Sueño cumplido. Martín unió Ushuaia y La Quiaca en 9 meses
“Lo que nunca se rompió es la ilusión”, relató este profesor de Educación Física que cumplió el sueño de unir corriendo las ciudades estas dos ciudades, en 276 días de travesía y en un desafío solidario.
Llegó hace dos días a la frontera norte, por Ruta 40 acompañados por mucha gente, que en distintos tramos de la travesía, se fue uniendo.
Todavía embargado por la emoción de haber cumplido este propósito, Martín fue entrevistado por Horacio Caride conductor del programa “Un día por delante” de Radio Mitre, cuando aún se encontraba en La Quiaca. Allí destacó el valor de la solidaridad y el esfuerzo para cumplir metas y sueños.
Los cinco mil setecientos kilómetros recorridos, lo hizo empujando un carrito de tres ruedas donde llevaba los elementos esenciales para supervivencia, como abrigo y comida.
Fueron muchas noches de soledad donde lloró mucho..
Comenzó su travesía en Ushuaia, corriendo por la ruta 3, hizo un tramo por Chile, tierra del Fuego, Santa Cruz y todo el tramo de la Ruta 40- “Fueron sumándose más kilómetros ya que iba solo corriendo con un carrito que pesaba entre los 60 y 70 kilos. Como Estaba solo y las distancias eran un poco más larga, por allí me desviaba a un pueblito que estaba a cinco kilómetro” dedstacó ante la consulta de Caride.
Al finalizar en La Quiaca terminó recorriendo 5.729 kilómetros. Fueron 276 días; 9 meses, 1 día, 1 hora y 54 minutos desde aquel 19 de octubre del 2015 que partió. “Ese día que salí estaba nevando, con un pantalón corto y muy contento. Llegué hace dos días de La Quiaca, acompañado de gente que conocí en este viaje”.
Sobre el porqué este desafío, contó: “Tienes dos grandes motivos. El primero un pico de stress que tuve a los 23 años y quedé inconsciente en el hospital de mi ciudad. Esa noche soñé que corría. Pasó a ser el sueño del peor día de mi vida, al sueño “de mi vida” y tratar de hacerlo real. Primero no conseguía sponsor, nadie me creía capaz que lo podía hacer”. Los primeros días de la aventura, no fueron muy buenos. “Primero salí con una mochila desde Mar del Plata a Tandil, me lastimé un poco las rodillas. Entonces se diseñó ese carrito y en octubre salí con el otro motivo, de que cada kilómetro que yo corriera, era un alimento no perecedero. Red Solidaria de Tandil, me ayudaba a que cada provincia, que yo corra se transforme en una obra solidaria”.
Serán dos las instituciones a las cuales se le va a distribuir esos 5.700 alimentos.
Martín todavía sigue sin entender cómo pudo hacer realidad este sueño, y es por eso que ya se planteó otras metas, como correr al cerro más alto de la región, el Aconcagua.
Pero primero debe retornar a su ciudad de origen. “Realmente no tengo noción de que ya haya terminado el recorrido. La idea es salir hoy y mañana hacer noche en Rosario y entrar a Tandil el domingo a las 4 con un trote simbólico desde la rotonda, hasta la plaza central,, donde se haga un cierre con la gente que uno quiere”.
Ya en diálogo con el Dr. Cormillot, Martín relató que diariamente insumía dos tipos de comidas. “Las que me hacían bien, por ejemplo los hidratos de carbono, las proteínas, las frutas, agua con sales rehidratantes, que me hacían bien físicamente. Y tenía esas comidas que me hacían bien a la cabeza, un chocolate a las 2 de la mañana en el medio de la nada, cuando estaba a dos o tres días para llegar a una localidad, si bien no aportaba lo mismo que una comida sana, era como un regalito, para llamarlo de alguna manera. Comía lo más sano posible, pero de vez en cuando me daba un permitido como para alimentar la cabeza de alguna manera”.
En cuanto a bebidas, solo consumió aquellas que poseía sales rehidratantes. “Al principio tomaba agua de todos lugares, pero al principio andaba con vómito y me plantearon que por allí tenía la “diarrea del viajero” porque no estaba acostumbrado a tomar el agua de los distintos lugares. Me aconsejaron, por el desgaste físico que hacía tomar agua con sales.
La verdad que tuve mucha suerte al llegar sano luego de estos nueve meses”.
La travesía, le costó 9 pares de zapatilla, 12 ruedas de las cuales 32 veces pinchó, 4 celulares, carpa y colchón. “Todo lo que salió de Ushuaia no llegó a La Quiaca. En la Patagonia era muy hostil el clima aún en el verano con temperaturas muy bajas, me despertaba y la carpa estaba congelada por la condensación. El viento una vez me rompió la carpa. El colchón, cuando estaba cruzando Chile se me lo voló. Hubo dos o tres días donde me tocaba dormir arriba de piedra o quedarme en lugares donde no me daba el viento. “Los anafes, todo se ha roto, pero lo que no se rompió fue la ilusión, que es lo que me deja contento”.
Correr en soledad le llevó a pasar distintos estados de ánimo y también aprendió a llorar. “A principio me daba vergüenza, antes de Ushuaia a La quiaca, hice de Tandil a Azucena, fueron 30 kilómetros cuando llego estaba toda la escuelita esperándome, los alimentos eran para ellos y no me permití llorar. Y luego dije, “hubiera sido lindo”, pero me dio vergüenza. Cuando hice Mar del Plata Tandil, caí con los medio de mi ciudad y allí si me largué a llorar y lo disfruté” contó a la Audiencia de Radio Mitre.
“En este viaje creo que todos los días lloraba. Era lindo que en medio de la nada frente un auto y te diga Martín… la verdad que he disfrutado llorar y eso lo pone a uno muy contento” relató finalmente.
Martín ya tiene nuevas metas y sueños. Quiere llegar corriendo al Aconcagua y comenzará a prepararse casi inmediatamente vuelva a su ciudad natal, Tandil.

