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Ensayo sobre el poemario "Ciudad Intervenida"

El poeta, narrador y ensayista salvadoreño, Francisco Saldaña Contreras, Lic. en letras por la Universidad de El Salvador nos envía un interesante ensayo sobre el poemario “CIUDAD INTERVENIDA” del escritor correntino RUBÉN SEBASTIÁN MELERO. Diversas temáticas de su libro, cafés, migrantes, amistad, arte… son analizadas y ejemplificadas a través de la mirada competente de Francisco Saldaña Contreras.

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Francisco Saldaña Contreras / Rubén Sebastián Melero

EL COMPROMISO DE RUBÉN SEBASTIÁN MELERO

EN SU POEMARIO “CIUDAD INTERVENIDA”

Argentina: Lágrimas de Circe, 2017. pp. 73

“Según Heidegger, entre todos los hombres, sólo el poeta cumple la función de celebrar las esencialidades del mundo, de transferir por la palabra, para los demás hombres, la verdad de su entorno visto como mundo o universo y la verdad del ser hombre, visto como humanidad”, manifiesta la Dra. Juana A. Arancibia en La pasión americana en la poesía de Rubén Vela.

Por su parte, la también catedrática universitaria salvadoreña ya fallecida Dra. Matilde Elena López, en Estudios sobre poesía hace su aporte citando al poeta afroamericano James Baldwin (1924-1987), quien afirma: “El pueblo que engendra al poeta no es responsable de él; pero el poeta es responsable de su pueblo. Precisamente por eso se llama poeta. Y su responsabilidad, que es a la vez su alegría y su fuerza y su vida, está llamado a desafiar todas las facciones y a arrostrar todas las batallas insistiendo en el misterio humano”. Y continua: “El poeta debe dar testimonio, hasta tanto haya aliento en él, de esa poderosa, terca y transfiguradora fuerza que vive en el alma del hombre; y a aspirar a hacer tan bien su trabajo, que cuando todo cuanto debe caer haya caído, el pueblo, todos los pueblos, al buscar entre los escombros alguna señal o algún testimonio, puedan encontrarlo allí”.

Las anteriores reflexiones y otras que mostraré luego, también se cumplen a cabalidad en la poética de otro digno representante de las letras argentinas como es Rubén Sebastián Melero, cuyo compromiso va más allá de cualquier duda reflejándose a las claras en su quehacer literario.

Ya antes había publicado Sobre la piel del río (1988). La baba del caracol, (2013) y Árbol de las palabras (2015). Hoy nos entrega el último poemario estructurado en dos secciones: Ciudad Intervenida, compuesta por 29 poemas y Matria, con 12 trabajos. El libro, a la vez, está precedido por dos importantes epígrafes en donde el “dolor de la ciudad” y “la escoria” que por sus calles deambula causan malestar y angustia.

Ciudad Intervenida es, como lo afirma Carlos Enrique Cartolano en el prólogo, “El arte a la vista de todos, la pintura urbana y sus grafitis, (…) esculturas vivas, (…), grupos musicales y orquestas en plazas y calles”, etc., lo demuestran las láminas a todo color que engalanan el corpus. El poeta al que la naturaleza dotó de admirable talento y que debe ser el más culto de su tiempo, según César Pavesse, propugna por una poesía libre, sin ataduras de ninguna clase para que salga, vea, escuche, juzgue y enjuicie el estado de cosas imperante, elevándola a una categoría superior cuando sostiene que: /”La poesía se agita / sobrevuela las calles /aletea en los techos / salta desde las ventanas / la ciudad de antes / la de muros callados / cambia sus formas / dona sus paredes / libros abiertos / de letras gigantes” (CI).

Mientras imaginamos lo que no está explícito en el texto, asistimos al encuentro de una cruda realidad como son las villas o cinturones miserias con hambrientos que recorren parques y calles sin que a nadie le importe un comino, ni siquiera a los medios, siempre al servicio del poder legal o ilegalmente constituido. Aquí un desgarrador cuadro que te sacude las fibras del corazón: “Un encargado de edificio lo encontró / al salir a barrer la vereda / ni una sola palabra en los medios / silencio de radios / la gente no lee las historias del frío / no cree en los fantasmas / que mueren en las calles” / (Fantasmas).

