Con el nuevo índice de pobreza es imposible pensar en la modernidad
La modernidad emerge de un modelo de sociedad que se caracteriza por el reconocimiento del individuo como protagonista de la construcción de la realidad poseído de un conjunto de derechos y de deberes, es la posibilidad política de cambiar las reglas del juego de la vida social.
La modernidad es ir hacia un nuevo tipo de sociedad más acorde con los mandatos de la naturaleza humana y su afán de libertad y progreso. En rigor creo que a la política le cuesta procesar los conflictos y demandas sociales porque está completamente alienada.
Para entrar en la modernidad se requiere de una democracia de ejercicio con ciudadanos iguales en dignidad y reconocimiento. Si esto no pasa los niveles de déficit de representación seguirán provocando esta grieta de nunca acabar.
Este desencanto está en los números del INDEC resultado de una historia de 40 años de promesas incumplidas. Pero como se cambia esto si ya ni las propias elecciones son consideradas como el instrumento democrático por excelencia.
Las elecciones ya no legitiman a los poderes aunque siga siendo evidente que la característica del sistema democrático reside en la elección de los gobiernos por parte de los gobernados.
Las democracias no están encontrando respuestas más eficientes y eficaz a problemas históricos y estructurales como la pobreza. Hay que repensar la democracia y otra forma de gobernar para poder hacerla compatible con la complejidad y los desafíos de la sociedad.
Las instituciones no logran internalizar el nivel de descontento social y es por ello que no construyen nuevos escenarios propicios para el desarrollo del país.
Esta es la modernidad que no llega, la modernidad esta simulada en el marketing pero no en la realidad.