Un 29 de julio de 1812, el General Manuel Belgrano puso en marcha su plan, con un bando que en aún hoy hace estremecer a más de uno.
Las palabras del Gral. Belgrano al pueblo de Jujuy, anunciando el Éxodo
Hace 212 años, el creador de la bandera llamó al pueblo de Jujuy a ejecutar una de las estrategias más trascendentales de la historia de la guerra: dejar tierra arrasada para el ejército enemigo, que amenazaba con tomar el Norte. Fueron cinco días y 250 kilómetros de marcha hasta llegar a Tucumán, una hazaña que pasó a los libros como la gesta del "Éxodo Jujeño".
A los hacendados los conminó a trasladarse junto con su ganado, caballos, ovejas y mulas; a los labradores a llevarse el producto de sus cosechas y a los comerciantes a embalar todos sus bienes. A todo aquel que desobedeciera esa orden, iba a ser considerado traidor a la patria y fusilado.
Lo que no pudo ser llevado se prendió fuego. Los españoles no debían hallar con qué alimentarse, con qué abrigarse ni donde cobijarse.
Desde los primeros días agosto, los pobladores comenzaron la marcha hacia el sur, tomando varias rutas.
A las cinco de la tarde del 23 de agosto de 1812 se retiró el ejército. Belgrano fue el último en abandonar la ciudad, al filo de la medianoche y alcanzaría al grueso de su fuerza a las tres de la mañana.
Durante la marcha, Belgrano alentaba al que se retrasaba y reprendía al que infundía desánimo. Fueron cinco extenuantes días por un camino cercano a la actual traza de la ruta nacional 34. Cubrieron 250 kilómetros hasta llegar a Tucumán.
El bando de Belgrano escrito en el cuartel general de Jujuy el 29 de julio de 1812, expresa:
"Pueblos de la Provincia: Desde que puse el pie en vuestro suelo para hacerme cargo de vuestra defensa, en que se halla interesado el Excelentísimo Gobierno de las Provincias Unidas de la República del Río de la Plata, os he hablado con verdad. Siguiendo con ella os manifiesto que las armas de Abascal al mando de Goyeneche se acercan a Suipacha; y lo peor es que son llamados por los desnaturalizados que viven entre vosotros y que no pierden arbitrios para que nuestros sagrados derechos de libertad, propiedad y seguridad sean ultrajados y volváis a la esclavitud.
Llegó pues la época en que manifestéis vuestro heroísmo y de que vengáis a reunirnos al Ejército de mi mando, si como aseguráis queréis ser libres, trayéndonos las armas de chispa, blanca y municiones que tengáis o podáis adquirir, y dando parte a la Justicia de los que las tuvieron y permanecieren indiferentes a vista del riesgo que os amenaza de perder no sólo vuestros derechos, sino las propiedades que tenéis.
Hacendados: apresuraos a sacar vuestro ganado vacuno, caballares, mulares y lanares que haya en vuestras estancias, y al mismo tiempo vuestros charquis hacia el Tucumán, sin darme lugar a que tome providencias que os sean dolorosas, declarándolos además si no lo hicieseis traidores a la patria.
Labradores: asegurad vuestras cosechas extrayéndolas para dicho punto, en la inteligencia de que no haciéndolo incurriréis en igual desgracia que aquellos.
Comerciantes: no perdáis un momento en enfardelar vuestros efectos y remitirlos, e igualmente cuantos hubiere en vuestro poder de ajena pertenencia, pues no ejecutándolo sufriréis las penas que aquellos, y además serán quemados los efectos que se hallaren, sean en poder de quien fuere, y a quien pertenezcan.
Entended todos que al que se encontrare fuera de las guardias avanzadas del ejército en todos los puntos en que las hay, o que intente pasar sin mi pasaporte será pasado por las armas inmediatamente, sin forma alguna de proceso. Que igual pena sufrirá aquel que por sus conversaciones o por hechos atentase contra la causa sagrada de la Patria, sea de la clase, estado o condición que fuese. Que los que inspirasen desaliento estén revestidos del carácter que estuviesen serán igualmente pasados por las armas con sólo lo deposición de dos testigos.
Que serán tenidos por traidores a la patria todos los que a mi primera orden no estuvieran prontos a marchar y no lo efectúen con la mayor escrupulosidad, sean de la clase y condición que fuesen.
No espero que haya uno solo que me dé lugar par aponer en ejecución las referidas penas, pues los verdaderos hijos de la patria me prometo que se empeñarán en ayudarme, como amantes de tan digna madre, y los desnaturalizados obedecerán ciegamente y ocultarán sus inicuas intensiones. Más, si así no fuese, sabed que se acabaron las consideraciones de cualquier especie que sean, y que nada será bastante para que deje de cumplir cuanto dejo dispuesto. Cuartel general de Jujuy 29 de julio de 1812".
Manuel Belgrano.