Hablamos de corrupción, esa plaga que ha socavado los cimientos de nuestras instituciones y que está lejos de desaparecer. En Ulises se nos presenta trayendo consigo la justicia divina o no divina pero al fin justicia: /”… cantan las sirenas / las llamas devoran la casa de un corrupto / y hacen justicia por fuego propio “/. La voz lírica también denuncia con furor la contaminación de lo mares en la que perfectamente podemos incluir lagos y ríos. Con formidables imágenes que transmiten pesadumbre, manifiesta: /”Era pequeño / las olas parecían / torres de vidrio / y en su transparencia / dejaban ver el vuelo de los peces / ahora no / ellas se levantan / pescadoras que atrapan en sus hondas / toda la basura del verano /” (A Bibi Albert).

El poeta Melero “Un hombre que canta, y cuya voz se percibe en los elementos que componen la gran ciudad” posee una cualidad importante como es la de hacer que el lector piense, que se involucre con todos sus sentidos en el burbujeo de las ideas. Flor de la noche es un poema triste como tristes son los cuadros que a diario ofrecen los marginados. No dice abiertamente que se refiere a una prostituta pero se intuye por esos versos cargados de fuerza expresiva en una especie de teatro grotesco en la que presenta dos caras de una misma mujer que se inventa y reinventa, se crea y se recrea, para sobrevivir en estas sociedades asfixiantes: “/ Los faros de los autos iluminan la esquina / y en el centro de la escena / ella se abre /para ofrecer sus pétalos /. Pero durante el día aquella belleza provocada a fuerzas de maquillaje se pierde por completo: “…los pocos que la vieron / a plena luz del día / despojada del brillo / que le otorga la noche / comentan que era otra / tan apagada y mustia / con su corolla pálida / cubierta de espinas”. En este verso las espinas se vuelven símbolos de sufrimiento, de desesperación ante un tiempo que no perdona a nadie y es necesario hacerle frente, cubriendo los pétalos mustios para aminorar la dura existencia que por capricho de los dioses o del destino le ha tocado llevar.

El amor expresado en sus distintas manifestaciones ocupa un lugar privilegiado dentro del poemario. Y es que este sentimiento se convierte en una constante en la que el poeta no puede ni quiere desligarse. Con imágenes exquisitas la voz lírica nos pinta un cuadro en donde la pasión de una pareja se desborda sin límites cobijada por el sublime manto de la noche y abrazados por el oleaje de un mar que se vuelve cómplice de los amantes: /”Dos jóvenes se pierden en la noche / los cuerpos se camuflan con la arena / sus bocas escriben con pasión y saliva / el poema de un incendio de verano” / (Dos).

La inmensa preocupación por los niños que no conocieron infancia por andar en los afanes de la subsistencia son intensos como su poesía. Estos versos me recuerdan el Lazarillo de Tormes, clásico “pícaro” de la picaresca española, valga la redundancia. Conste, ello no significa que sea malo sino listo, inteligente, que conoce los secretos habidos y por haber para sobrevivir en las más duras circunstancias: /”Ese niño en la calle / que se las sabe todas / en su carita tiene / dos estrellas oscuras “/. El poeta sustituye los ojos del infante por dos estrellas no brillantes precisamente sino oscuras como oscura es la vida de cientos de millones de pequeños alrededor del mundo. Como contraparte, encontramos a un grupo de chicos tocando en una calle y que sin duda es una forma de ganarse el sustento diario: / “Un concierto de niños en la calle /. La fe en el hombre que alguna vez perdió el hablante lírico, es devuelta por la magia y el fuego de la música ejecutada por los mozalbetes, nada menos que El himno de la alegría y La primavera de Vivaldi: /”…ellos soplan el fuego / acarician las cuerdas / hacen vibrar mis timbales / me devuelven la fe “/ (Concierto).

La amistad, la verdadera amistad, especialmente entre artistas y escritores, es valiosa joya que debe pulirse y cuidarse siempre para mantenerla viva y fresca. Se aprecia en la grata costumbre de reunirse en bares y cafetines como antaño: /”En este bar / guarida de escritores / las palabras enlazan y dibujan / la urdimbre de un encuentro “/. Son oasis donde se comparte un vino, versos y experiencias a la vez que permite alejarse momentáneamente del mundanal ruido y sus trampas: “…flota en este lugar / por unas horas / la grata sensación de estar a salvo / de la garra ominosa que en las calles / atrapa desvalidos y suicidas “/. (Extranjeros en el bar Lavalle).

