"El Lobo del cuento siempre vuelve"
Es verdad lo que mi vieja me contaba, "el lobo siempre se devoraba a caperucita roja", porque el sueño es de los que creen, que siendo ricos o pobres, siempre se cumplen.
Déjame llorar porque lo necesito, déjame que me agarre de la cabeza y que un cóctel de recuerdos se me vengan a la cabeza, déjame que me ría mientras me abrazó a otro loco que se vino como yo hasta la ciudad mediterránea, con lo puesto y engañando el bagre de nuestros estómagos.
Es que vos sos así, como el fútbol mismo, siempre una pretexto para ser feliz, cuando en mi tierra me suben el boleto "de prepo", me mienten y nos hacen sentir a los jujeños unos chivitos de la Quebrada y Puna, ojalá fuese por su pureza, pero lamentablemente, por creernos unos animalitos más fácil de llevar mientras ellos nos curten el cuero y se llevan, no sólo el pellejo, sino el dinero que valen nuestras cabezas.
Por eso es que yo afirmo que el fútbol es una bendición de Dios, para disimular la estrechez de nuestras vidas, y en esto me aferro –no por demagogia- en lo mismo que podría sentir un hincha de Zapla, Ledesma, Talleres, Cuyaya, Lavalle o cualquier club que sueña. Nosotros como muchos tenemos sentimientos, tenemos pasión y sobre todo, tenemos alma...
Hasta me gustaría darle a todos un abrazo, porque el fútbol de Jujuy es grande no sólo por Gimnasia, sino por todos los que lucharon y siguen luchando por esta pasión que solo un hincha puede entender. Porque somos grandes no solo por nuestros logros, sino también porque sino le hubiéramos jugado a Palermo, El Cruce o Atlético Palpalá, no hubiésemos sido representantes por Jujuy en el fútbol de los grandes.
¿Entender? Acaso tenga que ver con la razón que ni la literatura ni la filosofía entiendan, cuando nos "ningunearon" diciendo que el futbol es el opio de las masas. En todo caso me apoyo en lo teologal, precisamente en esta religión que es amar a Dios por sobre todas las cosas, tomando como un recreo para nuestros espíritus la camiseta y esa caprichosa "pelotita" que va y viene por el manto verde de una cancha.
No lo puedo creer, aunque desde chico mi vieja me haya leído una y mil veces el cuento de "Caperucita roja y el lobo". Solo que en el imaginario colectivo de nuestra gente, el Lobo siempre se devoraba a caperucita.
No sé, mis ojos se nublan mas allá de esta docta (cancha de Instituto), por ahí se me "pianta" una nostalgia cuando pienso que en los partidos de radio, me parece escuchar ¡gol de San Lorenzo de Mar del Plata, a los 30 minutos "Llamarada" Erezuma!, o vuelvo a esa anécdota cuando con un amigo trompetista llamado Arturo acompañamos a Altos Hornos Zapla allá por el nacional 85 para enfrentar a Kimberley de Mar del Plata.
Es que hoy volvimos a tener una revancha ante Aldosivi y prácticamente, entre dos "Cowboys", llegamos heridos, pero al final le pusimos la bala en donde correspondía.
Ahora nada ni nadie podrá cargarme, ni en mi provincia, Salta o Tucumán. ¿Sabés por qué? Porque simplemente fuimos viejos lobos hasta llegar a ser el "Capo del Norte".
Es que yo siempre lo dije, yo soy hincha del fútbol, más allá de los colores que más quiero. Por eso me siento una suerte de Fontanarrosa (humildemente), fanático de Central pero respetado por todo su Rosario. Mientras yo soy una suerte de "Sunchurrumpi", aquel personaje que divertía con sus ocurrencias, chistes y toda clase de contrapunto en las tribunas, que él siempre ganaba por goleada.
