El reclamo de parte de docentes autoconovocados y de los gremios fue recurrente y fluctuante a medida que cambiaba la situación epidemiológica.
Los docentes de todos los niveles pidieron al gobierno de Jujuy la suspensión de la presencialidad y prioridad a los trabajadores de la educación para acceder a las vacunas.
El reclamo por mejores condiciones sanitarias en los establecimientos también fue constante, frente a la escasa cantidad de elementos de bioseguridad e higiene que algunas escuelas recibieron durante 2020.
Nunca cambió el cuestionamiento de este sector hacia el gobierno de Morales, por cómo se manejó la situación sin contemplar la salud de los docentes.
El dolor por las pérdidas no se puede ocultar, pero sí se puede ayudar a prever cómo manejar una situación de acuerdo a los antecedentes. El gobierno muchas veces, sino siempre, dio muestras de que está en otra frecuencia y no coincide con el dolor de las familias de docentes.
En el tiempo del incremento en los casos positivos y la presencialidad vigente en las aulas, el sector exhortaba al Ministerio de Educación celeridad en la vacunación.
Incluso este año, previo a las elecciones provinciales de junio, se enmarcaron las muertes docentes en medio de elecciones postergables. Frente a todo el dolor, el gobierno hizo oídos sordos y por ello para muchas familias hoy, 11 de septiembre, no hay nada que celebrar.