Además, el poeta en su recorrido por la gran ciudad sacudida por los primeros azotes invernales, confiesa: “/Entro al café / reducto que llama / en la ciudad que empieza / a sufrir el invierno /”. Esos duros inviernos del sur cobijados por la música de un grande: /”… suena la voz de Louis Armstrong “/. Alberga, asimismo, caudales de ternura tal como lo presenta en esta bella estampa de Amistad, alegría y ternura: “/Heidy me saluda / su vientre es nido de un sueño que ya tiene nombre “/ (Barracuda).

Al abordar el tema de los migrantes lo hace como con fastidio e impotencia. Un sólo verso desencadena una serie de ideas acerca de este fenómeno social que alcanza niveles alarmantes. La extrema pobreza, la inseguridad y las guerras los obliga a emprender travesías azarosas, llenas de dificultades, peligros y muerte: “/…migrantes que llegan con su carga de sueños /”. Pero también hay como un saludo a: /” …banderas de arcoiris y tambores / artistas que se adueñan de las calles / inaceptable horda de hombres libres /”. Da cabida a las luchas reivindicativas de los pueblos originarios largamente ignorados, humillados, pisoteados, masacrados: “Multitudes que dicen la memoria / pueblos que levantan sus wiphalas”. Ahora aparece la censura tratando de callar lo que no puede callarse ni detener lo indetenible: “/… ese modo que tienen de advertirnos / que ser poeta no nos habilita / a escribir todo aquello que sintamos / que debemos cuidar nuestras palabras /”. Aquí hay una denuncia hacia la intolerancia y discriminación que los supremacistas con sus discursos incendiarios pretenden mantener vivo el odio al extranjero así como engendrar temor y rechazo en la población pues “/quieren una ciudad que luzca / tan silenciosa y limpia / tan callada de miedo…”/ (2016).

Ahora bien, el mate, así como el tango, son símbolos por excelencia de la cultura argentina. Refiriéndonos al último, el hablante lírico nos hace saber que Ninah lo baile a las orillas del Río Hudson, en Nueva York. Ella “… abre sus alas / y comienza a volar “/. Esta imagen la complementa con otra llena de plasticidad: “...gacela que avanza / hacia el hombre que espera y la sostiene /” (Ninah). Y sigue el tango vistiendo sus mejores galas: /”… oculto tras el biombo / que dibuja la bruma / urgidos por las ganas / de bailar este tango…” /(Mariposas calientes).

José Isaacson, en El poeta en la sociedad de masas. Elementos para una antropología literaria, asevera: “Cuando los hombres son empujados hacia el mundo de las cosas, los poetas deben poner sus búsquedas al servicio del hombre; del hombre en su totalidad y en su unidad. No del hombre parcializado, desfigurado y disminuido...”

Siguiendo los planteamientos de Isaacson y de las investigadoras citadas al principio, podemos convenir que R. S. Melero a través de su poesía se solidariza con el hombre y trata de dignificarlo ubicándolo en el lugar que por derecho le corresponde dentro del entramado social. Hay, pues, una consustanciación entre poeta y entorno acusando, en ciertos poemas, un fuerte sentimiento de inconformismo y condena hacia estructuras injustas y en otros, desbordados sentimientos de amor en cuyo afecto vibran las cosas y el mundo que ama.

Ciudad Intervenida es un homenaje a ciudades como Mar del Plata y Goya; como también a la música, a ríos y mares. Los poemas florecen en los lapachos. Se revuelcan en la arena, flotan y vuelan sobre el agua y dejan escuchar rumor de olas y aleteo de gaviotas, garzas, peces voladores y el ronroneo de barcos pesqueros añorando viajes y aventuras. Son versos que andan de mano en mano como palomas llevando mensajes de aliento a la gente que sufre. De igual manera con aquellos que disfrutan alrededor de una fogata para compartir las dichas de la vida y la tradicional bebida que no falta nunca: /”Sopla una brisa fría / Juan enciende la leña / el corazón caliente de la sala / nos va juntando alrededor del fuego / gira la deseada rueda de los mates / los objetos nos cuentan sus historias / un poema se enlaza con el otro / y la tarde desgrana nuestras voces / como lapachos que florecen “/(Un día en “María Teresa”).

Ahora sintamos con el bardo el aire fresco y el inconfundible revoloteo del ambiente lleno de pájaros que emanan de la geografía como canciones sempiternas: /”…Cierro los ojos / respiro profundo / las garzas reales pasan / una tras otra “/. (Para tus ojos). Aun en los poemas breves la voz lírica tiene una forma especial de contagiarnos con sus emociones profundas: /”Fluye el poema / la lluvia se hace río / frente a mi casa /” (Fluye). O este fragmento: /”…junto a ese río / del que nacen los poemas /” (Exilio urbano).