Estoy aquí, apoyado entre mis piernas y tomándome todavía de la cabeza, temblando por una nueva emoción que me lleva a un sinfín de sensaciones. Entonces es inevitable acordarme de todos los "viejos lobos, los que iniciaron esta leyenda, los que nos llevaron al escenario mayor para que todos miraran que en la "botita" del mapa de la República Argentina, existíamos nosotros mas allá de nuestro glorioso Éxodo jujeño, La batalla de León , del "Rana" Valencia campeón del mundo, del "Perro" Santillán en los años 90 volteando gobiernos y con razón y el "burrito" Ortega aunque no pertenezca a nuestra historia de Gimnasia.
Me gustaría ir a abrazarme con todos esos muchachos que vistieron los colores de nuestro primer amor, pero los veo lejos, casi inalcanzables, aunque sé que tarde o temprano tendré la oportunidad de darles gracias de corazón de lobo.
Pero no puedo con mi alma que me arrastran a viejos momentos, como si los fantasmas me visitaran desde los viejos rincones del estadio "La Tablada", como si el barrio Luján me muriera junto a algún infartado, en esa tarde de los penales atajados por "Carucha" Lugano ante Juventud Antoniana allá por el ‘73. Me gustaría festejarlo con el "Mono" Siacia, "Ranguita" Rojas, Roque Escobar (que hace pocos se nos fue), con Marcial Acosta, la Biblia del fútbol albiceleste, con el brasileño Delem, quién nos dio el primer Nacional "B" en el ‘86, con el "Quico" Carlos María Sosa que nos hizo tan felices, con el "Ratón" Morelli y ese gol triunfal ante Chacarita, con dirigentes como "Tato" Fernández, Doroteo Almirón o "Mico" Sadir, hinchas como "La abuela" Juana, "Vampiro" y los que no llegué a conocer en la multitud de afectos. Habrá muchos que hicieron fuerzas desde el cielo, mientras los otros protagonistas mundanos seguirán presentes en mi cariño.
Por eso es –aunque me cueste hacerlo- por tanta perturbación emocional, tengo calmar este frenesí que desborda Córdoba, hasta inundar de alegría los valles, las quebradas y las punas de Jujuy.
¡Qué mas le puedo pedir a Dios! Si a pesar de los que entorpecen la vida de nuestra gente, al fin y al cabo, nací en mi tierra con Zapla, Talleres, Ledesma y con todos los clubes de Jujuy. Porque así nació este lobo del cuento, entre tantas apologías nacidas en las entrañas de nuestro fútbol.
A veces pienso que ya no estoy para estos trotes, después de los kilómetros de vida que me llevó este berretín, pues no conozco la muerte –por el contrario- le temo, aunque sé que ya que tuve la cuna, me espera la tumba, queriendo que sea la emoción del fútbol que me lleve...
Apenas puedo levantar la cabeza, para saludar a esos muchachos que se debatieron por nuestra casaca celeste y blanca. Al Señor Mario Sciacqua y a todos sus jugadores, quienes ya tienen un lugar privilegiado en nuestra historia, quisiera estar con todos ustedes para derretirme en un abrazo y decirles cuánto nos brindaron a los jujeños.
Yo sé que nunca nos olvidarán como ustedes a nosotros, apenas puedo bajar las gradas de este estadio para arrimarme al alambrado para gritarte aunque no me escuches: dale lobo, dale lobo... Ese grito que me enseñaron mi viejo y mis hermanos para hacerme por siempre "albiceleste"...
Te veo dar esa mágica vuelta olímpica, mientras muerdo el alambrado y mis lágrimas se van con vos detrás de tu euforia, de los forasteros y de los que nacieron en mi patria futbolera.
A todos gracias, porque como dije siempre "la leyenda continúa", el Lobo una buena tarde o noche siempre vuelve.
Gracias, es verdad lo que mi vieja me contaba, "el lobo siempre se devoraba a caperucita roja", porque el sueño es de los que creen, que siendo ricos o pobres, siempre se cumplen. ¡El lobo de vuelta a Primera! Y ahora... quién nos podrá despertar hermano!!!!

