Jujuy | Desarrollo Humano |

Comedores sufren inexplicable burocracia

El retraso en el pago a los proveedores de comedores escolares nuevamente ocasionó problemas; los funcionarios lo justifican por “el recorrido de las carpetas”, pero los comerciantes explotan cada tanto: cuando cobran pierden con la inflación. 1.266 empleados en el Ministerio de Desarrollo Humano no logran agilizar el trámite.

El conflicto de la escuela N° 411 “Mayor Enrique Luteral” del barrio Antártida Argentina, en la localidad de Palpalá, re instaló una falencia crónica que persiguió a la gestión actual durante sus primeros cuatro años de gobierno.

El costoso e ineficiente sistema de comedores escolares agota la paciencia cada tanto de los comerciantes que venden su mercadería a las escuelas, pero esperan meses y hasta un año entero para ver un peso. 

La situación no es nueva, y quienes se transforman en proveedores del estado son conscientes del lento recorrido de los expedientes en las distintas reparticiones. 

Lejos de ello, el 24 de mayo la actual ministra Natalia Sarapura justificó la demora por el gran volumen de mercadería que se compra y la importante cifra que se invierte. 

En efecto, son 619 las escuelas que la provincia abastece para que los alumnos desayunen, almuercen y/o merienden. 
Esto representa una inversión, según la ministra, de alrededor de 600 millones de pesos al año. 
El gobierno ha destacado como una virtud, además, que sean los comerciantes locales quienes tengan prioridad para establecer venderle a las escuelas. 

“Se quejan, pero cuando cobran, cobran lindo”, dijo el gobernador Gerardo Morales en agosto de 2018. 

Esta afirmación esconde otra realidad: a sabiendas de la demora, quienes proveen aumentan los precios. Es el costo que se paga por la burocracia. 

Además, trabajadores del área reconocen que hay favoritismo: los comerciantes que gozan de cierta afinidad con los funcionarios de turno reciben escuelas de las zonas urbanas y sus expedientes tienen la “suerte” de tener un recorrido mucho más ágil que aquellos de las zonas más alejadas de las oficinas de calle Párroco Marshke, en San Salvador de Jujuy. 

Allí, aseguran, hay facturas de 2018 aún sin abonar. 

Por otro lado, es discutible que el volumen del plan se convierta en argumento para la demora. 

Según una nómina publicada en un sitio oficial, hasta el año 2017 el Ministerio de Desarrollo Humano contaba con 1.266 empleados. Semejante recurso humano no se traduce en una óptima prestación del servicio. 

Ni la corta gestión de Natalia Sarapura – que busca convertirse en diputada nacional en las próximas elecciones – ni la de su antecesora Ada Galfré, ha diseñado planes que aporten soluciones a la burocracia de la que el propio gobernador se queja. Un problema netamente de gestión ante el que los responsables parecen resignarse. 

La demora en el pago a los proveedores de las escuelas tiene un promedio de 6 meses. 

Se estima que más de un centenar de comerciantes están en el sistema. 

La celeridad aparece cuando la queja por la demora llega a los medios de comunicación, según los protagonistas. 

Los afectados, aunque se encuentren ahogados por la situación, expresan su malestar por lo bajo, evitando la exposición por temor a perder el negocio. En muchos casos se trata de almacenes para los que este servicio es vital. 

La propia ministra Sarapura reconoció que a veces “se busca otro proveedor”, cuando capacidad del empresario para seguir esperando a cobrar se agota. 

Los directivos escolares que difunden la situación tampoco están exentos de medidas para disciplinar: los supervisores del área suelen “recordarles” que no pueden conversar con los medios de comunicación. Lo hacen cuando temen que los alumnos se vuelvan a sus casas con el estómago vacío. 

La situación ha sido más o menos parecida durante todo el primer mandato de Morales, al que le quedan sólo cinco meses. 

Los funcionarios actuales no esconden su molestia cuando el tema se instala en los medios de comunicación. Es cierto que la burocracia no llegó con ellos. Tanto como que no hicieron muy poco para ser más ágiles en cuestiones urgentes, como el hambre de miles de chicos. 

 

 

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