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Piñas, boxeos callejeros que no se pueden olvidar

Hubo muchos incidentes que se resolvieron a trompadas, cosa que no debió ocurrir, ni debe suceder, aún en estos días en los que la violencia es una moneda común y corriente.

Tampoco es apología de la barbarie, con que algunos resuelven ciertos pleitos, creyendo ser más hombres por ese proceder.

Lo nuestro es más bien, el relato de algo circunstancial, que ocurrió porque - pateando la calle y escuchando los relatos.

Hubo dos feroces reyertas que, por tratarse de personas conocidas, contaremos como hechos que quedarán para los cuentos de los asados o las mesas de café "futboleando".

Un día pasó por la Avenida 19 de Abril el proverbial goleador de Altos Hornos Zapla, José Artemio Luñiz. En ese tiempo, no existían las playas de estacionamiento. Uno de los mas respetados "barras" de la hinchada de Gimnasia, apodado “El Chileno" -un petizo aguerrido, de ojos claros, y gringo como se lo recuerda- le gritó al jugador del equipo "Merengue" ¡Vamos Gimnasia! equivalente al típico ¡Aguante el Lobo! que cualquier simpatizante albiceleste podría desgañitarse por estos días.

Pero Luñiz, que tenía "pocas pulgas", se bajó del auto en el que se conducía, acusando recibo de la provocación del líder  de la hinchada de Gimnasia, hasta que el desafío se convocó en las playas del Río Chico. Ahí empezó una de las peleas más feroces que se haya visto, entre una figura futbolística de Zapla y un guapo que se dedicaba al transporte de hierros, en ese camión en el que también trasportaba a los muchachos cuando jugaba Gimnasia en cualquier cancha.

Lo cierto es que alrededor de ellos, se reunió prácticamente una multitud para "el mano a mano", entre los púgiles que estallarían a trompazos.

Para ser sintéticos, Luñiz le dio tantos golpes en la cara al "Chileno", que éste se las aguantó como el más avezado boxeador del momento. Sin exagerar, parecían Dempsey y Firpo, el “Mono" Gatica y Prada. Pero Artemio Luñiz - como se dice hoy por hoy - "le llenó la cara de dedos". Sin embargo el capo de la barra de Gimnasia, parecía Rocky, resistiendo, aguantando, hasta riéndose de la circunstancia.

Hasta que, al igual que en la película, "El Chileno" le metió una mano que Luñiz lo sintió como una maza, ya que su nariz pareció explotar, emanando sangre sobre todo su rostro.

Ahí, tácitamente se terminó la pelea, aunque Luñiz quedó de pie, atornillado a la playa del Río Xibi Xibi. El barra afamado de Gimnasia, solo lo miró esperando que reaccionara, sin "rematarlo", como respetando la conmoción de su antagonista.

Dicen que se dieron la mano, que el combate fue feroz pero leal, entre dos hombres de ley. No como ahora en que la traición y la venganza, son como un deporte favorito entre los individuos que no saben de lo que se llama, con todas las letras "CÓDIGOS".

Así se terminó un espectáculo imprevisto, como en aquella tarde en que después de un partido amistoso entre Atlético Ledesma y Central Norte de Salta, fueron protagonista de otra historia Luñiz y el ex defensor de Gimnasia Carlos Luis Pucheta. Pero de eso, hablaremos más adelante, ya que esa pelea entre un Rottweiler y un Pitbull en el quincho del club "azucarero", merece un capítulo especial.

Pero en esa tarde de la playa del Río Chico,el fallo de la pelea dio empate, entre el “Chileno", capo de la barra de Gimnasia y Artemio Luñzs ídolo de Altos Hornos Zapla.

Pero, de cierto, fue una pelea de caballeros, no como ahora, en dónde "pinta" una punta o varios le pueden pegar a uno solo.

Hasta en estos tiempos, de agresivos momentos, uno extraña aquellos virulentos hechos en los que los contendientes terminaban dándose la mano, casi como si fueran amigos... ¡La pucha! Cómo cambió la vida...

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