29 de junio: Argentina campeón del mundo '86
MEXICO TAMBIÉN FUÉ NUESTRO... Fue como estamos acostumbrados los argentinos, una historia fantástica. Porque veníamos del fracaso del Mundial 82 con Maradona incluido, quién había sufrido su primera frustración quedando desafectado del plantel campeón del 78. Esas lágrimas que darramó el Diego, la mezcló con furia cuando se fue en España, luego de aquella "plancha" a un brasileño, con los dientes apretados y con aires de revancha contenido.
Se había terminado el ciclo de Menotti, y se iniciaba el proceso de Carlos Salvador Bilardo, que estaba en las antípodas del estilo de los hinchas. Por entonces era un exitoso técnico de los 80 con ese Estudiantes que le ganaba las “Pulsedas” a Independiente, dos escuelas asimétricas y diametralmente opuestas, en esas épocas.
Lo cierto es que el tacticismo, el pragmatismo, lo utilitario, se volvía a poner de moda, como en esa disidencia que generó entre "Menottistas" y "Bilardistas", como si no nos faltaran divisiones a los argentinos, acostumbrados a las divisiones insensatas. Algo así como nos ocurrió, después de Suecia 58, en dónde nos disgregamos entre ocuparnos de un fútbol físico o un fútbol clásico. Igual el regreso a las fuentes fue en el 78, cuando el equipo argentino, jugó el fútbol que le gustaba a la gente.
Para el colmo, el proceso de Bilardo comenzó mal y prácticamente terminó de la misma forma, en la previa del ciclo previo .Incluido las eliminatorias, en dónde Argentina clasificó angustiosamente ante Perú, gracias a Pasarella y Gareca, con aquel recordado gol agónico
De allí que la delegación Argentina marchara hacia el mundial de México, con todo el descrédito y la apatía del fútbol argentino.
Sin embargo esa etapa, llevaría consigo una suerte de revolución táctica, por el modo de distribuir y de parar a sus equipos, Carlos Bilardo, discípulo del inolvidable Osvaldo Zubeldía. No faltaron las rencillas internas, por la discutida capitanía entre Maradona y Pasarella, que terminó con una hepatitis del zaguero de River atemperando las cosas.
La cabeza de Bilardo, que estaba en juego, y las presiones que había alrededor del seleccionado, eran asfixiantes, pero el equipo ya estaba dispuesto para la gran hazaña del mundial en tierras aztecas.
Fueron un mes, y exactamente, siete partidos inolvidables que llevaron de la guillotina a la guillotina, al cuadro comandado claramente por un astral, Diego Armando Maradona. Claro está, con sus lugartenientes mundialistas, como Pumpido en el arco, los hermanos Enrique, Olarticoechea, Giusti, Batista, Burruchaga, Valdano.
Un dos de Junio, todo comenzó con un tres a uno ante Corea, cuyos goleadores fueron Valdano en dos oportunidades, con gol de Ruggeri para los argentinos, descontando Park para los asiáticos. Pero había que seguir demostrando, que el equipo estaba bien, que ante los coreanos, solo era el comienzo de una gran campaña.
Fue así que llegó el turno de Italia, campeón cuatro años atrás en España, abriendo el marcador Altobelli para los "Azurros", empatando en una de sus primeras jugadas geniales, Diego Maradona para establecer un merecido empate.
El cierre del grupo "A", quedó establecido con Argentina invicto, ganándole a Bulgaria dos cero, con Valdano y Burruchaga como autores de las conquistas "albicelestes". El país comenzaba a ilusionarse con la producción de un conjunto que había partido con todo el "ateísmo futbolístico", desde el Río de la Plata.
Por fin llegaba el clásico ante Uruguay, que no se reeditaba desde el mundial de 1930, pero la victoria fue para nuestro seleccionado 1 a 0, con gol de Pedro Pablo Pasculli , resultado que levantaba la euforia de un país, que empezaba a creer en una nueva epopeya.
Pero un domingo 22, fue una jornada gloriosa para el equipo nacional, ya que Inglaterra era el rival esperado. Ese día, el mundo iba a ser testigo del gol conocido "con la manos de Dios" ya que Diego se elevó con los ángeles, para dar inicio a un increíble triunfo argentino, que tuvo su corolario, con un extraordinario golazo de Maradona, en ese grito inmortal del relator uruguayo Víctor Hugo, quién describió perfectamente, un gol de todos los tiempos.
Argentina estaba casi en las "crestas de las olas", solo faltaba un pasito más, su último escollo era Bélgica, pero a esa altura, el equipo de Bilardo tenía a un genio inspirado en Maradona, cuya actuación ante los belgas, fue definitivamente brillante. Dos goles de Diego, convertido ya en Dios para los argentinos, le dieron el pasaporte a la final tan ansiada y también impensada para todo un país.
Hasta que llegaría aquel 29 de Junio imborrable, el día que los simpatizantes alemanes y mexicanos, tuvieron que ponerse de rodillas ante un incontenible equipo argentino. Claro que tuvo un poco que sufrir, ya que primero, el "Tata" Brown de cabeza, luego Valdano en una vertiginosa corrida ponían un dos a cero, casi determinante. Pero los alemanes reaccionaron, logrando empatar en dos tantos para enmudecer al público argentino.
Sin embargo, la memorable corrida de Jorge Burruchaga, escapándose para el tercer gol de la victoria, sellaría la épica tarde en la que Argentina alzaría por segunda vez, la copa mundialista en su historia.
Así otra fantástica historia del fútbol argentino se concretaba, por obra y gracia de un inspirado Diego Armando Maradona, con un técnico con su táctica innovadora y aquellos jugadores inolvidables: Pumpido, Cuciuffo, Brown, Ruggeri, Olarticoechea; Giusti, Batista, Enrique, Burruchaga, Maradona y Valdano, quedaron inmortalizados en esa tarde mexicana, cuando nuevamente, el mundo se rindió a los pies de Argentina campeón 1986.
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