Política

El desarrollo sostenido se construye con instituciones sólidas

El desorden institucional en Jujuy no tiene solo como epicentro la Casa de Gobierno, la Legislatura, el municipio y el Concejo Deliberante, sino que se ha extendido a la mayoría del territorio provincial. Concejales que no asumen sus bancas de acuerdo a la ley, falta de rendición de cuentas, rechazo a pedidos de interpelación por supuestos hechos de corrupción, etc.

Los graves problemas institucionales no afectan tan solo a la economía. También condicionan la calidad de las políticas públicas. Cuando los mecanismos de control pierden fuerza, disminuyen los incentivos para corregir errores, evaluar resultados o rendir cuentas ante la gente.

Las decisiones pueden volverse menos eficientes y más dependientes de criterios políticos de coyuntura. En ese contexto, los recursos públicos corren el riesgo de destinarse a iniciativas de dudosa prioridad mientras persisten déficits estructurales en infraestructura, salud, educación o seguridad.

De modo que el desafío para Jujuy no pasa solamente por atraer inversiones o conseguir financiamiento. Pasa por fortalecer la confianza social en las instituciones, garantizar reglas claras y promover una cultura política donde el poder encuentre límites efectivos y controles independientes. Las sociedades que logran crecer de manera sostenida suelen ser aquellas donde las instituciones generan previsibilidad y donde los ciudadanos perciben que las normas se aplican de manera equitativa.

Sin esa base institucional, cualquier avance económico corre el riesgo de ser transitorio. El desarrollo duradero no se construye únicamente con obras o anuncios; se construye, fundamentalmente, con instituciones sólidas.

El orden institucional sólido requiere mucho más que reformas legales. Implica la construcción de un sistema en el que las reglas sean respetadas por gobernantes y gobernados, donde el poder tenga límites claros y donde las instituciones funcionen con independencia de las personas que conducen el Estado.

Respecto de la libertad de prensa y el pluralismo político, también juegan un rol fundamental. Una democracia saludable necesita medios capaces de investigar y cuestionar al poder, como así también una oposición con posibilidades reales de ejercer control y presentar alternativas.

No hay orden institucional posible sin una cultura cívica que valore el respeto a la ley, el diálogo y la convivencia democrática.

El radicalismo en el poder confunde instituciones con edificios y cargos públicos, pero en realidad las instituciones son hábitos que se construyen con el paso del tiempo.

Desafortunadamente, el gobierno de Jujuy ha instalado la lógica de la obediencia personal, el favoritismo y la impunidad, cuyo resultado es el debilitamiento de las instituciones.

En definitiva, el orden institucional surge de la combinación entre reglas claras, controles efectivos y división de poderes. Así se crean las condiciones para la estabilidad, la confianza y el desarrollo.