Otro hermoso cuadro bañado de sol y de lluvia está a la vista como en una vitrina: /” La ciudad donde vivo / se acurruca en las piedras / cuando llega el invierno”. Es el frío inmisericorde que la abraza y la hace caer en letargo y que por el contrario “… en los días soleados / se despierta / y sale a caminar /. Atrás quedó el invierno con sus dentelladas y mordiscos helados y el alegre y radiante verano, en su máximo esplendor, se vuelca a recorrer calles y plazas: “/…hay conciertos gratuitos / niños que ríen / jóvenes que bailan “/, (Mar del Plata).

Acotamos en párrafos anteriores que Rubén Sebastían Melero no quiere lectores pasivos sino activos, es decir, que piensen. Observemos: Matria, nombre de la segunda sección, es un vocablo formado por los significantes Madre y Patria, o sea, Madre Patria. Nos encontramos entonces con otro homenaje tanto a la Patria Grande (Argentina) como a la Patria Chica (Goya) lugar de nacimiento, pero especialmente a esa otra pequeña patria que es el hogar en cuyo centro, como en pedestal de oro, está su progenitora, Aidita, quien mantiene siempre encendido el sagrado fuego en los hornos donde se cocinan las palabras que Sebastián extraerá a su debido tiempo transformadas en poesía.

El regreso a Goya es pletórico de tambores y recuerdos. Ya no es el poeta adulto sino el poeta niño o mejor dicho el niño rompe silencios que juega en jardines, recorre veredas y persigue pájaros con su “honda máuser” y que años después llegaría a pintar versos como estrellas en el cielo. Esos queridos lugares que dejaron imborrables huellas en su alma infantil hoy lo recompensa con entusiasmo y devoción en ramilletes de poesía: “/era un niño que amaba las palabras / las hacía sonar como tambores / siempre regresa a mí / sin que lo llame / parece presente cuando mis manos / se disponen abiertas / como gajos / para brotar poemas /” (Era un niño). Y luego otro puñado de sentimientos floridos que esparcen delicados aromas: /” Viajo a Goya / llego a mi casa / me reencuentro niño / juego bajo la lluvia / disfruto las plantas de mi madre / el olor y el sabor de sus comidas / apoyo mi cabeza en su regazo / me acaricia / y su voz / llena de amor / entona / mi primer poema / su canción de cuna /” (Mi primer poema).

Concluiremos este estudio abordando ¿Llegarán?, poemita de apenas tres líneas traducido a una pregunta fundamental que R.S.M. se hace a sí mismo y que todo aquel que se dedica al oficio de versificar debiera formularse: ¿Llegarán las palabras / estas palabras / a cumplir su destino de poema? La respuesta es afirmativa desde cualquier punto de vista. No hay discusión al respecto porque Rubén Sebastián Melero es un poeta lúcido que conjuga el oficio de artesano de la palabra con el de siquiatra, que no es poca cosa. En sus versos, fluidos y bien trabajados, es notorio el equilibrio entre forma y contenido, algo que el genuino poeta debe tener siempre presente. Además, maneja buenos recursos literarios, elementos de suma importancia para alcanzar el goce estético. Es, como escribe Rafael Felipe Oteriño “Poesía (…) comprometida, solidaria, en ella la gracia de vivir se vuelca hacia los otros…” O para terminar de redondear la idea, “poesía de tierra firme” como proclama Nicanor Parra en su Manifiesto. Algo que otros no logran concretar ya sea por falta de talento, voluntad o paciencia. Es grandiosa y loable la labor del poeta goyano pues sus versos, como canales de comunicación, no presenta ningún obstáculo para su comprensión como arte al servicio de los demás.


Bibliografía

Arancibia, Juana Alcira (Editora).

La pasión americana en la poesía de Rubén Vela. Ensayos críticos. Volumen VII.

Colección estudios hispánicos.

Argentina: I. L. C.H., 2001, 348 pp.

Isaacson, José.

El poeta en la sociedad de masas. Elementos para una antropología literaria.

Argentina: Editorial Américalee, 1969, 156 pp.

López, Matilde Elena.

Estudios sobre poesía.

El Salvador: Dirección de publicaciones, 1970, 482 pp.

Melero, Rubén Sebastián.

Ciudad intervenida. Argentina: Lágrimas de Circe, 1917, 73 pp.

Pavesse, Cesare.

El oficio de poeta. Argentina: Ediciones Nueva Visión, 1964, 113 pp.

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