Política | Día de la Lealtad

Mientras vuelve el peronismo, el PJ de Rivarola se queda con Morales

El nuevo aniversario del Día de la Lealtad encuentra al peronismo jujeño en una compleja situación, absolutamente dividido entre los que están en el poder junto al gobierno y aquellos peronistas que siguen soñando con recuperar el gobierno provincial.

Una grieta de gigantescas proporciones e imposible de zanjar. De un lado están aquellos que disfrutan de las miles del gobierno provincial, los que sellaron un acuerdo no escrito con el gobierno de Morales y cuyos beneficios son literalmente inconfesables.

Solo unos muy pocos reciben algún suntuoso beneficio por tanta sumisión, otros en cambio son sumisos vocacionales ya que apenas reciben algunas migajas que caen de la mesa del poder. Un esquema de decadencia absoluta, tanto moral, como intelectual y política.

El peronismo en su historia no tiene como cultura la escucha de las bases, al igual que la democracia interna y abrir cauces a las divergencias, estos son solo enuncias que sirven en los discursos, el peronismo es por naturaleza es unanimista, vertical, caudillesco, hasta caótico e impredecible, todo este caos siempre funcionó como un gran motor que lo llevó al peronismo a ser gobierno en la provincia y en el país durante décadas.

Del caos surgía una infalible maquinaria electoral, de resultados extraordinarios, todo de la mano de la herramienta que era el Partido Justicialista.

Hoy en Jujuy eso ya no existe, el partido Justicialista fue cooptado por Gerardo Morales, por supuesto bajo la siempre conveniente anuencia de Rubén Rivarola y sus adláteres, que tuvieron hasta la necesidad de cambiar el discurso ritual del PJ.

Rivarola y su PJ ya no hablan de la “oligarquía” contra el pueblo, ni “corporaciones” o “grupos concentrados” de poder, este discurso quedó para el peronismo, aquel que por estas horas intenta por todos los medios marcar las diferencias. Hoy el Partido Justicialista simplemente se dedica a garantizarle a Morales todos y cada uno de sus caprichos, las viejas luchas de los derechos sociales quedaron solo para las redes sociales, no avanzan ni luchan por los que menos tienen, simplemente se encargan de garantizar que la decadente oligarquía económica / política de la provincia siga su derrotero sin sobresalto alguno.

Hasta los dirigentes gremiales del rivarolismo literalmente abandonaron la lucha por los trabajadores, ejemplos sobran y son hartos conocidos.

Jorge Rodríguez permitió que sus camioneros estén días varados en la ruta porque Morales así lo había decidido, el silencio del gremio de atroz hasta que desde Buenos Aires apareció la voz de Pablo Moyano.

Luis Cabana de UPCN, celebra cualquier cosa que ofrezca el gobierno, hasta los paupérrimos aumentos que dejan a los trabajadores muy debajo de la inflación.

Pedro Belizán, silencio absoluto cuando EJESA y la SUSEPU dispusieron un aumento salvaje en la tarifa de luz.

Esto tiene sus consecuencias políticas, ahora vimos como el peronismo con su clásica versatilidad logró conformar un nuevo frente político con sectores de los más diversos, desde sectores de la centro izquierda hasta referentes de la centro derecha, pasando por la ancha avenida del medio, todos juntos para decirle que no a la reforma constitucional del Morales.

Este frente tenía el sello del peronismo, mostrando su capacidad de cobijar absolutamente a todos, sin ninguna exigencia de pureza ideológica.

Pero en este mismo frente opositor flotaba en el aire que no solo Morales era el adversario a vencer, sino también existía la necesidad de mostrar a los jujeños dónde está el peronismo en la provincia.

Y en realidad el peronismo está en todas partes, inclusive dentro del propio gobierno, donde son cada vez más aquellos que se atreven a empezar a hacer peronismo.

Un día antes de las elecciones que dieran paso a la victoria de la fórmula Perón-Quijano de 1951, Enrique Santos Discépolo recitó: “La verdad: yo no lo inventé a Perón, ni a Eva Perón, la milagrosa. Ellos nacieron como una reacción a los malos gobiernos. Yo no lo inventé a Perón ni a Eva Perón ni a su doctrina. Los trajo, en su defensa, un pueblo a quien vos y los tuyos habían enterrado de un largo camino de miseria”.

En Jujuy, la mitología del peronismo vuelve y persiste, aunque retorna en el marco de una crisis inédita con horizontes difusos y enemigos precisos.