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Tita Merello, para siempre en el recuerdo

La actriz y cantante argentina , dio su último adiós en la Fundación Favaloro, del barrio porteño de Monserrat, el día de Navidad del convulsionado 2002.

(Télam)

A los 98 años, concentrada en la soledad y la religión, aquella anciana de carácter difícil estaba muy lejos ya del personaje de arrabalera que había construido para el público que la amaba en el cine, el teatro y, posteriormente, la TV.

Por decisión de sus familiares y amigos no se realizó velatorio, pero se recuerda que el paso de sus restos por la iglesia de San Pedro Telmo, en Humberto I y Balcarce, transformó el lugar en un atolladero a causa de los miles de personas que habían concurrido para rendirle homenaje.

Nacida el 11 de octubre de 1904 en un conventillo del barrio de San Telmo, Laura Ana Merello -tal su verdadero nombre- tuvo una niñez dura, que la llevó a trabajar desde los 10 años, hasta que inició su carrera artística en la segunda década del siglo en los teatros de revista.

Se dice que había debutado en la compañía de Rosita Rodrigo -que presentaba en el teatro Avenida "Las vírgenes de Teresa", una seguidilla de números cómicos y musicales picarescos- y que fue abucheada al entonar una canción.

Luego trabajó en locales de la calle 25 de Mayo, donde era figura Florencio Parravicini y muchas artistas mujeres evitaban porque era una zona poco recomendable, entre antros de prostitución y marineros que llegaban desde Puerto Nuevo.

Frontal en su trato y dueña de una personalidad desbordante, se convirtió con el tiempo, a fuerza de sufrimiento, trabajo, talento y voluntad, en una artista muy respetada y querida y en un símbolo de la mujer moderna de su tiempo, independiente y comprometida con las circunstancias sociales que le tocaron vivir.

"Me costó trabajo aprender a vivir, pero aprendí a leer y a pensar por mi cuenta; si fuera verdad que la inteligencia se desarrolla mejor cuando encuentra resistencia, yo tendría que ser la mujer más inteligente del mundo -decía con ironía-, fui resistida y resistente."

Ya consagrada en la calle Corrientes, grabó su primer tango en 1929 y luego otros en los que cantó acompañada por la orquesta de Francisco Canaro. Fue autora de la letra de "Llamarada pasional", con música de Héctor Stamponi, y de "Decime Dios, dónde estás", musicalizada por Manuel Sucher.

Participó en el que por mucho tiempo se consideró el primer largometraje sonoro del cine argentino, "Tango", de Luis José Moglia Barth, en 1933, justamente en el que debutaba un joven llamado Luis Sandrini, el hombre que iba a ser el amor de su vida.

Actuó luego en "La fuga", "La historia del tango", "Morir en su ley", "Filomena Marturano", y "Arrabalera", en la que sobre una obra de Samuel Eichelbaum inmortalizó su frase cantada "Soy Felisa Roverano, tanto gusto, no hay de qué".

Entre otros títulos rodó "Los isleros", "Guacho" y "Mercado de Abasto", todas de Lucas Demare, "Para vestir santos", de Leopoldo Torre Nilsson, "La morocha" y "Amorina", ambas de Hugo del Carril, y "Los hipócritas", una de sus tantas colaboraciones con Enrique Carreras.

Casi centenaria, la llamada "Tita del Pueblo" o "Tita de Buenos Aires", se había refugiado en una habitación de la Fundación Favaloro, donde su titular era su protector y guía, pero la muerte del profesional fue un golpe demasiado fuerte para ella.


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