nosotros tranquilos, sin gritos.
Anticiparles cuando algo va a terminar o cuando no queremos que haga determinada cosa. Nuestra conducta y actitudes como padres serán el modelo y la forma en la cual comprenderán qué esperamos de ellos. Y desearán responder a esa expectativa por el amor que nos tienen. Aprenderán así, poco a poco a socializarse, a crecer como personas autónomas, libres, con normas y reglas incorporadas para poder compartir y convivir en la sociedad que les toca vivir. Si nos manejamos con premios y castigos, solo lograremos un adiestramiento, pero no un verdadero aprendizaje que los ayude a ser felices y libres.

